Salvador Guirado, perdonen que no les dé la mano

Enero 27, 2008

Tiempo de elecciones

Guardado en: personal, sociedad — salvaguirado @ 6:22 pm

En estos primeros meses del año se me multiplican las elecciones. Acabamos de tener unas a rector de mi universidad (la de Málaga, ahora vendrán otras elecciones a juntas de centro) y en unas cuantas semanas tendremos las generales y, en Andalucia, las autonómicas. Por si fuera poco, los medios nos inundan de información sobre las primarias de Estados Unidos, así que muchos estamos atentos a lo que pueda pasar el “Super Martes”. ¡Qué barbaridad, cuántas decisiones que tomar!

Ya llevamos suficientes años de democracia para sabernos el ritual de todo esto y para aceptar las pequeñas trampas del sistema. Por ejemplo, ahora estamos en pre-campaña, porque la campaña propiamente dicha solo dura lo que estipula la ley electoral y se ve que los partidos políticos no tienen suficiente tiempo para lanzar sus mensajes en esas dos semanas (lo más irrisorio es que hay actos de inauguración de pre-campaña, en fin…).

Hay una cosa clara y es que los distintos partidos buscan el voto de los no afiliados a ningún partido. Si fuera por los afiliados, bastaría comprobar el partido con mayor número de ellos y entregarle el poder, una vez hechas las averiguaciones oportunas por las autoridades judiciales que en esto no hay que fiarse de nadie. Pero no es así, los afiliados a partidos son una minoría y por ello entre el resto de los votantes se dirime la cuestión. De este resto los indecisos son los que pueden inclinar la balanza hacia uno u otro partido.

Es ahí donde se centran las estrategias electorales de los partidos, en convencernos (o no, a veces a algunos les favorece la abstención) de que hay que ir a votar, y en convencernos de que sus promesas electorales son las que más se parecen a lo que nosotros queremos ser, que por si no lo sabemos somos el futuro, somos imparables, somos modernos, somos de calidad, y lo que haga falta. En esto no se diferencian casi nada los partidos de la derecha, del centro o de la izquierda.

Una vez más escucho conversaciones entre amigos que reproducen casi punto por punto lo que decíamos hace unos cuatro años. Que si no pienso votar a éste, que votaré a este otro con tal de que no salga aquél, que ya está bien de tantos años de fulanito, que estoy hasta el gorro de estos impresentables. En fin, cosas que todos sabemos, y en las que todos tenemos razón.

Yo casi prefiero que no me hagan promesas, ni unos ni otros, sino que me hablen de valores y de modelos de sociedad. Pero no estamos acostumbrados a esto. Acabo de leer que el partido de la derecha promete millones de puestos de trabajo, camino del pleno empleo, ¿cómo no estar de acuerdo con esa promesa? Visto así habría que tenerla muy en consideración. Hasta parece que el partido de la derecha es el partido de los trabajadores (y esto no casa con su historia, la propia y la heredada, ni con su ideario). He leído también que el partido de centro-izquierda promete la devolución de 400 euros a no sé cuántos millones de contribuyentes porque hay superávit económico, ¿cómo no estar de acuerdo de nuevo? Aunque estéticamente parezca un pago por el voto (si me votas a mí cobras, si votas al otro no, que él no lo ha prometido) tenemos que pensar bien y presumir que se trata simplemente de una demostración a la ciudadanía de que no hay crisis económica…

También he visto que el partido de la derecha promete deshacer algunas cosas hechas por el actual gobierno, está todo tan mal hecho que hay mucho que cambiar. Lo ha dejado claro en el caso de la asignatura Educación para la ciudadanía, y lo deja entrever en otras cosas como por ejemplo el canon digital (por cierto, a quien le interese estar bien informado sobre el canon digital y sobre el intercambio de archivos en internet le recomiendo que lea estas respuestas de David Bravo). Y que el partido en el gobierno promete darle cobertura legal tanto a las mujeres que se sometan a un aborto contemplado en la ley como a las clínicas donde se practiquen esos abortos. O sea promete que podamos hacer uso de nuestros derechos legales, ¡faltaría más!

