La universidad y el biólogo
Después de varios meses de blog en los que me he ido presentando, ha llegado la hora de escribir algo sobre mi profesión y sobre el futuro que espero de ella. Lo de la presentación personal hacía falta, uno es persona antes que cualquier cosa y cada uno opina desde su perspectiva, y esta perspectiva -subjetividad- está formada o deformada por múltiples aspectos que han ido haciendo de nosotros lo que somos. Nada es neutro en la vida y mucho menos nuestras opiniones, así que antes de hablar de cosas importantes es mejor dar unas cuantas ideas sobre nuestros puntos de vista generales, nuestra personalidad, nuestras creencias, o nuestras referencias. Siempre es bueno que en una discusión el otro tenga ocasión de ponerse en nuestro lugar y nosotros de ponernos en lugar del otro, pero para eso hay que saber cuál es el lugar de nuestro interlocutor. Cuando estamos hablando cara a cara muchas veces no es necesario esta presentación porque hay una cosa que es la empatía, que nos hace saber inmediatamente si vamos a ser capaces de dialogar o no con el otro; pero esto es internet, aquí no nos vemos, no hay feromonas -no sólo sirven para la atracción sexual, tienen muchas más funciones- ni muchas posibilidades de intuir al otro, por lo que aún me parece más necesario establecer nuestro origen de coordenadas mental. Eso es lo que he intentado hacer en gran parte de mis anteriores apuntes en este blog y espero haberlo conseguido en alguna medida.
Durante muchos años cuando alguien me preguntaba qué era yo -qué profesión tenía se entiende, nadie hace esa pregunta buscando otro tipo de respuesta más filosófica- siempre respondía soy biólogo. Nada más. Me parecía suficiente, aunque en seguida venía la contrarréplica: o sea, que das clases. Y yo entonces explicaba que sí, que era profesor universitario que en definitiva era lo que siempre había querido ser porque se podían compaginar bastante bien dos aspectos tan enriquecedores como son la docencia y la investigación. Más tarde, cuando las reformas legales en la universidad nos dividieron en áreas de conocimiento y un poco en castas (los bioquímicos la más selecta de todas porque ellos lo han querido así
pero no son los únicos ni mucho menos, todos pecamos del mismo problema), ya empecé a llamarme biólogo celular -el área de conocimiento en la que soy catedrático-, y más recientemente neurobiólogo, que es a lo que dedico mis investigaciones.
Casi treinta años de experiencia docente (se cumplirán en octubre de este año) han debido de servir para que tenga una idea más o menos general sobre la universidad y sobre cómo ha ido evolucionando (parece adecuado el término) la profesión de biólogo -esto más que una afirmación es la expresión de un deseo-. Puede que la profesión de biólogo haya cambiado pero no así la percepción que en demasiadas ocasiones tiene gran parte de la sociedad. No hace más de un par de semanas estaba hablando con un hombre de más o menos mi edad que al enterarse de que yo era profesor universitario me contó que su hijo tenía pensado estudiar biología y que él le había dicho que se lo pensara pues para lo que le podía servir era para ¡dar clases! La percepción sigue siendo la misma.
Por supuesto un biólogo puede hacer muchas más cosas, incluso somos de las pocas profesiones que tienen sus competencias reguladas por ley, algo que nunca llegamos a explicar en condiciones a nuestros alumnos, y hoy día tenemos muchas más posibilidades de desarrollar nuestra profesión que hace unas décadas, incluso tenemos nuevos competidores (léase licenciados en ciencias ambientales o en algunas ingenierías) lo que en principio no está mal, dado que presupone que hay algo por lo que competir, no sólo dar clases. Supongo que iré hablando de estos temas según vaya viendo el interés que suscitan entre los lectores del blog…
Pero hay algunas preguntas que también merecerían detenerse ante ellas para pensar un poco. Una de ellas es si desde la universidad estamos preparando adecuadamente a los futuros biólogos para ejercer su profesión. Habrá diversidad de opiniones y no me importaría compartir mis reflexiones con las de mis alumnos que casi todos llevan ya algunos años en la universidad (lo digo porque imparto una asignatura de los últimos cursos, no seáis mal pensados). Aun hay otra pregunta que me parece más importante, en todo caso a la que los docentes deberíamos responder primero de todas: qué es lo que queremos que sea la universidad. Porque de esta respuesta general deben de surgir después las respuestas más particulares para la profesión de biólogo o la de cualquier otra titulación que se imparta en la Universidad. Propongo dos opciones aunque hay varias más, o queremos que se convierta en una formación profesional de tercer nivel (FPIII), o queremos que se convierta no solo en formar profesionales sino en generadora de conocimiento. Queremos transmitir o queremos generar, o una mezcla de las dos cosas. Yo no me siento muy por la labor de la transmisión, no quiero que mis alumnos aprendan lo que yo les transmito (habrá que matizarlo esto en futuros artículos) sino que aprendan a que con esfuerzo y preparación se puede generar nuevo conocimiento, es decir, dar herramientas intelectuales más que destrezas y habilidades tal y como nos quieren casi imponer (por decirlo suavemente) con las nuevas ideas sobre las enseñanzas universitarias. Y ahora que me fusilen los pedagogos…