Archivos para la Categoría 'libros'

16
Nov
09

Me falta Caín

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Para los que no estéis al tanto, Caín es el último libro de José Saramago, autor por el que tengo una especial debilidad. En la foto se ven parte de los libros suyos que tengo en casa. Lo cierto es que ya estoy leyendo Caín y lo estoy disfrutando tanto como disfruté El evangelio según Jesucristo.

20
Ago
08

Descubriendo a Philip Roth

A raíz de un comentario de Jorge López me decidí a leer un libro de Philip Roth. Era algo que tenía pendiente desde hace tiempo ya que, raro en mí que no paro de leer, no se había dado la ocasión de leer nada de este autor, no sé muy bien por qué.

Escogí el último libro que ha publicado, Sale el espectro, ya que me fue muy fácil encontrarlo expuesto entre los más vendidos en unos grandes almacenes -en el corte inglés, vamos-, así que empecé por lo más nuevo, siempre se puede ir para atrás si es menester en esto de los libros.

Sería presuntuoso por mi parte hacer una valoración global de lo que me parece el autor por un solo libro que he leído de él. Pero sí puedo decir algo muy claro, me ha cautivado, he caído en sus manos, ya tengo otro autor del que me será difícil no leer todo lo que vaya encontrando. Es de los que merecen la pena, así que le tendré que dar las gracias a Jorge por su comentario sobre que estaba leyendo a Roth (creo que el mismo libro)…

Habréis observado quizás, si es que alguien ha leído alguno de mis comentarios anteriores sobre libros, que no me gusta contar lo que pasa en los libros. La lectura es un placer que hay que descubrir conforme se lee el libro. A mí no me gusta ni leer las solapas o contracubiertas donde se hace una sinopsis del libro, en todo caso la leo al final más por curiosidad que por otra cosa, y porque suelo leer los libros de cabo a rabo, leo las ediciones y las tiradas que llevan, los copyrights, los nombres de los traductores (muy importante este dato, hay que darles los créditos que se merecen, y no siempre se nombran; en este caso sí que está bien reflejado), y hasta el nombre de la imprenta; un plasta vamos, pero no lo puedo remediar.

Decía que no me gusta contar la trama del libro, así que no lo haré tampoco con éste. Pero los temas que trata Roth con una inteligencia sobresaliente son para nombrarlos: la muerte, el sexo, el deseo, las relaciones humanas, el envejecimiento (más bien el declive de todo tipo que conlleva la vejez)… Y lo hace de forma magistral. Con un riesgo grande en los planteamientos, en los personajes, y en el estilo. Hay literatura dentro de la literatura: sus citas y reflexiones sobre otros autores americanos son magníficas. Y novela dentro de la novela. Aunque decir novela es quedarse corto porque parte del libro más que novela es teatro, incluso el estilo que escoge el autor en esos diálogos ficticios que se inventa el personaje son del tipo de obra de teatro. Así que mezcla novela, teatro y ensayo en un solo libro. Por eso decía que arriesga en el estilo, porque es distinto a lo que estamos acostumbrados.

Igual alguno lo ha leído o lo lee más adelante y piensa que no es para tanto. En esto de la literatura los gustos están para usarlos. Yo he disfrutado descubriendo a Philip Roth y ahora tengo algo que no tenía antes, un nuevo autor.

05
Ago
08

Las pequeñas memorias de Saramago

Ayer terminé de leer el libro Las pequeñas memorias de José Saramago. Como su nombre da a entender se trata de un libro autobiográfico en el que el escritor nos cuenta su infancia, una infancia que recuerda con gran lujo de detalles.

Las pequeñas memorias

Me parece un libro esencial para conocer de verdad al escritor. A mí me gustó Saramago desde que leí la primera página de un libro suyo. Recuerdo que, no sin cierta cautela, me decidí a leer hace ya años El Evangelio según Jesucristo -las cautelas eran obvias, ya que el título no es de lo más atractivo para alguien que se declara ateo-, y no había pasado la primera página cuando caí rendido a la literatura y al estilo de Saramago.

El que haya leído libros de Saramago sabrá de lo que hablo. Tiene un estilo inconfundible, no sólo en la forma tan personal de utilizar los signos de puntuación (lo que se convierte en un sello personal estético) sino, lo que me parece más importante, en la forma en la que el narrador cuenta la historia, siempre se nota ese afán de no engañar al lector, de adoptar una actitud ética ante la literatura.