Y el partido de la izquierda (sí ya sé que estoy haciendo reduccionismo, pero esto también es un homenaje al genial escritor José Saramago quien en su Ensayo sobre la lucidez habla del partido de la derecha, partido del medio y partido de la izquierda, y todo el mundo lo entiende), el partido de la izquierda, repito, promete una economía sostenible que mejore el uso de la energía, pero lo que de verdad pretende es ser decisivo en el cambio real hacia la izquierda…

Los días que vienen nos seguirán bombardeando con promesas-mensajes electorales. Yo en este tiempo de elecciones me acuerdo de un poema de León Felipe que se titula Yo no sé muchas cosas… y que termina así (no me atrevo a reproducirlo entero por si está sujeto a restricciones de copyright):

Yo sé muy pocas cosas, es verdad.
Pero me he dormido con todos los cuentos…

Y sé todos los cuentos.

Enero 21, 2008

El creacionismo que nos viene

Guardado en: ciencia, sociedad — salvaguirado @ 5:58 pm
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Estos días está siendo noticia una asociación formada principalmente por estadounidenses (me parece que hay un solo español de momento) que pretende dar conferencias en diversas universidades españolas poniendo en entredicho la teoría de la evolución. En algunas de estas universidades se les ha negado la posibilidad de impartir su doctrina en las sedes universitarias que habían solicitado. E incluso en la televisión se ha presentado el tema como parte de un debate entre creacionismo y evolución. En Estados Unidos el creacionismo forma parte además del ideario de alguno de los aspirantes a la Casa Blanca por el partido republicano…

La pregunta es qué debemos hacer ante situaciones como ésta. Porque el asunto tiene su complicación. Es uno de esos partidos que no hay que jugar porque si entras a jugar, pierdes. El solo hecho de reconocer a los que defienden el creacionismo como interlocutores válidos de un debate científico es equivocado. Por eso comprendo a los directores de los centros universitarios que han prohibido este tipo de charlas en sus instalaciones. No se le puede dar carta de naturaleza científica a algo que es una creencia.

Los biólogos no deberíamos tener ningún problema en reconocer el desatino del debate. Y cualquier persona con la suficiente información tampoco. El creacionismo se mueve en el terreno de las creencias, la evolución es una teoría científica. Es como aquello de mezclar las peras y las manzanas que trató de explicar Ana Botella…

Por tanto no hay que entrar a refutar los argumentos del creacionismo. A eso me refería cuando digo que si juegas pierdes. Porque no puede uno convencer con argumentos científicos a alguien que cree en algo en razón de su fe. Lo que debemos hacer es insistir una y otra vez en que el creacionismo nos parece una opción personal de creer en algo o alguien que se ha encargado de que el mundo exista tal y como lo conocemos, pero que como opción personal no se puede imponer a nadie. Lo mismo que respetamos los dogmas de fe de las distintas religiones, podemos respetar las ideas creacionistas que no están muy alejadas de esos dogmas. No veo ningún problema en ello, me da igual que uno crea en un solo dios, o en varios, o en uno y trino, o en la reencarnación. Yo no necesito ningún dios creador, pero respeto las creencias de los demás.

Ahora bien, desde un punto de vista científico la evolución no se puede negar. Es algo científicamente probado y admitido como teoría por todos los científicos. Probablemente una de las teorías más generales que se puedan encontrar en cualquier ámbito de la ciencia. Y como todo lo que forma parte del conocimiento científico se puede analizar. Y es posible que muchos científicos actuales no estén de acuerdo al ciento por ciento con las ideas de Darwin para explicar la evolución. Así se hace casi siempre la ciencia, se avanza discutiendo las hipótesis y teorías existentes a la luz de los nuevos conocimientos. Darwin no podía saber muchas cosas que ahora conocemos. Evidente. Ahora se pueden explicar mejor los mecanismos por los que se producen los cambios en el material genético: perfecto, se revisa la teoría y sirve para avanzar. Algunos ponemos en tela de juicio que la selección natural sea el motor de la selección. Esto es más difícil de explicar, la selección natural puede dar cuenta de los cambios graduales que se observan en la naturaleza y que eventualmente dan origen a nuevas especies (o sea, lo que dijo Darwin), pero además hay una serie de cambios mucho más drásticos, por lo tanto no graduales, y que pueden ocurrir a nivel del desarrollo embrionario por lo que difícilmente puede ser la selección natural el motor de esos cambios, ya que se dan en algo que no está expuesto a ella.

Todo esto es algo más complicado, pero lo que quiero decir es que desde el punto de vista científico uno puede criticar el cómo se piensa que se produce la evolución, si determinados supuestos o ciertas corrientes de pensamiento (el evo-devo, por ejemplo) explican mejor los cambios que vemos en los seres vivos, pero lo que no se puede es dudar de la evolución. No es un debate científico, y por tanto lo mejor que hacemos es no entrar en el juego.

