Salvador Guirado, perdonen que no les dé la mano

Mayo 16, 2008

Aquellas pequeñas cosas

Guardado en: personal — salvaguirado @ 8:33 am

Decir que Juan Manuel Serrat es un mostruo como músico no es muy original pero hoy tengo ganas de acordarme de él. Sus canciones me han gustado siempre al igual que su trayectoria como artista al que nunca se le ha subido el éxito a la cabeza. Cuánto podían aprender de él tantos y tantos cantantes más o menos creados y mantenidos por la industria discográfica como productos de consumo.

Pero no quiero divagar. Hoy solo quiero hacer un pequeño apunte porque estoy contento y me he acordado del título de la canción de Serrat. Será por contraste porque la letra de la canción no es alegre sino más bien melancólica. Son las pequeñas cosas las que inclinan la balanza de nuestro estado de ánimo hacia un lado o hacia el otro.

Aquí dejo escrita la letra de la canción (espero no incurrir en falta ya que hay múltiples páginas de internet con la letra pero están llenas de anuncios, por eso no pongo enlaces).

Album: Mediterráneo
Título: Aquellas pequeñas cosas
Uno se cree
que los mató
el tiempo y la ausencia.
Pero su tren
vendió boleto
de ida y vuelta.
Son aquellas pequeñas cosas
que nos dejó un tiempo de rosas
en un rincón,
en un papel
o en un cajón.

Como un ladrón
te acechan detrás
de la puerta.
Te tienen tan
a su merced
como hojas muertas
que el viento arrastra allá o aquí…
Que te sonríen tristes y
nos hacen que
lloremos cuando
nadie nos ve.

Aunque yo os recomiendo que la escuchéis con la música que para mi gusto es de las más bonitas de Serrat.

Bueno, como estoy alegre también podía haber elegido el Ahora que estamos tan agustito de los Ketama -¿a que es imposible no tararear el estribillo para el que conozca la canción?-.

¿Que cuál es el motivo de la alegría? Qué más da, cualquiera es bueno incluso los inconfesables. Por ejemplo, para los que leyeran el artículo El deportista y el aficionado: Ayer gané mi partido de pádel (no es una noticia muy importante pero tiene su aquél), y el Unicaja le ganó el primer partido del play-off al Madrid. Parece poco pero no lo es.

Y mañana tenemos otra oportunidad -el Unicaja y yo- de repetir triunfo :-)

Mayo 12, 2008

Cuerpo y mente y espíritu (II)

Guardado en: personal — salvaguirado @ 11:58 am

Como dije que escribiría más sobre el tema ahora tengo que cumplir, quién me mandaría a mí meterme en estos berenjenales…

Menos mal que tengo el espíritu sereno después de un fin de semana inmejorable con unos amigos en los patios de Córdoba. Qué cosa más bonita de ciudad y qué patios tan bellos y cuidados. A veces no somos conscientes de la belleza que tenemos tan cerquita de nosotros. Total, que el fin de semana ha sido de los que reconfortan el espíritu y es evidente que esto viene muy a cuento de lo que estoy tratando. Cosas como la belleza, la amistad, la alegría del buen comer y beber, el amor, todas tienen que ver con esa parte específicamente humana de la vida y a la que algunos han llamado espíritu.

En relación al libro que estaba comentando, decía que al parecer los autores ven bien esta separación en tres partes de lo que tiene que ver con el ser humano: cuerpo, cerebro y espíritu, y que así podían decir que lo que nos diferencia de los animales es el espíritu. Así evitan la palabra alma que en principio puede resultar casi sinónimo de espíritu pero que ellos no lo consideran así. Yo no creo que sea prudente hacer más divisiones de lo que es el hombre. La dualidad cuerpo-alma ya era objeto de estudio y de reflexión en el mundo griego casi quinientos años antes de nuestra era cristiana. Platón en concreto reflexionaba en sus diálogos sobre ello, y el cristianismo retoma y reconduce a su manera la idea de dos partes (o dos naturalezas) la parte material y la parte espiritual; la parte material sería el cuerpo que forma parte de la naturaleza perceptible, lo podemos ver con los sentidos, y la parte espiritual, el alma que forma parte de la naturaleza intangible.