Sin embargo, en este libro no hay apenas literatura. Al principio desconcierta un poco pero pronto se nota que Saramago no ha querido hacer una novela de su niñez, no ha querido hacer literatura de su vida, simplemente la ha contado, ha contado las cosas tal y como se acuerda de ellas. Por supuesto, no contaré nada de las cosas que le pasan porque prefiero que seáis vosotros mismos quienes lo descubráis, pero después de leer el libro se entienden mucho mejor algunos de los temas recurrentes en los libros de Saramago, la muerte, el amor, la vejez, la ceguera, dios…

Y en una entrevista que le hace Juan Cruz, anexa al final de libro, reconoce que escribir estas memorias de su infancia le ha producido dolor. Juan Cruz le dice para terminar: Usted no es un hombre optimista. Y Saramago termina definiéndose como un optimista bien informado. Tampoco tiene desperdicio la entrevista.

Y hay más sorpresas en el libro en forma de fotos con sus pies de fotos manuscritos en español por el escritor.

¡Qué más se puede pedir!

El libro es un placer indispensable para los lectores de este inmenso escritor.

21
Jul
08

Pomponio Flato, o como pasar un buen rato

Hace unos días terminé de leer el último libro de Eduardo Mendoza: El asombroso viaje de Pomponio Flato. Me lo recomendó mi hermano ya que para mí había pasado desapercibido desde que se publicó hace unos meses, y eso que he leído casi todo lo que publica este autor…

No diré nada de la trama del libro para no quitarle gusto al que vaya a leerlo, pero sí diré en dos palabras lo que me ha parecido esta novela: inteligente y divertida. Las dos cosas en gran medida. A los lectores que conozcan a Eduardo Mendoza no hay que explicarles mucho más, es de esas en las que el autor nos hace reir con sus ocurrencias y con las cosas que le pasan a los personajes. Yo no podía aguantar que de vez en cuando, sabiendo incluso que podía molestar la lectura a quien al lado mía leía, me pillara por sorpresa una de sus frases y me saliera la carcajada, porque la sonrisa siempre estaba presente.

Y a los que no conozcan al autor les animo a que lean cualquiera de sus novelas, es uno de los grandes autores en español de la actualidad, así que no me arriesgo mucho con el consejo…

02
Jul
08

Libros, libros, libros

Hace bastante tiempo que no escribo de libros y no es porque no lea, sigo leyendo como siempre pero en los últimos artículos he estado más pendiente de la música, a la que no dejaré abandonada (ya tengo pensado el próximo disco dedicado…).

He estado leyendo un par de novelas de esas que podemos considerar éxitos de venta. Y entre las dos, teatro. Hacia las dos novelas tenía prejuicios porque conocía a los autores, en un caso el prejuicio era negativo y en el otro no. No sé si al final debería intercambiar los juicios sobre los escritores.

Ya he dicho en otros posts que cuando uno conoce aspectos de la vida personal de un autor, a veces esto influye en la consideración de su obra. Esto me pasó con la primera novela; fue un regalo que hice y que al final decidí leerla yo también. Es la novela finalista del último premio Planeta (Villa Diamante) y su autor el conocido por sus apariciones en televisión Boris Izaguirre. Es difícil en este caso guardarse de los prejuicios porque la figura del autor es demasiado conocida y da una imagen de frivolidad estudiada que no compagina a priori con la de un autor serio.

Nada más lejos de la realidad. Me he quedado sorprendidísimo de la calidad de la novela. Está muy bien escrita, con una sensibilidad muy notable, lo mismo que el manejo del lenguaje. Y las historias que cuenta entrelazan muy bien los aspectos personales con los sociales y políticos en una Venezuela que sufre las dictaduras de mediados del siglo pasado. Muy recomendable. Lo mismo que es recomendable no dejarse llevar por los prejuicios culturales; esto lo he recordado al leer a Boris Izaguirrre.

La segunda novela está siendo uno de los éxitos -si no el éxito- de ventas de la temporada: El juego del ángel, de Carlos Ruiz Zafón. Es de esas novelas que te atrapan, y ya no puedes dejar de leer porque la intriga de la trama es cada vez mayor, va in crescendo, y sin darte cuenta estás con unas ganas enormes de que pasen las páginas para enterarte de más cosas. No voy a contar nada de la trama ni del final porque estropearía su lectura. Pero sí diré que es una novela a la que cualquier final que se le hubiera puesto es difícil de admitir, de encajar de buena manera, de aceptar como la solución lógica. El autor es brillante y algunos de los personajes son magníficos -yo me quedo con el de Isabella, que me parece genial- y la recreación de Barcelona en los años veinte es muy buena, pero cuando termina uno de leerla se queda uno con un final no demasiado esperado, bueno pero no tan brillante como el resto. Quiero pensar que había pocos finales mejores…

