Salvador Guirado, perdonen que no les dé la mano

Marzo 31, 2008

La universidad y el biólogo

Guardado en: personal, sociedad, universidad — salvaguirado @ 2:38 pm

Después de varios meses de blog en los que me he ido presentando, ha llegado la hora de escribir algo sobre mi profesión y sobre el futuro que espero de ella. Lo de la presentación personal hacía falta, uno es persona antes que cualquier cosa y cada uno opina desde su perspectiva, y esta perspectiva -subjetividad- está formada o deformada por múltiples aspectos que han ido haciendo de nosotros lo que somos. Nada es neutro en la vida y mucho menos nuestras opiniones, así que antes de hablar de cosas importantes es mejor dar unas cuantas ideas sobre nuestros puntos de vista generales, nuestra personalidad, nuestras creencias, o nuestras referencias. Siempre es bueno que en una discusión el otro tenga ocasión de ponerse en nuestro lugar y nosotros de ponernos en lugar del otro, pero para eso hay que saber cuál es el lugar de nuestro interlocutor. Cuando estamos hablando cara a cara muchas veces no es necesario esta presentación porque hay una cosa que es la empatía, que nos hace saber inmediatamente si vamos a ser capaces de dialogar o no con el otro; pero esto es internet, aquí no nos vemos, no hay feromonas -no sólo sirven para la atracción sexual, tienen muchas más funciones- ni muchas posibilidades de intuir al otro, por lo que aún me parece más necesario establecer nuestro origen de coordenadas mental. Eso es lo que he intentado hacer en gran parte de mis anteriores apuntes en este blog y espero haberlo conseguido en alguna medida.

Durante muchos años cuando alguien me preguntaba qué era yo -qué profesión tenía se entiende, nadie hace esa pregunta buscando otro tipo de respuesta más filosófica- siempre respondía soy biólogo. Nada más. Me parecía suficiente, aunque en seguida venía la contrarréplica: o sea, que das clases. Y yo entonces explicaba que sí, que era profesor universitario que en definitiva era lo que siempre había querido ser porque se podían compaginar bastante bien dos aspectos tan enriquecedores como son la docencia y la investigación. Más tarde, cuando las reformas legales en la universidad nos dividieron en áreas de conocimiento y un poco en castas (los bioquímicos la más selecta de todas porque ellos lo han querido así :-) pero no son los únicos ni mucho menos, todos pecamos del mismo problema), ya empecé a llamarme biólogo celular -el área de conocimiento en la que soy catedrático-, y más recientemente neurobiólogo, que es a lo que dedico mis investigaciones.

Casi treinta años de experiencia docente (se cumplirán en octubre de este año) han debido de servir para que tenga una idea más o menos general sobre la universidad y sobre cómo ha ido evolucionando (parece adecuado el término) la profesión de biólogo -esto más que una afirmación es la expresión de un deseo-. Puede que la profesión de biólogo haya cambiado pero no así la percepción que en demasiadas ocasiones tiene gran parte de la sociedad. No hace más de un par de semanas estaba hablando con un hombre de más o menos mi edad que al enterarse de que yo era profesor universitario me contó que su hijo tenía pensado estudiar biología y que él le había dicho que se lo pensara pues para lo que le podía servir era para ¡dar clases! La percepción sigue siendo la misma.

Por supuesto un biólogo puede hacer muchas más cosas, incluso somos de las pocas profesiones que tienen sus competencias reguladas por ley, algo que nunca llegamos a explicar en condiciones a nuestros alumnos, y hoy día tenemos muchas más posibilidades de desarrollar nuestra profesión que hace unas décadas, incluso tenemos nuevos competidores (léase licenciados en ciencias ambientales o en algunas ingenierías) lo que en principio no está mal, dado que presupone que hay algo por lo que competir, no sólo dar clases. Supongo que iré hablando de estos temas según vaya viendo el interés que suscitan entre los lectores del blog…

