Salvador Guirado, perdonen que no les dé la mano

Febrero 25, 2008

Tiempo de confusión para un rojo

Guardado en: personal, sociedad — salvaguirado @ 6:57 pm

Llevo unos días alejado del blog porque ciertamente estoy confuso. Llega el momento de elegir y no me decido a querer participar siquiera. Por más que pienso en ello no veo claro qué opción voy a elegir. Sé lo que no quiero -que es casi todo lo que me ofrecen-, pero como ocurre cada vez que hay elecciones, me planteo un dilema que parece que solo nos pasa a los que somos de izquierdas, aquello del voto útil, o inútil. Por supuesto que lo que interesa a los partidos minoritarios de izquierda es que no caigamos demasiados en la tentación de dar un sentido utilitario al voto, o sea, votar al partido que creamos que puede hacer un cambio real en la política, en el sentido de progreso hacia una sociedad más libre, igual y justa, aunque esos cambios se queden cortos o no vayan produciéndose a la velocidad que quisiéramos. Frente a este voto posibilista, está la opción de votar a las opciones minoritarias para que tengan la suficiente fuerza representativa con la que contrarrestar los pasos dubitativos de la izquierda más moderada. Esto último es por lo que en definitiva parece apostar Izquierda Unida, con su campaña centrada en conseguir más izquierda. Se nos ofrecen para que los socialistas no tengan que pactar con los nacionalistas sino con ellos. Siempre el mismo dilema para las minorías, no aspiran a gobernar pero sí a ser necesarios. Mi problema es que nunca llego a ver claro el mensaje de Izquierda Unida. No entiendo gran parte de sus actuaciones durante la legislatura, y eso me pesa al valorar su programa electoral. Si no tuvieran esa historia reciente un poco turbulenta entre los intereses del partido comunista y los otros integrantes de la coalición -y si yo no tuviera buena memoria y no me acordara de aquello que se llamó “la pinza” y de lo que en Andalucía conocimos como “el sorpasso”-, quizás mi elección estaría cantada. Pero no es así. La izquierda (yo a la socialdemocracia no estoy por llamarla izquierda) sigue teniendo sus profundas contradicciones que no han sido resueltas desde la pérdida de identidad de los partidos comunistas al desintegrarse la Unión Soviética. Y muchos nos hemos quedado huérfanos de programas de progreso. Y de un partido capaz de aglutinar verdaderas ilusiones por un cambio profundo en las reglas del juego. Por supuesto que esta es solo mi opinión -no debería hacer falta que lo explique- pero desde hace varias elecciones no encuentro nada que merezca la pena.

Y no estoy hablando de los políticos, que en eso está bastante extendida la idea de su baja calidad. Solo hay que ver los índices de valoración que tienen. Pero a ellos les da igual. Son profesionales. Si al menos hubiera alguien verdaderamente gracioso haciendo campaña. Eso sería un valor añadido. Siempre me acuerdo de Julio Anguita como ejemplo de político que defendía a muerte su programa, programa, programa. Pero muy gracioso la verdad es que no era. Lo era mucho más su guiñol, como en todos los demás casos. Fantásticos los guiñoles, y el que tenga la oportunidad de escucharlos en la Ser los viernes por la mañana a eso de las nueve y media que lo haga, que son geniales. ¿Ves?, a esos sí que dan ganas de votarlos. Y no es broma, el análisis que hacen de la situación política y de los políticos es buenísimo. Y hay dos humoristas gráficos que también lo bordan, dos maestros: Forges y El Roto. Se puede ser rojo y gracioso, acuérdense de Gila. Pero si a ser rojo puede uno aprender (a base de hostias, claro), a ser gracioso me parece que no.Y cada vez que veo a Llamazares intentando una nueva ocurrencia, se me quitan las ganas de todo.

Hasta Fidel Castro es más gracioso que todos los que tenemos por aquí (¿se acuerdan de Paco Frutos?), va y se retira (Fidel en este caso), los de USA dicen que ahora ya podrá haber cambios en Cuba, y él escribe que le parece bien que haya cambios, pero que los hagan en Estados Unidos. Esta es una de las contradicciones mayores que padecen (padecemos) muchos rojos: el reconocimiento más o menos explícito de que Cuba es una dictadura injustificable en el mundo actual, y la admiración por la figura de Fidel. Y tiene que aparecer justo en campaña electoral. Más confusión para los rojos. Menos mal que le han dado el Oscar a Javier Bardem que tiene al menos pinta de rojo. ¿Será suficiente para movilizar a los rojos confusos?