Y entre medio de las dos novelas, una tragedia de Shakespeare. No hay nada mejor que volver de vez en cuando a los maestros totales de la literatura para apreciar de verdad su valor. Yo lo suelo hacer cuando no tengo a mano un libro nuevo y tengo necesidad de leer, que es todos los días. En este caso leí una tragedia que hacía mucho que no lo hacía, el Otelo -su título completo es La tragedia de Othello, el moro de Venecia-. Qué forma de construir personajes, dios mio. Y al contrario de lo que solemos creer desde un punto de vista muy reduccionista, Otelo no va sólo de celos -desde luego los celos de Otelo los sufre Desdémona que no es más que una víctima-. Pero Otelo, a su vez, es víctima de los engaños, de la traición, de la instigación hacia el asesinato de Iago (o Yago, según la traducción). Ése sí que es malo. Como todas las tragedias de Shakespeare termina mal y con un montón de muertos pero nos enseña en tan pocas escenas más de la naturaleza humana que muchos otros libros sesudos.

Venezuela (Villa diamante), Barcelona (El juego del ángel), Venecia y Chipre (Otelo), veréis que no he parado de viajar. Además de aprender en los tres libros cómo las pasiones humanas determinan nuestras vidas, y nuestro final.

23
Abr
08

Nevermore

Un comentario de Arias a un artículo anterior me hizo recordar la palabra nevermore, es la que una y otra vez repite el cuervo del poema de Poe -no es que Poe no escribiera más poesía, pero desde luego este poema es el más conocido-. Voy a confesar algo, aun a riesgo de parecer pedante (y comprendo que cualquiera pudiera pensarlo de mí, yo lo haría de otro): había leído el poema de Poe en su versión original, en inglés, y nunca llegué a leerlo en español. Me parecía bastante difícil de traducir, y en todo caso pensaba que al traducirlo se perdería todo el sentido del ritmo que Poe había procurado darle. Así que cuando vi lo que había escrito mi comentarista más asidua, Dijo el cuervo…”nunca jamás”, me acordé del Quoth the raven, “Nevermore.” de Poe y pensé que yo habría traducido nevermore por nunca más en vez de nunca jamás. Cualquiera de las dos traducciones es correcta pero no me imagino a un cuervo diciendo nunca jamás -para hacerse una idea puede uno intentar imaginarse a un loro, que será más sencillo, decir una cosa o la otra-.

Y como los pensamientos vuelan con rapidez, inmediatamente pensé que ‘nunca más‘ tiene para nosotros unas connotaciones especiales. Para empezar fue el nombre con el que se conoció al informe Sábato que nació de la comisión presidida por el escritor Ernesto Sabato para esclarecer las infamias que se habían producido en Argentina durante la dictadura militar. En él se detallaban los secuestros, las torturas y desapariciones que se habían cometido bajo el amparo del régimen militar que presidió ese país entre 1976 y 1983. Todavía recuerdo la cara de Sabato leyendo el informe, no se me olvida. Es difícil aceptar que los humanos seamos capaces de cometer tantas infamias, pero es así, no son patrimonio de ninguna época ni de ningún país sino que nos tienen que hacer pensar sobre la naturaleza humana, y no es muy halagüeño lo que vemos como colectivo -siguen y seguirán las guerras y la infamia, aunque yo desde luego no creo que haya que tener una actitud pasiva ante los hechos-.

También me recordó que los españoles hemos tenido recientemente otro nunca más en versión gallego, el nunca máis, el movimiento solidario de unos ciudadanos para recordar la enorme tragedia ecológica producida en las costas gallegas -pero no sólo en ellas- por el hundimiento del Prestige. Esa tragedia que debe ser recordada con la esperanza de que no se vuelvan a repetir las condiciones que se dieron en la catástrofe, tanto las del propio buque como de la gestión que se hizo por parte de las autoridades que participaron -nunca mejor dicho- en la tragedia.

Así que tenemos dos tipos de nunca más. En el poema Poe presenta a un hombre que se duele por la pérdida de su amada Leonor, y que intenta buscar noticias suyas a través de lo que él cree que es un espíritu o demonio que se le presenta en la forma de un cuervo que ante sus preguntas va diciendo una y otra vez, nunca más. Hasta que el hombre se da cuenta de lo irremediable de la pérdida. No va a volver a ver a Leonor nunca más. No hay solución ni vuelta atrás. La pérdida es irremediable e irrevocable, más vale que su espíritu se enfrente a ello y lo acepte.

