Salvador Guirado, perdonen que no les dé la mano

No me gustan los toros

Junio 15, 2008 · No hay comentarios

Claro que me refiero a las corridas de toros, pero es lugar común hablar de “los toros”: voy a los toros, ¿te gustan los toros?, tarde de toros… Pues a mí no me gustan y preferiría que termináramos ya de una vez por todas con eso que algunos llaman fiesta nacional.

Antonio Muñoz Molina publicó ayer este artículo en El País que expresa de una manera magistral -no cabía esperar otra cosa de él, uno de nuestros grandes escritores-, lo que muchos pensamos de las corridas de toros.

No tengo más que añadir, sólo esperar que leáis el artículo y que crezca aún más la conciencia cívica que impulse a los dirigentes políticos a tomar medidas para que esto acabe más pronto que tarde. Y si no soy moderno, lo siento.

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No espero más

Junio 13, 2008 · No hay comentarios

No señor, no espero más a expresar públicamente mi admiración por Paul Newman.

Hoy y ayer, tanto el actor como sus representantes han desmentido que tenga un cáncer terminal. Me parece estupendo. Pero como tiene 83 años y es posible que más tarde o más temprano tengamos malas noticias sobre su persona -cuanto más tarde mejor-, no quiero esperar ninguna circunstancia lúgubre para decir lo mucho que me gusta como actor.

Para los que quieran leer cosas sobre su vida artística y personal les recomiendo que sigan este enlace.

Como es natural tengo mis películas preferidas de las que protagonizó. De su primera época me quedo con dos adaptaciones maravillosas de obras de Tennessee Willians. Las dos dirigidas por Richard Brooks. La primera, La gata sobre el tejado de zinc, formando pareja con Elisabeth Taylor -probablemente en ese momento, y casi para siempre, los dos rostros más bellos del cine-, y la segunda ese Dulce pájaro de juventud junto a Geraldine Page que no tenía que ser bella para ser una enorme actriz, su papel de actriz madura que utiliza a un joven galán para autoafirmarse y que es usada a su vez por el gigoló para acercarse a su amor de juventud, es de los que siempre recordaré.

Bueno tengo que reconocer que me gustan todas las películas en las que sale Paul Newman, a pesar de que acabe de decir que tengo mis preferidas. Pero por seguir nombrando algunas de las que me dejaron huella y casi por orden cronológico está su interpretación del detective Harper, en Harper investigador privado, y cómo no, Dos hombres y un destino con otro de mis preferidos, Robert Redford (¿alguien da más?).

Una de sus películas con las que disfruto más es El castañazo, que parece una película menor sobre el mundo del hockey sobre hielo, pero que es divertidísima y en la que hace una magnífica interpretación. Como igual de divertida, y mucho más famosa es El golpe, de nuevo con Robert Redford.

Y de la última época -aunque de esto haga ya 22 años- con la que por supuesto me quedo es con El color del dinero, que es una revisión buenísima de una de sus películas anteriores, El buscavidas. En El color del dinero Newman le da un repaso interpretativo a un jovencito Tom Cruise, que ya quisiera, en todos los sentidos, que algo se le hubiera pegado del maestro del billar y de la interpretación.

¿Ha quedado claro que me gusta Paul Newman? Soy una persona que se ha criado en una época en que no estaba bien visto que un hombre dijera que le gustaba otro, los prejuicios eran enormes -algo ha cambiado, aunque queda un camino por recorrer-, pero si lo decías de Paul Newman era distinto, era como si todos los “machos” aceptáramos que él estaba un nivel por encima de todos en belleza, y como lo aceptábamos todos -y todas, pero ésa es otra historia- pues nos conformábamos, aunque en realidad lo que muchos querían sin decirlo es ser Paul Newman.

Sin embargo, Paul Newman no sólo ha sido uno de los más bellos actores cinematográficos, sino que es un actor que ha dado más de 50 años de su vida al cine, es un gran profesional, y se ha mantenido lejos del mundanal ruido de Hollywood.

A mí tampoco me hubiera importado ser Paul Newman. ¡Mira tú qué listo!

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Discos dedicados (sesión de tarde)

Junio 12, 2008 · 2 comentarios

Esta mañana hemos tenido el examen final de la asignatura. Digo hemos y los alumnos que lean esto dirán, ¡vaya cara, lo hemos tenido nosotros, no tú! Vale, aceptado, podéis desahogaros lo que haga falta.

No sé ahora, pero en mis tiempos era constumbre tomarse un tiempo libre después de un examen para desaturarse (normalmente era irse de cervecitas, creo recordar…) y poder dejar la mente “limpia” (que no en blanco) para ponerse a estudiar el siguiente.