Pero hay algunas preguntas que también merecerían detenerse ante ellas para pensar un poco. Una de ellas es si desde la universidad estamos preparando adecuadamente a los futuros biólogos para ejercer su profesión. Habrá diversidad de opiniones y no me importaría compartir mis reflexiones con las de mis alumnos que casi todos llevan ya algunos años en la universidad (lo digo porque imparto una asignatura de los últimos cursos, no seáis mal pensados). Aun hay otra pregunta que me parece más importante, en todo caso a la que los docentes deberíamos responder primero de todas: qué es lo que queremos que sea la universidad. Porque de esta respuesta general deben de surgir después las respuestas más particulares para la profesión de biólogo o la de cualquier otra titulación que se imparta en la Universidad. Propongo dos opciones aunque hay varias más, o queremos que se convierta en una formación profesional de tercer nivel (FPIII), o queremos que se convierta no solo en formar profesionales sino en generadora de conocimiento. Queremos transmitir o queremos generar, o una mezcla de las dos cosas. Yo no me siento muy por la labor de la transmisión, no quiero que mis alumnos aprendan lo que yo les transmito (habrá que matizarlo esto en futuros artículos) sino que aprendan a que con esfuerzo y preparación se puede generar nuevo conocimiento, es decir, dar herramientas intelectuales más que destrezas y habilidades tal y como nos quieren casi imponer (por decirlo suavemente) con las nuevas ideas sobre las enseñanzas universitarias. Y ahora que me fusilen los pedagogos…

Marzo 27, 2008

Y llegó la música

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Tardó unos meses en llegar pero llegó. Era solo cuestión de tiempo como casi todo en la vida, pero la música no podía faltar en este blog. Con diecisiete años tuve que tomar una de esas decisiones que marcan toda una vida: si estudiar biología o dedicarme a la música; me decidí por la biología -como es público y notorio para mis alumnos; un saludo-, pero la música siempre ha estado ahí y en no pocas ocasiones he llegado a pensar que igual me equivoqué en la elección y que en realidad tengo algo de músico frustrado.

Me parece que es imposible no tener gustos musicales. La música impregna nuestras vidas, y como la mayoría de las veces se trata de una actitud pasiva por nuestra parte -no como la lectura por ejemplo- pues la dejamos estar, no nos roba tiempo ni nos consume energías. Solo cuando prestamos atención es cuando podemos decidir si algo nos gusta o no. Así que en esas veces que prestamos atención a la música que escuchamos es cuando se van estableciendo los gustos musicales.

Los míos son muy amplios -faltaría mucho espacio en este blog para hablar de ellos-, abarcan la música clásica, el jazz, el rock, el flamenco, y en general a cualquier música que me emocione, así me gustan tanto Bach como Frank Sinatra; tanto Camarón como Queen; tanto Paco de Lucía como Rachmaninoff; y tantos y tantos otros. Por supuesto no todas las músicas de estos artistas me emocionan de la misma forma pero en general uno tiene sus debilidades. Puede que no todas las canciones de Silvio Rodríguez sean magníficas pero a mí me lo parecen. Y puede que una sola obra de un autor sea suficiente para que nos quedemos enganchados a él: si uno escucha el Yolanda de Pablo Milanés o el Claro de Luna de Debussy no necesita oir más para darse cuenta de que está ante músicas que le emocionan y que esos músicos han sabido cada uno a su manera llegar a nuestro corazón para producirnos esa sensación de bienestar que se consigue con la música.

También sé lo que no me gusta mucho (porque como he dicho casi todo me gusta), y ahí están algunos grandes iconos de la música, no me llegan a emocionar salvo en contadísimas ocasiones, qué le vamos a hacer, a todos nos pasa, lo que ocurre es que a mí me pasa con gente muy importante como por ejemplo Springsteen, Dylan o los Rolling (que nadie me salte a la yugular, no digo que sean malos, al contrario son buenos músicos pero a mí no me emocionan casi nunca, sí a muchísimos más y ahí está su éxito para demostrarlo).

De la música derivada de las radiofórmulas modernas mejor no hablo, son productos de consumo totalmente intercambiables unos por otros, casi siempre es el productor del disco el verdadero responsable de lo que se vende y el intérprete hoy es uno y mañana será otro, da lo mismo, sea Bisbal o sea Rihanna, no es la música que me interesa (salvo que vaya a bailar, claro, entonces no tendré más remedio que dejarme llevar, pero esa es otra actividad).

Hay varios cantautores españoles que siempre me han gustado, Serrat y Sabina nunca fallan. Aprendí a tocar la guitarra con canciones de Serrat, sus músicas sobre las obras de Machado o Miguel Hernández fueron un disfrute que no termina aún, y sus propias letras así como las de Sabina están a la altura de los mejores poetas.