Febrero 17, 2008

Una de cine

Guardado en: personal, sociedad — salvaguirado @ 6:05 pm

Anoche vi la película El diario de Noa. Es una película del año 2004 y aunque me gusta bastante el cine, en su momento no la había visto. Lo primero que me llamó la atención fue que con ese nombre me esperaba que el diario fuera de una mujer, y no, el protagonista es un hombre. Se llama Noah, y se podría haber traducido por Noé, o no traducirlo que me parece más correcto, pero cambiarlo a Noa me suena a componenda fácil de la distribuidora española. Por cierto su título original es The Notebook, algo así como El cuaderno, o sea que tampoco es un diario. Me pongo tan quisquilloso con esto del título porque la película me gustó mucho. Tiene todos los elementos necesarios para poder considerarse una muy buena película, dirección, actores, música, ambientación… Y se puede catalogar como una “peli de amores” (en este punto los machos, machos que eventualmente estén leyendo este apunte deberían saltar la lectura hasta el párrafo marcado con un asterisco para que su hombría no quedara en entredicho). Sí, una peli de amores y de las buenas, de esas que te hacen saltar la lagrimita en varias ocasiones. A mí casi me pasa -lo siento, ayer no pasó- pero sí que tuve un nudo en la garganta en un par de escenas.

No voy a contar aquí con detalle lo que pasa en la película porque creo que merece la pena verla. Primeros amores, diferencia de clase social entre los enamorados, entorno familiar que hace imposible la relación, casi pérdida de la chica porque se va a casar con otro, reencuentro con final incierto, y final de verdadero amor… Vaya, me parece que sí que lo he contado todo. No era mi intención. Que hay que verla. Los actores están muy bien, aunque yo le pondría un pequeño pero a la interpretación del joven Noah (Ryan Gosling). No sé, no me acaba de convencer su expresión. Se supone que debe sentir dolor por la pérdida de la muchacha que ama (también por la pérdida de su mejor amigo) y después un vacío en su vida, ya que pierde chica, amigo y padre. Eso es mucho perder, y no se le nota. La inanidad de su expresión no es la adecuada, porque entre otras cosas hace que carezca de sentido toda la escena de guerra en la que muere su amigo: no se entiende qué clase de huella deja esa experiencia en su persona. Todos los demás actores están más que bien, y los protagonistas mayores sobresalientes.

* (A partir de aquí se pueden incorporar al apunte los machos, machos; ya no va de amores) Pero la peli tiene un ingrediente adicional que es el que me interesó especialmente: la enfermedad de Alzheimer. No es una enfermedad común. De entrada no tiene cura, y es degenerativa, lo que hace que en sus etapas finales el enfermo pierda mucha calidad de vida. En esta enfermedad se pierde primero la memoria, el reconocimiento del entorno y poco a poco el control sobre el propio cuerpo. No hay enfermedades incurables más desagradables que otras, todas terminan mal, pero esta es una de las que causa más dolor a las familias de los enfermos. Es bien conocida en nuestra sociedad, y se supone que junto con otras enfermedades neurodegenerativas será el gran problema al que se tenga que enfrentar la sociedad actual, ya que está asociada (en su forma más común) con el incremento de la edad media de la población: a más viejos que seamos, mayor la probabilidad de la enfermedad. Da la casualidad de que hace un par de días asistí a la defensa de una tesis doctoral relacionada con el Alzheimer. Desde la neurobiología se están haciendo muchos esfuerzos en el estudio de las enfermedades neurodegenerativas en general y de ésta en particular. No nos engañemos, el elevado coste social y el previsible enorme beneficio de quien pueda ofrecer siquiera un buen medicamento paliativo están detrás de muchas de estas investigaciones. Pero eso es algo normal en la ciencia actual, ni es ilógico ni lo encuentro rechazable. Hace ya muchos años yo mismo con la ayuda de unos cuantos estudiantes intenté reproducir en el laboratorio un modelo animal para el estudio de la enfermedad, sobre la hipótesis que en aquellos años se barajaba de que niveles altos de aluminio que pasaban al cerebro podían ser los responsables de los síntomas degenerativos.