Es posible que ya no sea así porque no sé cómo nos las apañamos que hay exámenes casi todos los días, y es por lo que he decidido dedicaros este tema para que podáis descargar algo de adrenalina.

Es el Stairway to heaven de los Led Zeppelin, y que tiene el que fue considerado como mejor solo de guitarra de la historia del rock, de la mano del magnífico Jimmy Page.

Pero si queréis otro de los buenos, relajadito pero con fuerza, escuchad este otro tema.

Until we say goodbye de Joe Satriani

Qué a gusto se queda uno… ¡A empezar de nuevo!

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Ministra feminista

Junio 11, 2008 · 2 comentarios

Un pelín de revuelo sí que se ha formado tras la primera comparecencia en el Congreso de la ministra de Igualdad, Bibiana Aído, ya que utilizó la expresión miembros y miembras de esta comisión. Evidentemente el término miembra no está recogido en el diccionario de la lengua y por tanto, sin más, hay que considerarlo incorrecto. Vale, ¿y qué?, ¿es para tanto?…

Bien, analicemos la situación :-) . Puede que sencillamente fuera un lapsus fruto de los lógicos nervios de una ministra en su presentación en el congreso de los diputados explicando las primeras medidas adoptadas por su ministerio. Un lapsus lógico en alguien que está continuamente usando dobles vocablos -masculino y femenino-, para ser lo que se llama políticamente correcto. Y que después, advertida de su error y más chula que un ocho decidiera tirarse al agua y proponer que la palabra pueda llegar a ser incluida en el diccionario (tengo la sensación de que tiene cierta chulería, lo que a mí me parece bien, ya que fue capaz de dejar algo descolocado a Iñaki Gabilondo en la estrevista que le hizo en televisión nada más ser nombrada ministra).

O puede que la ministra fuera totalmente consciente de la palabra que estaba usando y quisiera reivindicar un nuevo vocablo a fuerza de acostumbrarnos a su uso. Son tantos los casos de incorporaciones al diccionario de sustantivos que se han feminizado, sobre todo para designar profesiones: médica, jueza, ministra, arquitecta… Es verdad que hace sólo unas décadas eran tan pocas las mujeres que accedían a ejercer esas profesiones que no parecía haber necesidad de especificar el sexo del profesional. Ahora no es así, y lo que al principio parecía una barbaridad y hasta estéticamente horrendo pues se fue aceptando sin más. El lenguaje es así, cambiante, vivo, sujeto a las presiones que se ejercen sobre él. Hay que cuidarlo, eso sí, pero en mi opinión (que ha ido cambiando con el tiempo) es mejor cuidarlo como se cuidan algunas plantas, regándolas adecuadamente, con cariño, podando cuando sea necesario, y dejando que tiren por donde quieran que para eso están vivas (no todas las plantas se cuidan así, ya lo sé, aunque sea biólogo no soy experto en esto).

Pero si esos que han saltado a la yugular de la ministra lo hicieran cada vez que un político o una figura pública le diera una patada al lenguaje, no harían otra cosa en su vida porque no iban a dar abasto. Y no lo hacen. Puede ser también por dos razones, que tampoco es que sepan tanto como para estar corrigiendo al que se equivoca (esto indubitativamente :-) , como diría alguno de ellos, es así), o bien porque quien ha dicho lo que ha dicho es mujer, ministra, y feminista. ¿Fastidia? Pues al que le fastidie ya sabe lo que hay…

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No puede ser verdad…

Junio 10, 2008 · 2 comentarios

No puede ser verdad que esté de acuerdo con lo que dice un rector de universidad… :-)

Carlos Berzosa, rector de la complu, escribió ayer este artículo en El País.

Qué poco tengo que añadir a lo que escribe. Yo soy de los que participó primero, se desilusionó después, e incluso me enfadé al ver lo mal que se está llevando a cabo el proceso de reformas en la universidad conocido globalmente como Bolonia. De mis escritos anteriores en el blog se puede notar algo de todo esto.

Para los que estamos en universidades periféricas todo es aún más complejo porque además de la ANECA -la agencia nacional de evaluación, calidad y acreditación que cita en su artículo- tenemos las correspondientes agencias autonómicas (y las comisiones de expertos más o menos oficiales), con lo cual las expectativas de aumento de la carga burocrática son bastante peores.

A algunos incluso ya nos enfadaba el continuo recurso a los términos calidad y excelencia, que impregnan el discurso de otros muchos participantes en el proceso, y que lo vemos como un trágala -me temo que muchas veces lo hacen sin ser ni siquiera conscientes de por qué lo hacen- para hacernos más digerible la entrega de la universidad a las leyes del mercado.