También está Pedro Guerra. Yo lo había escuchado siempre con gusto pero no ha sido hasta su último disco Vidas cuando me ha parecido un artista redondo. Compone, interpreta y produce como pocos músicos en el panorama musical actual. En este disco hay verdaderas joyas. A mí me gustan especialmente tres pero todas son buenas. La canción que abre el disco, Huellas, es buenísima como lo es la segunda, Quisiera saber. Estas dos hay que escucharlas con detenimiento porque al lado de una buena música hay buenas letras. Y después hay en el interior del disco, un poco perdida en el número 9 de los cortes del cd -quizás porque es una canción más triste, no sé- una de mis preferidas, Corazón enfadado. Ha cogido toda la esencia del fado portugués y la ha plasmado en una letra corta pero precisa y en unos arreglos preciosos, así que precisa y preciosa es la canción. Si alguien alguna vez -que será difícil que no- ha vivido una ruptura amorosa verá que esta canción describe perfectamente los ánimos de las primeras etapas de esa ruptura, antes de que lleguen la resignación, la aceptación y el posible olvido. Y todo esto lo hace Pedro Guerra en medio de un disco que está lleno de emoción y sentimiento. Una delicia para los oídos.

Marzo 24, 2008

Habrá que darle una oportunidad a la primavera

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Me he dado cuenta de que los tres últimos artículos estaban impregnados de elementos negativos: violencia, traumas, miedo, soledad…. Vaya panorama que llevo pintando estas dos semanas pasadas. Y es que esto le viene así a uno, hay ocasiones en que las cosas negativas te atropellan, de tan seguidas que vienen no da tiempo a esquivarlas.

No quiero que el blog se llene de reflexiones sobre los aspectos más sombríos de la vida -al final terminará llenándose, a poco que reflexione uno sobre lo que le rodea así será, pero habrá que procurar que no se junten demasiado este tipo de reflexiones-, y sobre todo que la vida tiene muchísimos aspectos positivos y de alegría como para sólo centrarse en lo más oscuro. A ver si voy a acabar con fama de cetrino (atención colegas del pádel: he escrito cetrino, no cretino; puedo ser las dos cosas a la vez pero no me saltéis a la yugular tan pronto, que os conozco).

Total que he decidido darle un toque de optimismo al blog, y pensando en qué cosas han ocurrido a mi alrededor caigo en el detalle de que justo ha empezado la primavera. ¡Vaya recurso fácil! No me he tenido que estrujar mucho el coco para encontrarlo, estaba ahí desde hace unos días, claro que con esta ola de aire frío que hemos tenido cualquiera se daba por enterado. El hecho es que el invierno ya ha pasado, así es la vida, acaba de terminar la época más fría y oscura del año en esta parte del planeta. Y en nuestra latitud (escribo desde un pueblo cerca de Málaga, en el sur de España, podéis googlear para encontrar más o menos el sitio) las plantas ya se dieron por enteradas hace unas semanas de que la primavera llegaba. Primero fueron los almendros, que aquí florecen casi a finales de enero o principios de febrero, y hace poco los naranjos que han llenado de olor a azahar el ambiente. Lástima que las últimas lluvias hayan dejado pocas flores en los árboles pero seguro que en un par de días vuelve este olor que acompaña a la estación y a nuestras vidas aunque muchas veces no nos demos cuenta.

En mi casa además tenemos un nido de golondrinas justo en la puerta de entrada a la vivienda. Lleva allí más de doce años; aprovechando la parte de arriba de un farolillo que alumbra la puerta las primeras golondrinas que vinieron construyeron un nido que, con sucesivos retoques anuales, han mantenido años tras año y que ha sido cuna de muchísimos pajarillos -a veces han tenido varias puestas en cada estación-. Así que lo primero que me anuncia que el invierno se acaba es que llegan las golondrinas a toda esta zona y empieza el canto incesante del cortejo. Y a partir de ese momento cada mañana me despierto con el canto de estas golondrinas que ya no serán las mismas probablemente, quizás sean nacidas en este nido que ahora ocupan para incubar sus huevos.

Los ciclos de la vida. Una idea para reflexionar. Por repetirse se repite hasta la historia, por eso hay que estudiarla dicen los entendidos, para no repetir los mismos errores una y otra vez. Pero a mí me parece que los errores los venimos repitiendo desde el inicio de la humanidad, y que no vamos a aprender nunca. En todo caso, el hombre bien informado porque ha estudiado la historia estará más atento a cuando la situación se ponga imposible y tratará de salvarse, eso sí, para eso sí sirve estudiar historia, para estar prevenidos.