En la edad media la peste diezmaba la población (se nota que acabo de leer Un mundo sin fin de Ken Follet) y aún en el siglo XX el virus de la gripe producía pandemias que acababan con millones de personas, pero estas enfermedades por muy mortales que fueran tienen causa conocida y por tanto posible tratamiento. El problema del Alzheimer es que no sabemos qué es lo que lo produce (se sabe que mutaciones de genes que codifican ciertas proteínas están detrás de los depósitos proteicos extracelulares que se ven en diversas regiones del cerebro, pero poco más). Y, sobretodo, aunque parezca mentira sabemos muy poco todavía acerca de cómo se puede curar un cerebro en degeneración.

Como la película que promovió este apunte era de amores ojalá encontremos pronto un final feliz para la película de nuestras vidas de sociedades modernas industrializadas en las que enfermedades como el Alzheimer se convierten en cotidianas. Si viviéramos en África o en la India otros serían nuestros problemas, pero estoy seguro de que el amor verdadero también vive allí.

Febrero 10, 2008

Costumbres españolas

Guardado en: personal, sociedad — salvaguirado @ 7:40 pm

Si no he entendido mal la propuesta del Partido Popular, se trata de que antes de dar la ciudadanía española a cualquier emigrante, entre otras condiciones que se le exige, éste tendría que firmar un contrato que le comprometería a respetar las costumbres españolas. Esa sería una muestra de que se han integrado perfectamente en nuestra sociedad ya que respetarían nuestras costumbres. Además se explicita en esa propuesta la necesidad de que los inmigrantes aprendan la lengua, pero esto es de perogrullo, como lo es el exigirles que cumplan las leyes -pues claro hombre, faltaría más-.

Es tal el embrollo en el que se han metido que ahora no saben explicar cuáles serían esas costumbres españolas que hay que guardar. He visto preguntar en varios sitios en la web si esas costumbres podrían ser cosas como por ejemplo dormir la siesta, ir a los toros o bailar flamenco. Los tópicos españoles. La verdad es que para ser justos se debería de pedir a los inmigrantes el respeto a las costumbres según la comunidad autonómica en que se quisieran asentar, así a los que quisieran vivir la ciudadanía española en la comunidad catalana se les podría exigir que aprendieran a hacer torres humanas (castellets, para entendernos), a los que lo quisieran hacer en el levante que demostraran nociones de pirotecnia, o a los que se quisieran establecer en el sur que desarrollaran un gusto especial para adornar carretas con las que recorrer múltiples romerías, por poner solo unos cuantos ejemplos. Un sinsentido, vamos, una cutrez. Ni siquiera a todos los españoles nos parece razonable -ni en ocasiones respetable- muchas de las costumbres propias. Y lo que era admitido como esencia española hace unas pocas décadas, ahora es cuestionado por una gran parte de la población, léase el caso de las corridas de toros.

Así que no sé qué costumbres representan lo español. Ni siquiera sé qué valores culturales representan cabalmente lo español. Y es que es difícil de interpretar un sentimiento: sentirse español. Yo no me avergüenzo de ser español, ni voy tampoco haciendo gala de ello. Lo soy y ya está. Es un accidente en mi vida porque yo no elegí la nacionalidad, nací aquí y punto, no tiene más mérito. He sido criado aquí y he mamado -a veces muy a mi pesar- los valores de la sociedad en la que he crecido. Sin embargo, hay personas -muchas personas ese es parte del problema- que emigran y lo seguirán haciendo desde distintas partes del mundo hacia España. En la historia de la humanidad los movimientos migratorios han sido una constante, como lo han sido sus causas: hambrunas, guerras, epidemias, pobreza. Y en la historia de España, también lo han sido, mayormente desde zonas de la periferia. Así que vamos a seguir teniendo inmigrantes porque las circunstancias que están originando este movimiento no van a desaparecer en un futuro próximo. Reconozcámosles el mérito de que los que quieren la ciudadanía española lo hacen como una opción. Siguiendo el discurso de los dirigentes del partido popular, ellos no vienen aquí por la situación geográfica estratégica de España, sino por las facilidades que encuentran aquí y no en otros estados de la Unión Europea por ejemplo. Por tanto es una opción. Lo mismo que muchos, muchísimos españoles emigraron a mitad del siglo pasado hacia Alemania y no a Polonia o Dinamarca.