Y por otra parte está el nunca más de los casos como los del informe Sábato o del Prestige. Son un grito de rabia pero también de determinación de que tragedias humanas o ecológicas no vuelvan a repetirse. Son la expresión de un deseo de que no se olviden los hechos para que tomemos conciencia de que no podemos permitir que sucedan de nuevo.Y he puesto solo dos ejemplos pero podría haber escrito muchos más de parecidas características. Cada uno puede recordar los que más le hayan impactado.

Lo irremediable de la muerte frente a lo remediable de la actuación humana. El cuervo nos dirá nunca más para que nos hagamos a la idea de que la muerte no tiene remedio, y nosotros tenemos que aprender a decirnos nunca más para no repetir los errores que cometemos en nuestra vida. Nevermore.

16
Abr
08

Va de libros

Por motivos profesionales he estado apartado del blog algo más de lo que me hubiera gustado, así que me disculpo ante aquellos que lo hayan visitado en los últimos días esperando ver algo nuevo -tampoco es que sean tantos los visitantes del blog pero desde luego sí son algunos más de lo que parece por el número de comentarios que se hacen-.

En un artículo anterior dije que escribiría sobre el último libro de Javier Marías y sobre el autor del mismo. Después, la serie de artículos seguidos sobre la universidad ha hecho que se retrase en el tiempo este artículo prometido. Y no es lo mismo escribir en caliente, en cuanto uno lo ha leído, sobre un libro que cuando después han venido otros. De todas formas tengo que aclarar que el que uno sea un lector asiduo (diría empedernido, pero me suena cursi) no le da más valor a sus opiniones que a cualquiera otra, y también aclaro que jamás leo las críticas literarias, ni antes ni después de leer un libro. Esto es como lo de los vinos que escribía hace tiempo, un libro te gusta o no, o te gusta mucho, poco o nada, no hay mejor crítico que uno mismo, lo que uno ve en un libro no tiene por qué ser compartido por otros, y esto se puede aplicar a casi todas las artes. Si hablamos de gustos literarios o de las emociones que provoca un libro en nosotros, siempre estamos hablando de una experiencia individual, no como puede llegar a ocurrir con otras cosas como por ejemplo un concierto, una obra de teatro, una película o incluso una exposición, actividades en las que tenemos al lado a otras personas y cuya sola presencia influye en cómo vemos o sentimos lo que se nos presenta (incluso llegando a la catarsis si hace falta).

Sin embargo, yo creo que hay pocas cosas tan íntimas como leer un libro. Y por eso solemos hablar poco de las emociones que nos producen -por eso y porque se lee bastante poco en general, no nos engañemos-. Bien, pues esta tercera y última parte de la novela de Javier Marías Tu rostro mañana, Veneno, Sombra y Adiós, me ha parecido simplemente genial. No es que haya variado mucho con respecto a las dos anteriores, ahí están, pero es en ésta donde me he encontrado con un escritor como pocos he disfrutado en mi vida. Es una novela -en su conjunto- arriesgada, técnicamente compleja y, para mí, lo que se podría llamar una obra cumbre. Realmente pasan pocas cosas, son unas pocas escenas las que transcurren en total, y son las continuas reflexiones al hilo de las cosas que pasan las que hacen única a esta novela. Uno puede abrir el libro por casi cualquier página -y yo lo he hecho una vez acabado de leerlo- y encuentra algo sobre lo que merece la pena pensar y sobre lo que Javier Marías nos ofrece sus reflexiones: la violencia, el desengaño, la cobardía, la traición…, una cosa impresionante. Sólo me había pasado eso de abrir un libro por donde sea y disfrutar de él en muy pocas ocasiones, casi el único caso que recuerdo es con Marcel Proust y su En busca del tiempo perdido. Y sí, lo que estoy haciendo literalmente es poner casi a la misma altura -digo casi por respeto a la figura de Proust- a la novela de Marías con la obra maestra de Proust. Esto es lo que a mí me parece este libro, una obra maestra, un placer para mis sentidos.

Tanto es así que después de leerlo no he tenido ganas de empezar a leer un libro nuevo -la verdad es que empecé uno y lo tuve que dejar a los diez minutos, no lo soportaba- y me he dedicado a releer alguno de los que tenía por casa. Empecé por algunos cuentos de Poe que siempre puede volver uno a ellos, y ahora estoy leyendo una novela que leí hace no sé cuántos años, muchísimos, una de Agatha Christie, Poirot en Egipto, aquella sobre la que se hizo la película Muerte en el Nilo. Conforme voy leyendo me acuerdo de la película y a Poirot siempre lo veo como a Peter Ustinov. Es entretenida y me está ayudando a pasar el periodo de ayuno necesario para tener ganas de volver a leer un libro nuevo, después de leer la enorme novela de Javier Marías.