Hay otra forma de enfrentarse a la vida, no como parte de unos ciclos más o menos amplios sino como un camino con una única dirección, hacia delante siempre. Sin mirar mucho atrás, solo lo justo para acompasar nuestro paso al de quienes nos acompañan, no sea que nos sorprendamos habiendo dejado rezagada a gente que nos importa, pero poco más. Es dar el pasado por no venido -esta frase la tomo del libro que estoy leyendo estos días, la tercera parte de Tu rostro mañana de Javier Marías, tendré que hablar en un próximo artículo de ellos, del libro y del autor-. Mirar hacia delante siempre, y con la sonrisa en la cara, podemos perder o no cumplir las expectativas o tener los pies de barro o tenernos por poco, pero qué cosa nos hace más humanos que una sonrisa. Vendrán mal dadas, nadie lo duda, pero habrá que darle una oportunidad a la primavera.

Marzo 22, 2008

La soledad y el vacío

Guardado en: personal — salvaguirado @ 8:28 pm
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De nuevo tengo que hablar de otra película que acabo de ver: La soledad, premio Goya a la mejor película del año. Es una película hecha a propósito para que no sea fácil de ver. Con talento y con riesgo. Todo planos fijos, ni un solo movimiento de cámara, y casi siempre la pantalla dividida en dos planos en los que la misma acción transcurre pero que no tienen el mismo punto de vista. El director con unos pequeños trucos de cambios en la perspectiva de los planos hace que no nos resulte cómoda la visión porque los personajes siempre entran y salen por donde uno no se lo espera. Planos fijos en los que muchas veces se mira a través de una puerta o una ventana. Esto nos obliga a observar, no nos mete en la acción, la miramos siempre desde fuera. Y sin banda sonora, ni una sola nota musical. Evidentemente no nos lo pone fácil.

Pero es que el tema no lo es. Vemos reflejada la soledad en la vivencia de dos madres. Una que tiene varias hijas ya mayores, y que a pesar de ello éstas viven su vida y ella no cuenta para nada. Muere sola. La otra, madre joven y separada, pierde a su hijo pequeño en un atentado y ya no se recupera. Lo ha perdido todo en la vida.

Todo da mucha pena. Y es que la soledad es una de las situaciones más tristes que pueda vivir un ser humano. Los seres humanos somos sociables, como buenos primates, es una de las características más sobresalientes de la especie y cuando se nos priva de la compañía de otros semejantes entonces empezamos a perder humanidad. Yo creo que algunos de los miedos atávicos que podemos tener, como por ejemplo el miedo a la oscuridad, tienen que ver con el sentimiento de soledad y de vacío. En el vacío estamos solos, en la oscuridad no sabemos si estamos solos o no, no me parece que el niño pequeño que tiene miedo de noche a la oscuridad lo tenga porque presagie que alguien pueda venir a hacerle daño, sino que tiene miedo a quedarse solo, a perder a sus padres, a que cuando se levante no sigan allí. El sentimiento de pérdida y de vacío al que ya he hecho varias referencias en este blog.

Se puede estar solo en mitad de la gente. Se puede sentir la soledad incluso en el seno de una familia, tal y como le pasa a una de las protagonistas de la película. Solo hace falta para ello no sentirse comprendido, o no sentirse querido o sentirse utilizado por los demás como mero instrumento de conseguir lo que se proponen. Esta es la soledad de la madre mayor de la película.

Y se puede estar realmente solo en la vida porque se haya perdido a lo que más se quiere. El vacío en este caso es más nítido. Tal es lo que le pasa a la madre joven. Se pierde el interés por rehacer la vida y ni siquiera se deja que los demás intenten ayudar. La soledad no solo es triste sino también destructiva en sí misma.

Todo eso está captado en esta película que nos hace enfrentarnos de una manera incómoda a este tema, porque además no da ni soluciones ni esperanzas. Esto es lo peor de las historias. Una de las mujeres muere y para la otra no se presenta ninguna alternativa vital que ayude a pensar que hay una salida. No hay lugar para la esperanza. Ni siquiera para la melancolía. Hay dolor, incomprensión, vacío, en fin que muy optimista no se puede decir que sea el panorama que se nos presenta.

Pero hay arte, el arte no siempre tiene que ser amable (aunque yo generalmente lo prefiero así). Hay arte en la dirección y hay arte en la interpretación -tampoco es que haya más porque poco más hay en la película-, y eso es más que suficiente para que consiga que no podamos dejar de mirar aunque no nos guste lo que vemos. Así es la vida, no podemos dejar de mirar.

Yo quisiera ser positivo y decir cosas como que la esperanza no hay que perderla nunca, que no estamos solos, que siempre habrá alguien que se preocupe por nosotros o alguien a quien importemos lo suficiente para que no nos deje solos, en ese vacío oscuro de la soledad en el que ninguno queremos entrar. Pero quién sabe….