Siempre me ha parecido que el cristianismo entendió pobremente las ideas de Platón, y yo no tengo tampoco la capacidad de comprender todo lo que dejó escrito -qué más quisiera yo-, pero en el fondo me da la impresión de que en su afán por explicar las cosas desde el punto de vista de la filosofía había en esa dualidad más un interés pedagógico que una concepción claramente dicotómica de la naturaleza humana. Y claro, con el tiempo empezaron las discusiones bizantinas de que si los animales tienen alma o sobre dónde van las almas de los que mueren (porque con el cuerpo sabemos lo que pasa, ahí no nos pueden dar gato por liebre). Pero así es el cristianismo, si no es la dualidad cuerpo-alma es la doble naturaleza de Jesucristo (hombre-dios) o si no es la trilogía divina católica que son tres y a la vez uno. Esto forma parte de nuestra cultura y es difícil que no impregne de alguna manera los pensamientos sean filosóficos o puramente biológicos sobre el hombre.

Intentaré no perder el hilo. Para mí separar el cuerpo y el cerebro (o la mente que podemos considerarla como función cerebral) no tiene mucho sentido. El cerebro es una parte más del cuerpo, un órgano que no es esencial para la vida (no lo es para la vida, sí para nuestra vida) pero que compartimos muchos animales. Y el cerebro de los mamíferos es distinto al del resto de los vertebrados. Como es distinto puede hacer más cosas, es decir la función cerebral es más compleja en los mamíferos que en otros vertebrados. Y la función cerebral en el caso del hombre es mucho más compleja que en nuestros parientes primates más próximos. ¿De dónde sale esa capacidad especial que tiene nuestro cerebro? No es algo demasiado evidente, eso hubiera sido fácil de ver y de estudiar. No hay células especiales ni regiones nuevas. Hay más células y las regiones son más complejas en determinadas partes, y de todo ello emergen unas capacidades que nos distinguen de otros animales.

El caso es que estas capacidades -obvio es decirlo- no son indispensables para la vida pero como entre ellas existe la capacidad de pensamiento abstracto, pues aquí nos tenemos intentando establecer diferencias entre lo humano y lo que no lo es: el espíritu. Yo podría estar de acuerdo si se trata de una enumeración igualmente pedagógica para explicarnos a nosotros mismos que no somos iguales que otros animales cercanos filogenéticamente (porque nadie se compara con un pulpo, por ejemplo). Pero si de lo que se trata es de pensar sobre el sentido de la vida, o sea sobre la vida misma, el concepto espíritu no me interesa en absoluto. Hay que intentar ver la vida no desde el punto de vista humano, ni siquiera humanístico, los hombres no somos el centro de la vida, somos una especie que tiene unas capacidades cerebrales especiales, pero todo ello deriva de la función cerebral nada más, por eso creo que el espíritu puede servir para describir al menos parte de esas funciones pero no para sentirnos como que la vida tiene sentido para que exista el hombre.

Desde un punto de vista biológico somos una forma más de vida -ahora no digo una especie porque el concepto especie es un concepto que hemos desarrollado nosotros-, que no tiene más sentido (ni remedio) que vivir, lo mismo que hace una bacteria, un caracol, una lombriz o nuestra querida mascota. Me gusta más el concepto de unicidad, soy lo que soy (no “soy el que soy”, esto es distinto), porque le permite a uno ir haciéndose (en esto estoy totalmente de acuerdo con las tesis que expone José Luis Sampedro en el libro, muchísimo más que con lo que expone Valentín Fuster). Ese crecer, o ese construirse si admitimos que la construcción no para de hacerse, es lo que distingue al hombre de otras formas de vida. Tenemos ciclos iguales que las demás formas de vida, nacemos, vivimos, morimos, pero mientras vivimos podemos crecer como personas, podemos construirnos hasta el momento de la muerte en que ya no habrá más posibilidad de crecer como persona. Esa es nuestra responsabilidad y nuestra carga.

Mayo 8, 2008

Cuerpo y mente y espíritu (I)

Guardado en: personal — salvaguirado @ 11:55 am

Estoy leyendo el libro que han escrito a medias José Luis Sampedro y Valentín Fuster, La ciencia y la vida, y son tantas las cosas que me gustaría comentar que ni siquiera puedo esperar a terminar de leerlo. Es un libro atípico porque se basa en la transcripción de las conversaciones que tuvieron los dos autores durante tres días hablando de muchas cosas. Casi desde las primeras páginas me entraron ganas de estar allí presente, qué envidia me da cualquier persona que pasara por alli y pudiera escucharlos, qué alegría que se decidieran a publicar este libro. Los dos son admirables en sus respectivos campos, y yo ya había disfrutado con los libros de José Luis Sampedro y con cada una de sus apariciones en los medios. De Valentín Fuster conocía su trayectoria como cardiólogo, probablemente el cardiólogo más reconocido hoy en el mundo.