Si los creacionistas quieren difundir sus ideas, que lo hagan, lo mismo me da que sean cristianos, musulmanes o budistas, estamos en el terreno de la fe. Si lo que intentan es equiparar creencias con conocimiento científico, ahí tenemos que ser firmes y decir claramente, no gracias. Y a otra cosa.

Enero 19, 2008

Elogio del bicho raro

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Los biólogos estamos acostumbrados a clasificar. Clasificamos animales, vegetales, bacterias, células, virus… Y para ello usamos distintas características de las cosas que clasificamos para determinar si entran o no dentro de una categoría predefinida por nosotros. En la especie humana pueden encontrarse varias subcategorías, pero hay una de ellas que no ha sido, a mi modo de ver, suficientemente valorada: el bicho raro.

Eres un bicho raro si cuestionas lo que otros dan por aceptado. Por ejemplo, la monarquía. Hace poco escuché a Gregorio Peces-Barba hacer una buena defensa de la monarquía parlamentaria. Sus argumentos parecían sólidos y dignos de tener en consideración. Por un momento me hicieron dudar: ¿será que yo no he entendido las ventajas de la monarquía? Pero nadie me va a convencer de que por muy útil que sea y lo muy unificador que en estos momentos sea la figura del rey, un sistema que identifique a los miembros de una familia como los sucesores en la jefatura del estado sin preguntar al ciudadano si le parece bien en cada caso, sea un sistema que me parezca justo. Yo no lo comparto. Como persona nadie es menos que yo y nadie es más que yo.

Eres un bicho raro si no estás de acuerdo con la opinión de la mayoría. Por ejemplo, si no compartes la opinión de los que dicen que el discurso de que hay que redistribuir la riqueza está obsoleto. Veo con un poco de desilusión que dirigentes de Izquierda Unida hablan de economía sostenible y de unos cuantos tópicos modernos para intentar atraer votos de jóvenes con cierta conciencia de que hay que mejorar el mundo. No soy experto en mensajes electorales ni pretendo dar lecciones a nadie, pero me parece mucho más directo decir una y otra vez que unos pocos lo tienen casi todo y todos los demás casi nada. Que las multinacionales son las que siempre ganan (y las españolas también). Que son los especuladores los que han conseguido que el litro de leche suba más de un treinta por ciento en un año. Y así con todo. Sencillamente no es aceptable. Y hay que cambiarlo. Mientras que los partidos políticos de izquierda (y no me refiero a los socialdemócratas, que no espero de ellos que sean los propulsores del cambio) no consigan presentar alternativas a aquellas lucha de clases y revoluciones proletarias que quedaron relegadas a la historia del siglo veinte, no podremos soñar con un mundo mejor. Seremos minoritarios, sí, pero las verdades son las que son.

Eres un bicho raro si no compartes los gustos de la mayoría. Por ejemplo, si te gusta más Aretha Franklin que Rosa, o Frank Sinatra que Bisbal o Alejandro Sanz. Eres un bicho raro si te fastidia que hoy día todos se digan artistas. De un escritor se dice que es un escritor, y lo mismo de un pintor y de un músico. Pero, ay, cualquier cantante de canciones de otro se llama a sí mismo artista. Y quiere tener éxito (o sea ganar dinero) y que se le reconozca. Porque no apreciarlos o reconocerlos o cuidarlos (por ejemplo haciendo copias privadas de sus canciones) es poner en peligro la cultura. Soy de la opinión de Bertolt Brecht quien creo que dijo en su momento que “toda cultura es una forma de opresión“. La cultura es opresora cuando impone sus cánones (y no me refiero al famoso canon digital, je, je), porque es entonces cuando hace muy difícil que creadores con talento naden contra corriente y manifiesten su singularidad. Pero, por favor, no confundamos cultura con industria, sea discográfica o cinematográfica, que son las que más dinero ganan con eso que nos quieren vender como acceso a la cultura.

Eres un bicho raro si esperas que los demás te traten como tú los tratas a ellos. O si esperas que te valoren por lo que eres. O si esperas que las relaciones humanas no estén llenas de mezquindad.

Si compartes algunas de estas características (no hay que compartirlas todas y por supuesto hay bastantes más, pero las dejaremos para otro día), entonces eres un bicho raro. No eres el patito feo, y puede que otros tampoco vean en ti al cisne del cuento, pero para mí mereces la pena.

