Vamos a ver, vamos a ver, si después del yes, we can no tenemos que ir cambiando hacia el yes, we should…
Ayer, en un gesto que hay que reconocer que le honra, el presidente Obama dijo que le parecía indignante que la aseguradora AIG, que había tenido que ser salvada de la bancarrota por el gobierno estadounidense a costa de inyectarle más de 170.000 millones de dólares, intente repartir beneficios entre sus ejecutivos, precisamente los ejecutivos que casi son responsables de su total hundimiento. Pero no va a ser fácil, empiezan a decirnos, porque esos repartos están contemplados en los contratos de los ejecutivos. Si el que se supone hombre más poderoso del planeta y que llegó a la presidencia con el lema Sí, podemos ahora parece que no sabe si puede o no puede en un asunto tan claro como este, veremos a ver. Si el caso para Obama es indignante me imagino que él estará indignado y por menos algún presidente anterior era capaz de provocar una guerra…
Sí, ya sé que las normas y las leyes están para ser respetadas pero en el mejor de los casos los gobiernos han pecado de pardillos al inyectar dinero en el sistema financiero sin las mínimas medidas de prevención de estos casos. ¿Tan difícil era poner a disposición de las empresas dinero público con la condición de que si tenían beneficios lo primero era empezar a devolver ese dinero?
En España también se ha prestado mucho dinero a los bancos para potenciar la liquidez y ellos no lo están poniendo en circulación, y el gobierno simplemente avisa primero de que no era esa su intención cuando les dio el dinero y poco más tarde dice el ministro de Economía que no parece lógico que los bancos presten dinero sin las debidas cautelas. ¿Las ha tenido el gobierno al inyectarles tantos millones de euros? ¿Tendremos que admitir que las grandes entidades financieras reconozcan dentro de poco beneficios, enormes como siempre, y sin que ni devuelvan el dinero ni lo hayan usado para lo que se les concedió? ¿Tan pardillos somos?
Esto me recuerda al cuento del escorpión y la rana (ellos el escorpión, nosotros la rana). Un escorpión le pidió a una rana que le ayudara a pasar al otro lado del río. La rana le dijo que no, que temía que le clavara el aguijón y la matara, a lo que el escorpión le replicó que no fuera tonta que cómo le iba a clavar el aguijón si eso supondría la muerte de los dos. La rana, sensata, se dijo que el escorpión tenía razón y aceptó llevarlo en su espalda. A la mitad del río sintió el aguijón clavándose en su cuerpo y mientras el veneno la dejaba paralizada y se hundía en el agua se volvió hacia el escorpión y le preguntó, Por qué lo has hecho, ahora moriremos los dos. El escorpión solo dijo, Lo siento, es mi naturaleza.