Marzo 20, 2008

Y la vida insiste en seguir…

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Ayer fui al cine. Hacía tiempo que no iba, varios meses; con tantas posibilidades que hay hoy en día de ver cine por televisión la verdad es que uno se va acomodando y va menos a las salas de cine. Y no es lo mismo, no voy a descubrir ahora la magia que tiene ver una película en una sala de proyección; más ayer que éramos literalmente siete personas en toda la sala, o sea que no había muchas posibilidades de que nos molestáramos unos a otros como suele suceder en las películas de éxito.

Lo realmente mágico sin embargo fue la película que vimos: Cometas en el cielo. No sabía nada de ella, solo que alguien cercano nos la había recomendado. Ni siquiera sabía que estaba basada en un libro del mismo nombre del escritor Khaled Hosseimi. Ahora tendré que leer el libro, no tengo más remedio, la historia me conmovió y aun sabiendo que ya no será lo mismo que si hubiera leído el libro sin haber visto la película, quiero leerlo.

Estoy seguro de que los críticos sesudos -hay algunas críticas en el enlace que he puesto antes- inmediatamente dirán que si hace o no honor al libro, que si falta esto o aquello, lo de siempre. Pero yo no conocía de antemano el libro ni la historia, y a mí me encantó la película. Y es que hay cosas que el lenguaje cinematográfico posee y que por más que queramos la literatura no -y lo digo desde el convencimiento de que yo no podría vivir sin libros-. Pero hay algunas imágenes de esta película que son preciosas. Las cometas volando, y especialmente toda la escena de la fiesta de las cometas volando sobre el cielo de la ciudad de Kabul, son impresionantes, muy bellas.

A todo esto, lo que me atrapó desde el inicio de la proyección fue la música, qué cosa con más talento. Al poco supe que era de Alberto Iglesias y que había estado nominado a un Oscar por la banda sonora de este film que en inglés se titula The Kite Runner. No me acuerdo quién ganó el Oscar (Alberto Iglesias no, de eso sí que me acuerdo) y por tanto no puedo comparar las músicas, pero será difícil que me guste más que la de esta película, genial Alberto.

La historia tiene varias capas superpuestas. Por una parte la política, con la historia reciente de Afganistán. Historia de invasión rusa e historia de los talibanes. El horror de todas las guerras adicionado aquí con argumentos étnicos y religiosos. Quizás sea la parte a la que se le podía haber sacado más partido. Probablemente toda esto esté mejor contado en el libro, eso dicen los que lo han leído.

Después están las historias personales. De amistad, de amor, de maldad, de traición. Aquí me descubro recordando especialmente la figura del padre. Conforme estaba viendo la película pensaba: yo quisiera ser ese padre, qué valor, qué sentido de la justicia, qué integridad, qué amor al hijo, qué capacidad de adaptación a las nuevas circunstancias, y qué pedazo de actor, por dios. Sólo después, tras varias horas, por ponerle algún pero a esa figura se me hacía difícil comprender por qué sabiendo que el hijo de su criado es en realidad su hijo, por qué lo deja marchar. Es probable que yo no llegue a comprender nunca que se ponga el honor por encima del amor.

Y está por encima de todo la historia de Amir. Que nos enseña que lo que somos como hombres es casi siempre lo que hemos sido cuando niños. Normalmente el carácter de una persona se forja en la niñez, y aunque no nos demos cuenta arrastramos durante gran parte de nuestra vida adulta todos los traumas que hemos padecido en la infancia. Pero el mensaje es que los traumas se pueden superar, la cobardía se puede superar. Los miedos también. Por supuesto que cuesta mucho y que no todos lo logramos, pero hay ocasiones en las que merece la pena. Y uno puede redimirse a veces si tiene ocasión de reparar el daño que haya cometido, porque hacer daño lo hacemos todos, sabiéndolo o no, y cuando lo sabemos no siempre somos capaces de remediarlo.

Amir se repone de la pérdida de seres queridos -que es lo más difícil que le puede pasar a uno, cuando perdemos a un ser querido el vacío en nuestro corazón es muy grande y no es fácil sobreponerse-, y se enfrenta a sus miedos para realizar una acción heroica -poco creíble, la verdad, no me imagino que en la realidad se pudiera salir bien parado de una historia así, pero eso es lo de menos: la historia del caballo de Troya sin ir más lejos tampoco me parece muy creíble y es considerada como una muestra de heroicidad-. Y después de toda la miseria moral y la violencia que se encuentra en su regreso a Afganistán puede volver a empezar una nueva vida una vez rescatado su sobrino de mano de los talibanes y expiada su culpa. Y es que la vida insiste en seguir….