Todo lo que dicen es interesante, lo comparta uno o no, y es indudable que son planteamientos que cada uno de ellos ha meditado y elaborado a lo largo de su vida. Otro día hablaré de la felicidad y de los caminos que pueden llevar a ella que es uno de los temas que tratan, hoy quiero centrarme en lo que hace referencia el título de este artículo.

En un momento de sus charlas, sale a colación el considerar que los hombres tenemos un cuerpo y una mente (o cerebro) que compartimos con los demás animales, y además un espíritu que es propio de nosotros. Es una idea interesante porque evita la dualidad cuerpo-alma que tan arraigada está en nuestra cultura, aunque a costa de añadir otro elemento más, ahora tenemos un trinomio en lugar de un binomio y no estoy muy seguro de que ganemos con ello. La idea central es que el cuerpo y la mente se encargan de lo puramente animal, que ellos definen como supervivencia, y que el espíritu es el que puede hacer cosas que solo nosotros podemos hacer.

Después hablaré del espíritu; lo que me llamó la atención es la idea de supervivencia. Esto supone que los animales hacen las cosas para sobrevivir. Es una idea muy extendida y admitida: si un león se come a una cebra es porque tiene que alimentarse para sobrevivir, no tiene más remedio. Es como darle un sentido a la vida, la vida consiste en sobrevivir y perpetuarse, o sobrevivir para poder perpetuarse que viene a ser otra de las concepciones más en boga. ¡Qué más quisiera yo que tener respuestas a estas cosas! El sentido de la vida, vaya preguntita…

Como es una pregunta a la que podemos contestar de manera distinta según sea la creencia o la formación que tengamos, es lógico que haya distintas maneras de enfocarla. Yo por más que he intentado encontrar respuestas a nivel celular me siento incapaz de pensar otra cosa que el sentido de la vida es vivir. No sobrevivir, sobrevivir implica ya una carga emotiva, una toma de decisiones que empujaría a los seres vivos a seguir vivos a pesar de las condiciones adversas del medio. Es decir, yo no creo que el león come cebras porque si no come se muere, no, come porque está vivo y los seres vivos se alimentan, con cebras o peces o materia orgánica o lo que sea. Parece una tontería pero para mí no lo es. Porque de ahí nacen muchas hipótesis que abonan la idea de que la lucha por la supervivencia es lo que mueve la vida.

La supervivencia parece indicar que consideramos al medio natural en el que estamos como algo ajeno y, a menudo, adverso. No será tan adverso cuando en ningún otro sitio conocido se desarrolla vida como la nuestra. Y si no es el medio, son los otros seres vivos los que acarrean peligro. Por ejemplo, para un boquerón (o sardina o arenque o besugo o atún, que igual leen esto en otros lugares que no sea Málaga) el medio marino no debería ser peligroso -se mueve como pez en el agua-, pero sí lo son otros peces que pueden comérselo (no hablo de la pesca en este momento). Así que si no es la lucha contra el medio adverso sería la huida de los depredadores para evitar ser comido, y a la vez el boquerón se necesitaría alimentar de otros seres vivos para perpetuarse, y así tenemos una idea de la vida en la que la supervivencia se coloca en un lugar primordial de la existencia.

Puede parecer ingenuo el planteamiento pero yo creo que los seres vivos no pueden hacer otra cosa que vivir. Una célula como es un ser vivo se nutre, intercambia energía con el medio, se comunica con el medio y con otras células, y unas pocas cosas más que se derivan de éstas. Lo mismo hacemos nosotros, seres vivos más complejos. Es como llevar el yo soy yo y mis circunstancias orteguiano a la biología. Las circunstancias son tanto el medio como los demás seres vivos, que forman parte uno y lo otro de lo que cada ser vivo es. No es luchar por la supervivencia, es vivir la vida en el medio que tenemos y con los seres vivos que comparten existencia con nosotros.

Como probablemente me explico muy mal, tendré que seguir…

Mayo 5, 2008

Mayo del 68

Guardado en: personal, sociedad — salvaguirado @ 8:46 am

Pues sí, hace cuarenta años del famoso mayo del 68. Motivo hay para hacer alguna reflexión. Durante ese mes hubo una serie de revueltas en París protagonizadas en un principio por estudiantes a los que pronto se unieron trabajadores en huelga, y que fueron reprimidas duramente por la policía causando violentos enfrentamientos de los que todo el mundo tuvo noticias. Sin duda se trata de uno de los acontecimientos que se recordarán del siglo XX ya que las consecuencias políticas a largo plazo fueron importantes, sobre todo en lo que respecta a los partidos de izquierda.

