

Como veo que os ha gustado la planta os pongo dos nuevas fotos para que la disfrutéis (se pueden ver a mayor tamaño). Ninguna de las tres fotos está retocada aunque de la primera de estas dos sí que hice una versión procesada con filtros que he preferido no poner, a pesar de que me gustaba el resultado, para que podáis apreciar los colores reales de la bignonia.
La bignonia de casa
La flor de la bignonia
La laguna negra

En la sierra de los Picos de Urbión en la provincia de Soria se encuentra esta laguna de origen glacial. Bellísimo paraje lleno de encanto y misterio. Allí dispuso Antonio Machado que murieran los Hijos de Alvargonzález…
Llanto por Haidar
Hoy no he dejado de leer noticias en internet sobre la situación de Aminetu Haidar, cada hora que pasa, cada minuto, su salud se deteriora más. Como dije en el post anterior estoy seguro de que ella está dispuesta a llegar hasta el final. Los estados de Marruecos y de España son incapaces de resolver su problema, ya dejé escrito por qué creo que no lo van a hacer. Los estados no lloran a las personas -solo hacen simulacros de que les importamos-, nosotros sí podemos llorar junto a ella y por ella: esto es lo que he hecho yo con la guitarra.
Personas, pueblos, estados
Nace este post como reflexión a raíz de la situación de Aminatou Haidar, mujer saharaui que se encuentra en huelga de hambre enfrentada al estado de Marruecos que la expulsó del Sahara Occidental, la dejó sin pasaporte y la mandó a la isla canaria de Lanzarote, y también enfrentada al estado de España por su connivencia con el de Marruecos. No es una situación fácil, nunca lo es cuando una persona prefiere poner en riesgo su vida antes de ceder a las pretensiones de un estado que lo primero que quiere es que ella se declaré marroquí, no solo para humillarla y que sirva de aviso a navegantes sino para demostrar una vez más que está lejos de cumplir el mandato de la ONU sobre el referéndum de autodeterminación del pueblo saharaui. Haidar no es simplemente una mujer que quiere volver a casa con sus hijos, si fuera así ya habría aceptado alguna de las soluciones que se le han ofrecido, ella es una activista política (y lo digo sin ningún ánimo peyorativo, todo lo contrario) que está dispuesta a poner contra las cuerdas al estado marroquí y su decisión es una decisión estratégica que podemos estar de acuerdo o no de su eficacia pero que ella va a llevar hasta sus últimas consecuencias.
A nivel personal para la mayoría de nosotros es difícil asumir que uno esté dispuesto a dar la vida en pos de un ideal, casi ninguno seríamos capaces de hacerlo. Ya Gandhi demostró lo poderosa que puede ser la voluntad de una persona que hace uso de la huelga de hambre como medio de presión política: produce admiración y un sentimiento generalizado de simpatía por la causa defendida por personas tan altruistas que ponen el derecho y bienestar de su pueblo por encima de su propia vida.
Es lógico que muchos españoles tengamos cierta mala conciencia por la no actuación del estado español cuando Marruecos con su famosa “marcha verde” aprovechando los últimos momentos del franquismo ocupó el Sahara Occidental y dejó al pueblo saharahui sin posibilidad de crear un estado. Los pueblos también nos son cercanos, siento empatía por el pueblo saharahui, por el pueblo palestino, por el tibetano y por otros tantos repartidos por el mundo que no tienen oportunidades de organizarse en un estado independiente. Los pueblos nos son cercanos porque reconocemos a las personas que los integran y reconocemos su cultura (casi siempre milenaria). Pero, ay, cuando un pueblo o un conjunto de ellos se organiza en un estado -y que conste que yo creo que todos los que he nombrado tienen el mismo derecho que nosotros a organizarse como tal- entonces ya no nos relacionaremos igual que ahora con ellos. Las relaciones de las personas y de los pueblos con los estados son cosa muy penosa porque las llamadas razones de estado nunca nos van a convencer. Pueblos como el judío que sufrieron lo indecible y mucho más antes de convertirse en estado de Israel ahora como estado se comportan de una manera difícilmente entendible en alguien que ha pasado por los mismos problemas. Al estado español (no a los ciudadanos sino al estado) se le abren las carnes cuando desde Euskadi o Cataluña se propone cualquier tipo de consulta sobre independencia, las razones de estado son innumerables para negar el derecho que debería tener cada pueblo a decidir cómo quiere organizarse socialmente, y muchos ciudadanos comparten esas razones, de ahí el resquemor o la sospecha que recae malamente sobre los vascos o catalanes, argumentos siempre sobran para hablar mal unos de los otros.
Y creo que todo esto es sencillamente porque el estado no es un tipo de organización social digamos natural, las personas existen como entidades individuales, los pueblos como entidades culturales y los estados son un invento, y cuando el invento se pone a funcionar no distingue a nada ni a nadie, si hay que pasar por encima se pasa. Mucho me temo que con el paso del tiempo si alguno de esos pueblos consigue por fin convertirse en estado (y repito que yo les apoyaría en todo porque creo que tienen derecho a ello) pues con el paso del tiempo terminarían haciendo las mismas cosas que hacen todos, el futuro estado palestino o incluso el tibetano que parece mucho más pacífico a priori terminarían haciendo alianzas entre estados y, haciéndolo de una manera explícita o no, sucumbiendo a las razones que en este momento histórico rigen de una manera inflexible el devenir de los tiempos, la economía en su forma de libre mercado.