Marzo 11, 2008

Homo sapiens, homo violentus

Guardado en: personal, sociedad — salvaguirado @ 5:00 pm

Hoy quisiera reflexionar en este blog sobre algo a lo que no encuentro buenas respuestas por muchas vueltas que le dé: la violencia en el ser humano. No es un tema fácil de comprender y yo siempre quiero comprender lo que veo, no lo puedo remediar. Aceptamos como algo natural tantas manifestaciones de violencia que al final parece que es una característica más de nuestra especie. Y yo me niego a eso. No veo razón alguna como biólogo para admitir la violencia que continuamente padecemos o hacemos padecer como seres humanos. Estamos conviviendo con escenas no ya violentas sino brutalmente violentas de una forma cotididiana, a mí me faltan manos para intentar cambiar de canal de televisión cada vez que miro un informativo y están mis hijos delante. No hay manera de mantenerse informados si no tragamos una dosis diaria de violencia que raya en lo perverso -ya me imagino qué pasaría si en vez de imágenes de violencia explícita, con tremendas dosis de sangre, nos pusieran imágenes explícitas de sexo, que debe ser tan cotidiano como lo otro-.

Sí ya sé que los medios sólo reflejan lo que existe -aunque habría que matizar, porque me da la impresión de que algunas al menos de las imágenes que vemos se producen expresamente para salir en los medios-, y que mirar para otro lado no nos va a librar de la violencia, y que lo que esos medios nos venden es que precisamente son imágenes aleccionadoras de lo que puede ocurrir y que sensibilizan a la población, y que en parte gracias a ellos existen tantas oeneges que se preocupan de los más débiles y desfavorecidos. Bien, ese discurso ya me lo sé, y lo acepto en parte. Lo que a mí me preocupa saber es si la violencia forma parte de la esencia de la especie humana.

En ese sentido flaco favor ha hecho a nuestro pensamiento la divulgación de ciertas ideas relacionadas con la teoría de la evolución tal y como la entienden los darwinistas. El concepto de selección natural aparece no casualmente en el contexto de la visión victoriana del mundo en el siglo XIX inglés. Y ha sido tal el éxito de la teoría darwiniana que hemos interiorizado en nuestro pensamiento conceptos como selección del más fuerte, del más apto, lucha por la supervivencia, lucha de los más fuertes por la procreación para así preservar sus genes. Todo esto es asumido de una forma natural por casi todos nosotros, y aun más en los medios académicos. Yo no lo veo claro.

No se puede negar el hecho de que en la naturaleza existe la competencia. Y esto ayuda a comprender muchas adaptaciones que vemos en las especies. Pero el discurso de la selección del mejor llevado a sus últimas consecuencias es muy peligroso, además de falso. Nos llevaría a aceptar la violencia como uno más de los recursos de los que se pueden valer los más aptos para perpetuarse, o sea, la violencia como algo inherente a la vida, no ya al ser humano. Y para que nos acostumbremos a la idea nos enseñan a menudo en programas sobre la naturaleza lo violentos que son los animales, y muchos documentales se recrean en la aparente violencia gratuita de depredadores de todo tipo para con sus presas (la famosa orca con las pobres focas, que ya la hemos visto cientos de veces).

Pero si la violencia fuera inherente a la especie humana, ¿dónde residiría? Está claro que en el cerebro, no va a ser en el hígado o en el bazo (y no hablo de creencias, que ya sé que en determinadas culturas el hígado es un órgano en el que residen muchas funciones que nosotros atribuimos al cerebro). Es cierto que se pueden estimular por medio de electrodos ciertas zonas del cerebro y producir respuestas que podrían estar relacionadas con la violencia, estas respuestas van desde el miedo a la agresividad. En monos se ha hecho -se hizo hace bastantes años, no conozco investigaciones de este tipo que se hagan actualmente, aunque no lo podría descartar-. Pudiera ser por tanto que individuos con alguna malformación en esas zonas fueran especialmente proclives a respuestas violentas. De acuerdo, es una posibilidad que podría estudiarse. Pero de ahí a admitir que la violencia esté tan presente en nuestras vidas, que ya no solo a nivel personal sino colectivo seamos capaces de generar tanta violencia me parece imposible de comprender. Otra cosa es que haya quienes manejan perfectamente las debilidades humanas. Y manejan guerras, mafias, terrorismos… Esos sí que representan lo más perverso de la especie humana.