Entonces qué. Jugamos como siempre con el miedo a lo desconocido en esta precampaña electoral. Miedo ahora a perder nuestra identidad como españoles si nos dejamos mezclar con tanta gente distinta. Como si nuestra cultura no fuera el fruto de la mezcla de culturas que se han ido dando a lo largo de la historia en este espacio físico que se llama España -e igual podríamos decir de cualquier otro estado-. Como si la cultura, el lenguaje, las costumbres y hasta el aspecto físico no evolucionaran. Esto es irremediable -y sé que en el fondo a todos los nacionalismos les pasa lo mismo, tienen miedo de lo distinto, por si contamina, por eso veo a todos los nacionalismos tan cutres-.

En el apunte anterior hablaba de vivir con dignidad, y una condición para ello es vivir sin miedo. Sin miedo a lo diferente, y sin miedo a perder las esencias. Ese discurso que siempre viene de la derecha política, las esencias, y ellos sus guardianes, acompañados fielmente por la iglesia católica, así son las costumbres españolas…

Febrero 3, 2008

Vivir-morir con dignidad

Guardado en: personal, sociedad — salvaguirado @ 8:26 pm

Hoy he leído en el periódico El País un artículo titulado Una muerte digna que me ha emocionado profundamente. Recomiendo su lectura porque se trata de un testimonio valiosísimo sobre lo que pasa en el seno de una familia cuando se tiene que enfrentar a lo inevitable de la muerte de un ser querido. El autor del artículo, Jorge M. Reverte, lo dedica al doctor Luis Montes y a sus compañeros del hospital de Leganés que han soportado durante mucho tiempo la infamia orquestada en su contra por unas supuestas sedaciones irregulares de las que han quedado totalmente exonerados por la justicia.

Me parece muy valiente por parte de la familia Reverte contar en estos momentos cómo transcurrieron los últimos meses de la vida de Josefina Reverte. Aunque haya pasado tiempo el dolor por la pérdida de alguien querido no desaparece, se mitiga pero nunca llega a desaparecer del todo, cambia su forma, pasa de la desesperación a la melancolía que es una forma de dolor más llevadero, casi cotidiano. En esa transformación del dolor insoportable hacia el dolor melancólico nos ayuda mucho recordar los últimos momentos de esa vida como algo que podamos definir como una muerte digna. Hoy por hoy, todavía solo unos pocos privilegiados tienen la oportunidad de esa muerte digna -me refiero a la humanidad en su conjunto, no solo al caso español-. Pero aquí incluso hay sectores con poder (poder político, poder mediático, poder religioso, y todas sus mezclas y variaciones) que niegan el derecho a morir dignamente, o por lo menos ponen todas las trabas que pueden. Por ejemplo, confundiendo términos: a menudo se pretende meter en el mismo saco la eutanasia, sea activa o pasiva, con la atención y la ayuda a los enfermos terminales cuando el médico ya sabe que van a morir, que el proceso es irreversible y rápido, para que esa muerte sea lo más digna posible.

Yo siempre prefiero pensar que lo que hay que hacer es vivir con dignidad, vivir toda la vida con dignidad, y se vive toda la vida hasta el momento de la muerte, aquí no hay graduaciones, hasta que no mueres estás vivo. Y yo quiero vivir con dignidad hasta ese momento, no quiero que nadie en función de sus creencias religiosas o de sus ideas políticas o de sus intereses partidistas determine el grado de dolor que tengo que soportar y hacer soportar a los mios en el momento de la muerte. Y quiero que profesionales de la sanidad -como el doctor Montes y sus compañeros pero también he conocido a otros que trabajan en cuidados paliativos con la misma dedicación- me ayuden en ese momento. Ellos viven con dignidad, los que no viven con dignidad son los que utilizan la infamia contra cualquiera que no comulgue con sus ideas, los que usan la doble moral para medir -públicamente repudian cualquier acción que se aparte de su moral pero en lo privado siempre buscan lo que todos queremos-. Viven indignamente los que con su hipocresía disfrazada de amor supremo a la vida, se valen de nuestros miedos, fundamentalmente nuestro miedo irracional hacia la muerte, para intentar controlar nuestras vidas. Viven indignamente los que obstaculizan cada paso que da la sociedad hacia la conquista de derechos que son fundamentales para que podamos reconocernos como personas.

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