05
Mar
08

Va de vinos (o no)

Aunque parezca mentira existen otras cosas en el mundo aparte de la campaña electoral. Llevo unos cuantos apuntes dedicados a la política y siento que es hora de aportar algo distinto a este blog. Claro que no se me ha ocurrido otra cosa mejor que hablar de vinos, así que no voy a mejorar mucho la corrección de mi imagen -no quiero dar pistas pero se lo he puesto fácil a cualquiera que quiera descalificarme ad aeternam con unos pocos adjetivos-.

Lo cierto es que anoche terminé de leer La Bodega de Noah Gordon, así que de ahí viene lo del vino. He hablado con gente a la que ha gustado la novela y con gente a la que no le ha gustado casi nada, que la han calificado de insulsa. Probablemente estos últimos se han visto un poco frustrados por lo que esperaban después de leer otras obras del autor. Hombre, una obra maestra de la literatura no es, se deja leer pero en conjunto me parece una novela fallida. Me explico: tiene muchos de los ingredientes necesarios para ser una novela de éxito (¿será así como se pueda describir un best seller?) pero no termina de aprovecharlos. Hay una historia personal de superación, hay una historia de amor, hay un trozo de la historia de España, hay una narración de cómo se pudo introducir en Cataluña la producción de vinos de calidad, incluso hay un malo que hace peligrar la vida del protagonista hasta casi el final. O sea que como diríamos por Andalucía: no falta de ná. Pero sí falta, falta sobre todo fuerza narrativa. No consigue por ejemplo que uno sienta interés verdadero por el mundo del vino, tan rico e importante en nuestro país.

Que la acción transcurra en el siglo XIX es un acierto en mi opinión, y podría haber incitado algún interés adicional por esa parte de la historia de España que es bastante desconocida, al menos los que ya tenemos cierta edad hemos olvidado gran parte de lo que estudiamos en su día sobre el periodo que sobrevino a las guerras carlistas y sobre la figura del general Prim -y me temo que los más jóvenes hayan estudiado todavía menos-. Yo recomiendo (con toda humildad, claro) un poco de lectura sobre el siglo XIX español porque muchos de estos lodos vienen de aquellos barros: conservadores y progresistas, tendencias separatistas en diversas regiones, recelos centralistas sobre las industrias catalanas, pronunciamientos… Y todo ello en medio de unas intrigas políticas que riéte tú de lo que ahora nos parece un espectáculo penoso -y lo es, nada más lejos de mi intención que justificar lo que vemos en el día a día de la política-.

¡Pero bueno! ¿Hablamos de vinos o qué? No puede ser que me deje llevar otra vez a otro terreno. Sea, hablemos de vinos. Es muy fácil mi postura. Me gustan. En España tenemos vinos buenísimos (vaya descubrimiento) y empezamos a tener cultura del vino que nos hacía falta. Hace un par de décadas los que pretendían entender de vinos lo tenían claro: se pide uno un rioja y si es caro es bueno. Los demás vinos tenían mucha menos fama y la verdad es que también menos calidad. Hoy no creo que haya ninguna parte de España en la que no se hagan buenos vinos, aunque unos estén más de moda que otros. Es un placer viajar por el país descubriendo los vinos que se hacen en cada sitio. Y hemos aprendido un montón sobre variedades de uva, conservación del vino, añadas o maridaje, por ejemplo. Incluso ya no nos avergüenza catar el vino en la mesa de un restaurante tal y como hemos aprendido a hacerlo porque nos lo han explicado en la tele (como casi todo).

Ahora voy a decir dos perogrulladas y a dar un consejo de cata. La primera de las perogrulladas es que un vino caro no tiene necesariamente que ser mejor: el precio de algo no siempre refleja su valor. La segunda es que rechazar un vino que nos están proponiendo en la mesa después de probarlo por el mero hecho de probar que se puede devolver a los corrales cuando uno quiere, no nos hace necesariamente unos entendidos: la prepotencia no está directamente relacionada con la enología. Y el consejo de cata. Haga el ritual que quiera, uno no tiene por qué demostrar conocimientos ante nadie para disfrutar del vino. Lo prueba, y si le gusta el vino es bueno. Ya está. No hay más. A beber.




Los seres humanos no nacen para siempre el día en que sus madres los alumbran, sino que la vida los obliga a parirse a sí mismos una y otra vez.
Gabriel García Marquez
¿Cómo vas a ser optimista si lees el periódico? El mundo es el lugar del infierno; millones nacen para sufrir: no le importa nada a nadie. No soy un pesimista, soy un optimista bien informado.
José Saramago

 

Noviembre 2009
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