Es imposible para mí tratar un tema tan complejo en un solo apunte de este blog, y no sé si sabré aportar algo que tenga un mínimo sentido, pero no quería que pasara una fecha como la de hoy, en la que se cumplen cuatro años del tremendo atentado terrorista del 11M, sin reflexionar sobre la violencia en el ser humano. Y con la reflexión, el recuerdo y el homenaje a todas las víctimas, especialmente encarnado en la figura de la presidenta de la asociación de víctimas del 11M, Pilar Manjón. Mi recuerdo y mi respeto.

Marzo 5, 2008

Va de vinos (o no)

Guardado en: personal — salvaguirado @ 12:10 pm

Aunque parezca mentira existen otras cosas en el mundo aparte de la campaña electoral. Llevo unos cuantos apuntes dedicados a la política y siento que es hora de aportar algo distinto a este blog. Claro que no se me ha ocurrido otra cosa mejor que hablar de vinos, así que no voy a mejorar mucho la corrección de mi imagen -no quiero dar pistas pero se lo he puesto fácil a cualquiera que quiera descalificarme ad aeternam con unos pocos adjetivos-.

Lo cierto es que anoche terminé de leer La Bodega de Noah Gordon, así que de ahí viene lo del vino. He hablado con gente a la que ha gustado la novela y con gente a la que no le ha gustado casi nada, que la han calificado de insulsa. Probablemente estos últimos se han visto un poco frustrados por lo que esperaban después de leer otras obras del autor. Hombre, una obra maestra de la literatura no es, se deja leer pero en conjunto me parece una novela fallida. Me explico: tiene muchos de los ingredientes necesarios para ser una novela de éxito (¿será así como se pueda describir un best seller?) pero no termina de aprovecharlos. Hay una historia personal de superación, hay una historia de amor, hay un trozo de la historia de España, hay una narración de cómo se pudo introducir en Cataluña la producción de vinos de calidad, incluso hay un malo que hace peligrar la vida del protagonista hasta casi el final. O sea que como diríamos por Andalucía: no falta de ná. Pero sí falta, falta sobre todo fuerza narrativa. No consigue por ejemplo que uno sienta interés verdadero por el mundo del vino, tan rico e importante en nuestro país.

Que la acción transcurra en el siglo XIX es un acierto en mi opinión, y podría haber incitado algún interés adicional por esa parte de la historia de España que es bastante desconocida, al menos los que ya tenemos cierta edad hemos olvidado gran parte de lo que estudiamos en su día sobre el periodo que sobrevino a las guerras carlistas y sobre la figura del general Prim -y me temo que los más jóvenes hayan estudiado todavía menos-. Yo recomiendo (con toda humildad, claro) un poco de lectura sobre el siglo XIX español porque muchos de estos lodos vienen de aquellos barros: conservadores y progresistas, tendencias separatistas en diversas regiones, recelos centralistas sobre las industrias catalanas, pronunciamientos… Y todo ello en medio de unas intrigas políticas que riéte tú de lo que ahora nos parece un espectáculo penoso -y lo es, nada más lejos de mi intención que justificar lo que vemos en el día a día de la política-.

¡Pero bueno! ¿Hablamos de vinos o qué? No puede ser que me deje llevar otra vez a otro terreno. Sea, hablemos de vinos. Es muy fácil mi postura. Me gustan. En España tenemos vinos buenísimos (vaya descubrimiento) y empezamos a tener cultura del vino que nos hacía falta. Hace un par de décadas los que pretendían entender de vinos lo tenían claro: se pide uno un rioja y si es caro es bueno. Los demás vinos tenían mucha menos fama y la verdad es que también menos calidad. Hoy no creo que haya ninguna parte de España en la que no se hagan buenos vinos, aunque unos estén más de moda que otros. Es un placer viajar por el país descubriendo los vinos que se hacen en cada sitio. Y hemos aprendido un montón sobre variedades de uva, conservación del vino, añadas o maridaje, por ejemplo. Incluso ya no nos avergüenza catar el vino en la mesa de un restaurante tal y como hemos aprendido a hacerlo porque nos lo han explicado en la tele (como casi todo).