Fijaos que no he hablado de gobiernos, poco puede uno esperar de ellos, los gobernantes están al servicio del estado no de las personas. No nos podemos olvidar de ello, entre otras cosas por eso yo nunca tuve demasiadas esperanzas en que Obama fuera a sorprendernos con un cambio tan grande como muchos esperaban (incluso en esto me puse más pesimista que mi admirado Saramago que depositaba en él una gran esperanza): Guantánamo sigue abierto, la cumbre sobre el cambio climático está que ni se sabe si va a ir y qué va a proponer, 30.000 soldados más a Afganistán…
Lo dicho, Aminatou Haimar tiene toda mi admiración y su pueblo todo mi reconocimiento. El papel que juega en esto el estado español y el marroquí no es otro que el que cabría esperar, ni ella ni ninguno de nosotros importa demasiado. Las razones de estado no entienden de personas ni de pueblos.
La guitarra cumple años
La guitarra más querida de cuantas me acompañan cumple años. Treinta nada menos. Y creo que se merece este reconocimiento.
Siete años antes de su construcción mis padres quisieron regalarme una guitarra por las buenas notas del curso ya que sabían que me había quedado maravillado escuchando a un compañero del instituto que tocaba muy bien la guitarra. El nos habló de un constructor de guitarras que, además de hacer sus propios instrumentos, apañaba (me gusta esta palabra tan de mi tierra) guitarras fabricadas en serie y las vendía a un precio razonable. Así conocí el taller de Ramón Marín en el que ya estaba ayudándole su hijo José Luis. En aquel entonces el taller estaba en la calle Cruz Verde pero al poco tiempo su hijo se hizo cargo del negocio y se trasladó a calle Lagunillas. A mí me pillaba muy a trasmano pero siempre me pasaba por el taller para comprar cuerdas y echar un rato de charla con José Luis. Mi afición no paraba de crecer y estaba decidido a que José Luis me hiciera una guitarra. Una guitarra de artesanía siempre ha sido cara, no puede ser de otra forma porque se combinan maderas nobles, muchísimo tiempo de trabajo y las manos de un artesano (aquí le decimos guitarrero, nunca lutier), y yo no pude reunir dinero suficiente para encargar la guitarra hasta el año 1979.
Y llegamos a un acuerdo, sé que él me hizo un precio especial porque se había encariñado de mí. Me decía “el maestro” por más que yo le explicaba que era becario en la universidad y que estaba haciendo la tesis. No importaba, yo seguí siendo el maestro muchos años más.
Seis meses duró la construcción. Las maderas tienen que coger forma, no se puede hacer una guitarra en poco tiempo, y después hay que ir montando las piezas: fondo, laterales, tapa, mástil, trastes, puente… y cuando todo está terminado lijar y lijar y barnizar y volver a lijar y volver a barnizar, así hasta siete veces creo recordar. Esos seis meses del año 1979 visité casi a diario el taller de José Luis Marín (Pepe el guitarrero), vi crecer esta guitarra y conocí a muchísima gente que pasaba por allí. Toqué con algunos de ellos, yo en ese momento no tenía ninguna clase de estudios musicales pero ya componía algunas cosillas y allí en su pequeño taller José Luis me las hacía tocar delante de maestros de la guitarra flamenca como Manolo Cómitre que lo visitaba de vez en cuando.
Las guitarras de Ramón Marín (yo tuve una en casa prestada durante casi un año) sonaban muy flamencas, su hijo aprendió también a construir guitarras para concierto, más clásicas, de palosanto y con la caja de resonancia más ancha, o intermedias como la que yo le encargué, con la caja de palosanto pero la tapa de pino. Tiene unos agudos muy dulces que llaman mucho la atención de los que entienden. Y el mástil es un poco plano como a mí me gusta, no tan de media caña como era lo normal en aquellos tiempos.
Hace ya años que las guitarras de José Luis Marín son cotizadísimas y especialmente los japoneses se las rifan, él mismo me dijo la última vez que lo visité en su taller que en cuanto quisiera podía ganar mucho dinero con la mía. Pues a mí me acompaña la número 133 desde hace treinta años y no veo por delante más futuro que sigamos juntos hasta que pase a acompañar a uno de mis hijos.
Arcos
Antes del rubor
La guitarra y yo (5)
En esta quinta entrega de la serie os traigo un tema en el que hay dos guitarras acústicas, las dos tocadas por mí (esas cosas de la tecnología, jeje), en una composición típica en la que una lleva el ritmo y la otra canta la melodía. Espero que os guste.
La parra se ruboriza

Cuentan que cuando Adán y Eva fueron castigados con la expulsión del paraíso notaron su desnudez por primera vez y por primera vez sintieron vergüenza de ella y cubrieron su sexo con hojas de parra. Pienso que quizá por ello, desde entonces, la parra se ruboriza y enrojece cada otoño antes de que sus hojas caigan del todo y quede ella misma desnuda.
El error no fue comer la fruta del árbol prohibido, el error fue sentir rubor de nuestra propia desnudez.