Antes, cuando quería impresionar a según qué auditorio, solía contar que yo estuve en el mayo del 68 en París. Es verdad, una pequeña casualidad hizo que fuera así. Viajaba junto con mi abuelo camino de Inglaterra para estar ese verano en casa de mi tia, la hija de mi abuelo que se había casado con un inglés. Faltaba un mes para que cumpliera doce años y nunca había salido de España -en aquella época de todas formas no era muy fácil salir; para que te concedieran el pasaporte había que pasar mil trámites entre los que destacaban informes de no tener antecedentes penales, de buena conducta de la policía, y hasta del cura diciendo que eras buena persona-. Viajábamos en tren y tuvimos que hacer noche en la estación de París, en espera de coger un tren que salía por la mañana temprano hacia Calais. Había poca gente en la estación, y cuando cerraron el metro ya quedamos menos, sólo los que nos teníamos que buscar la vida para intentar dormir en sillas metálicas que era lo que había por allí.

Así que con tan poca gente y menos movimiento de trenes se oían bastante bien los ruidos que venían de fuera de la estación y que eran causados por los enfrentamientos entre manifestantes y policia. Yo no me podía quedar quieto y recuerdo la cara de preocupación de mi abuelo, al que supongo que no le haría mucha gracia verse cerca de esos enfrentamientos solo con su nieto y sin saber ni una palabra de francés. Bueno, ni de inglés; no sé cómo pudimos terminar aquel viaje. El hecho es que en la estación no entraron, pero en cuanto amaneció me asomé a la calle y vi que habían prendido fuego a un quiosco justo al lado de la puerta de la estación.

Como es natural en ese momento fui poco consciente de la trascendencia de aquel mayo del 68, que terminó de manera casi tan abrupta como empezó, pero algo especial había ocurrido durante las movilizaciones. Primero era de destacar que aquello no fue el fruto de una estrategia de partidos bien diseñada. Los partidos de izquierda, especialmente el comunista, tenían buen control de los sindicatos y de la clase obrera, y siempre se hablaba de la huelga general como algo que pudiera conmover los cimientos de la sociedad. En su lugar unos grupos de estudiantes movidos por algunos elementos de tendencias anarquistas (allí se hizo famoso Dani el Rojo) fueron los que empezaron todo. Como detonante de las movilizaciones se mezclaban cosas como el descontento por lo incierto del futuro laboral para los estudiantes que acababan sus estudios, el rechazo a la guerra del Vietnam, la libertad sexual, y cosas así.

Y se inició, o al menos a mí me lo parece desde la perspectiva de hoy, una nueva forma de hacer política que no estaba bajo el control estricto de los partidos, el movimiento asambleario. Muchas de las decisiones del día a día de las movilizaciones se tomaban en asambleas donde todo el mundo opinaba y de las que algunos podían saber qué es lo que pretendían conseguir pero pocos podían prever en qué iba a acabar. De todas formas aquello, con esos tintes anarquistas que ya he mencionado, caló hondo y a algunos les sirvió para replantearse que las políticas de los partidos comunistas dirigidas desde Moscú no eran una buena solución para los problemas a los que se enfrentaban en sus paises respectivos. No sé si el eurocomunismo de Carrillo, Berlinguer y Marchais -por citar a los secretarios generales de los partidos comunistas de España, Italia y Francia que fueron los creadores de tal tendencia-, tuvo un impulso especial para su gestación en el mayo del 68 pero igual no es muy descaminado decir que sí.

Años más tarde, ya en la universidad, el movimiento asambleario no había acabado ni mucho menos. Los estudiantes españoles que entramos en la universidad cinco o seis años después del mayo del 68 todavía nos encontramos que la política se vivía intensamente en las aulas. Las asambleas y las huelgas eran continuas, como lo eran los encierros de estudiantes como medida de protesta con los consiguientes desalojos por parte de la policía. Recuerdo especialmente un encierro en el colegio de San Agustín -en aquella época se daban allí clases de Filosofía y Letras y yo tenía muchos amigos que eran de letras-, en el que iban a visitarnos políticos y personas comprometidas (Aranguren por ejemplo). La sensación que se tiene en esas situaciones de que la energía que se acumula entre todos es capaz de mover los cimientos del mundo es impresionante. Nunca he vuelto a vivir cosa igual.

Y todo empezó en mayo del 68.

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