Ahora voy a decir dos perogrulladas y a dar un consejo de cata. La primera de las perogrulladas es que un vino caro no tiene necesariamente que ser mejor: el precio de algo no siempre refleja su valor. La segunda es que rechazar un vino que nos están proponiendo en la mesa después de probarlo por el mero hecho de probar que se puede devolver a los corrales cuando uno quiere, no nos hace necesariamente unos entendidos: la prepotencia no está directamente relacionada con la enología. Y el consejo de cata. Haga el ritual que quiera, uno no tiene por qué demostrar conocimientos ante nadie para disfrutar del vino. Lo prueba, y si le gusta el vino es bueno. Ya está. No hay más. A beber.

Marzo 4, 2008

KISS

Guardado en: personal, sociedad — salvaguirado @ 4:10 pm
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Todavía me pregunto por qué aguanté hasta el final viendo el debate electoral de anoche. Y como yo, pienso que mucha gente. Será que estamos muy faltos de actos electorales de este tipo y nos da pena desperdiciar la oportunidad que nos han dado los líderes de los principales partidos de verlos en un simulacro de cara a cara. Dejo a los expertos el análisis profundo de estos debates televisados. Me quedaré en el análisis superficial que es lo que estamos haciendo de una forma u otra millones de españoles: ¡vaya plomo de espectáculo! De acuerdo con que España no es un régimen presidencialista y por tanto no deberían ser más importantes las personas que los programas que presentan los partidos. Pero también es verdad que la figura del próximo presidente del gobierno es algo que interesa. Y como todo el mundo sabe será uno de los dos que estaban anoche en la tele. Lo siento por los partidos que se han quedado sin poder tener su oportunidad de debatir, porque han perdido una oportunidad de exponer sus programas, pero lo de estos dos días de debate no ha sido para exponer proyectos (en el primero casi no hubo propuestas, en el segundo algunas más por parte del líder de los socialistas), sino para que nos hagamos una idea del presidente de gobierno que nos espera. A aquél que haya leído aunque sea un poco de los apuntes anteriores de este blog no se le escapará quién es para mí el mal menor, que no el que yo elegiría.

Pero mi pregunta no es esa. Mi pregunta es por qué parece tan difícil presentar un discurso coherente con las grandes diferencias que se supone que debería haber entre la izquierda y la derecha. En política tan importantes son los objetivos como los métodos para conseguirlos (en la ciencia pasa igual, será por eso por lo que me fijo tanto en los métodos…). Por poner un ejemplo, es complicado no estar de acuerdo cuando todos los partidos (y creo que son todos) hablan de las políticas de medio ambiente. Que si hay que preservar el medio, que si tenemos que conseguir menos contaminación, y cosas por el estilo. Claro que todos estamos de acuerdo, el problema sigue siendo el cómo conseguir esos objetivos: con una política de penalización a las empresas que más contaminen o bien con una política de subvención a las que menos lo hagan; con la fiscalidad o con la policia; con la prevención o con la persecución. Cualquiera diría que con una mezcla de las dos, pero en las mezclas lo que es interesante es la proporción de los componentes -hasta para hacer un buen tinto de verano tendríamos dificultades en ponernos de acuerdo con la proporción de vino y gaseosa-. Pues aquí igual.

He puesto un ejemplo sobre medio ambiente que me parece fácil de explicar, pero si se tratara de la economía creo que en el fondo es lo mismo. Todos podemos llegar a proponer el pleno empleo, pero cómo lograrlo es lo que diferencia a un proyecto político de otro. Todos queremos moderación de precios, salarios más altos y baja inflación. O sea que los objetivos políticos son muy parecidos y lo que diferencia a unos partidos de otros son los métodos que piensan utilizar para lograrlos.

¿Y eso es tan difícil de explicar? Al parecer sí, porque yo en el debate de ayer no vi en ningún momento intención alguna de exponer esas diferencias. Por eso fue tan penoso. Lo que intentaban hacer los dos aspirantes a presidente del gobierno, de una forma más o menos explícita, es presentar al contrario como una persona poco creíble y poco preparada (y estoy siendo muy benévolo con los calificativos, ellos fueron más duros). ¿Será que es que ya no hay tantas diferencias ideológicas entre la izquierda y la derecha? ¿Será que los dos partidos saben que lo que se disputan es el centro sociológico y que no conviene posicionarse demasiado ni a la izquierda ni a la derecha?

Evidentemente las diferencias ideológicas existen y por supuesto esas diferencias son más nítidas cuanto más se apartan del centro político. Y cuanto más se acerquen a los extremos más miedo nos dan. No hace falta tanto para presentar un proyecto político claro, nítido y diferenciado del proyecto de los demás partidos. Yo solo hubiera recomendado la premisa que da título a este apunte: KISS, keep it simple, stupid.

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