 

Enero 2, 2008

Las navidades de un ateo

Guardado en: personal — salvaguirado @ 6:45 pm

Están pasando estas fiestas de una manera normal. Y cuando digo normal me refiero a que ocurre todo lo que se espera, comidas, reuniones familiares, compras, más comidas, y cosas así. Para muchos las navidades son un engorro, unas fiestas a las que no encuentran sentido alguno, o unas fechas llenas de nostalgia cuando no de pena por la falta de algún ser querido que precisamente en estas fechas se añora más. Para los que nos declaramos ateos la navidad carece lógicamente de sentido, y no es más que una parte del año en que disfrutamos de vacaciones, o sea algo muy parecido a lo que siente la mayoría de la gente, porque, no nos engañemos, hoy día es una minoría la que verdaderamente vive el sentido cristiano de la navidad. Yo no tengo nada en contra de estas personas, fui educado conforme a los principios de la religión católica y nada de su liturgia me es ajeno. Pero cada vez me siento más alejado de la jerarquía que preside y dirige las conciencias y el actuar de los católicos. Los ateos procuramos no molestar, no creemos y punto, no tenemos necesidad de hacer acólitos. Tampoco vamos haciendo bandera de nuestra no creencia, así que hasta que no me preguntan directamente no digo que lo soy. No es un tema del que sienta necesidad de hablar ni del que tenga que dar muchas explicaciones, entra dentro de mi intimidad y deseo que se me respete como yo lo hago con los demás.

Sin embargo, estos días un par de actuaciones de la jerarquia eclesiástica católica me han sentado mal. Una de ellas es muy repetida y forma parte esencial de esa liturgia tan especial de los católicos que les acarrea no pocas críticas. Me refiero a varias de las celebraciones en el vaticano con toda la pompa y boato a las que nos tienen acostumbrados. ¿Y ése se supone que es el representante de su dios en la tierra? ¿Tanto oro, joyas, vestidos y parafernalia hacen falta para predicar su mensaje, que por otra parte suele ir dirigido a los más necesitados? Bueno, es un fenómeno antiguo y estudiado que los signos de poder (y los del vaticano lo son) enaltecen a las masas, pero no deja de sorprenderme que siga usándose por quien se dice seguidor de las enseñanzas del hijo de un carpintero. No puedo justificarlo de ninguna manera, y me siento culpable por participar de unas fiestas que contribuyen (cada vez menos es la verdad) a que se mantenga el statu quo de la jerarquia católica.

La segunda de las actuaciones es la de los obispos y cardenales españoles congregando a sus fieles seguidores a una concentración con claras connotaciones políticas en contra del gobierno socialista. En defensa de la familia dicen. En contra de la ley del aborto y de los matrimonios homosexuales, y de cualquier forma de unión no bendecida por la iglesia (que por lo visto es única). Bien, aparentemente nada que objetar ya que decimos que en democracia se pueden defender ideas distintas (que no todas, no señor) siempre que sea mediante procesos democráticos. Vale, una manifestación más entonces. Pero no es así, los dirigentes católicos quieren poder y quieren presionar ahora que vienen elecciones ya que piensan que eso es bueno para sus intereses. Pero no deja de ser de lo más vil, hipócrita y contrario a todo lo que predican señalar lo que ellos creen que es malo en unos casos y mirar para otro lado en muchos otros. ¿O no era la misma ley despenalizadora de algunos supuestos de aborto la que existía cuando gobernaba el PP? O cuando hace falta mirar para otro lado para que una divorciada se vuelva a casar por la iglesia, si la divorciada va a pertenecer a la familia real. O cuando se anuncia que la hermana de ésta va a tener un hijo y se dice que tiene pareja que no marido, o sea un hijo fuera del matrimonio, algo que quiebra al parecer de los obispos y cardenales católicos la esencia de la familia. Que quede claro que a mí me parece normal que cada uno tenga los hijos que quiera con quien quiera, y que las personas se divorcien o no, y que se casen o vivan en pareja personas del mismo sexo. Pero si tan grave les parecen todas estas cosas a los dirigentes católicos (los llamo así ya que se comportan como los políticos), por qué no las denuncian en todas las ocasiones. Miramos para otro lado…

Total, que una vez más se mezcla en estas fechas la fiesta con la religión, pero como casi siempre en mi gusto queda un sabor agridulce entre el consumismo, lo más naif del catolicismo, y el ansiado descanso (deseado desde que terminan las vacaciones de verano) que nunca llega a saborearse del todo.

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