Pasado el lógico enfado, hay que ser conscientes de que la universidad puede y debe evolucionar. Pero somos nosotros, los universitarios (todos, profesores, alumnos, pas), los que debemos decidir hacia dónde queremos encaminar las reformas. Todo lo que no sea eso se convertirá en una imposición que si se llega a dar porque existan los mecanismos legales para hacerlo no tendremos más remedio que aceptar, pero que no dará los frutos apetecidos porque el pensamiento crítico que debería ser santo y seña de los universitarios no admite fácilmente imposiciones. Hay que convencer no imponer. Y no se convence con normas y más normas.

No os imagináis lo ridículo que puede llegar a ser cuando nos reunimos profesores para hablar de la docencia que queremos impartir y coordinar programas entre universidades de la misma comunidad autónoma, y lo que nos dedicamos a hacer es explicarnos unos a otros cómo hay que rellenar las tablas que nos piden que rellenemos a mogollón. Si hace falta daré detalles…

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Discos dedicados

Junio 9, 2008 · 1 comentario

Hace años, pocos para la historia muchos para una vida :-) , había un programa en la radio que se llamaba Discos dedicados. Tuvo sus mejores años en las décadas de los 50 y 60 del siglo pasado, aunque creo que siguió vivo en algunas emisoras locales durante los años 70.

En aquellos tiempos la radio era la única ventana al mundo de la música. Y por muy baratos que fueran los discos de vinilo, poca gente podía comprarlos. Así que la forma de escuchar los éxitos del momento era a través de la radio.

Creo recordar que el programa tenía dos horarios, uno por la mañana después del angelus -sí, todos los días a las doce en punto se paraba la programación y, con una melodía inconfundible y una voz de las de toda la vida que decía Es la hora del angelus, empezaba el rezo en las ondas-, y después también tenía horario de tarde.

Así que el personal se llegaba a la emisora (lo de llamar por teléfono como que no) y dejaba una petición para que antes de poner una canción (casi siempre eran las más escuchadas, éxitos de los de la época) se la dedicaran a alguien con motivo de su cumpleaños, su primera comunión, su santo, la marcha a la mili, y cosas así. Las dedicatorias eran casi siempre del mismo estilo Para Juan en el día de su cumpleaños de sus padres que lo quieren, Para Conchi en el día de su santo de parte de Paco, ya os podéis imaginar, pero las que más gracia me hacían eran las del tipo Para mi pollito de parte de quien ella sabe. Ese de quien ella sabe (o de quien él sabe, pero me parece que éstas eran menos frecuentes) es lo que con más cariño recuerdo del programa.

Hoy voy a dedicaros una canción en estos nuevos discos dedicados. No es un secreto por tanto quién es el que manda la canción; es para todos vosotros, los que estáis estudiando, los amigos, los lectores del blog, y para los que forman parte de mi vida.

El tema es magnífico One for my baby (and other one for the road) y la cantante es Billie Holiday

Dedicado a todos vosotros.

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Reflexiones cruzadas

Junio 8, 2008 · 8 comentarios

No me preguntéis por qué se me ocurre hablar de esto ahora; una serie de reflexiones cruzadas motivadas por lo que leo, escribo, pienso, pregunto y no sé qué más cosas hacen que vuelva al tema de la mente.

Todo viene por una pregunta sobrevenida sobre por qué los griegos de la antigüedad sabían tanto de la naturaleza humana. Nuestra cultura y nuestra civilización están impregnadas de las ideas de aquellos griegos que filosofaron y escribieron como nunca después se ha visto nada igual.

Cuando hablo a mis alumnos de las capacidades del cerebro y abordamos el tema de las funciones cerebrales llamadas superiores, el lenguaje, el pensamiento abstracto…, les digo una perogrullada que tiene su pequeña trampa. Podemos hacer esas funciones porque nuestro cerebro tiene una estructura que las permite. O sea, que lo hacemos porque lo podemos hacer (ésta, obviamente, es la perogrullada). Pero si la estructura de nuestro cerebro nos lo permite y esa estructura es propia del cerebro humano, tendríamos que pensar que todos los humanos poseeríamos teóricamente las mismas capacidades intelectuales. Con pequeñas variaciones, y respetando las excepcionalidades, el cerebro de nuestra especie permite hacer todo lo que hacemos.

Por eso no es de extrañar que los hombres antiguos de los que tenemos noticias históricas tuvieran esas cualidades mentales tan magníficas. Como norma general, no somos más inteligentes que los antiguos griegos, ellos eran tan inteligentes como nosotros. Tendemos a confundir desarrollo tecnológico o científico con inteligencia, y no es así. Nuestro mundo puede estar mucho más desarrollado tecnológicamente y los logros científicos se han ido acumulando a través de los tiempos, pero nuestro cerebro sigue siendo el mismo. No tiene más capacidades, su estructura básica es la misma.

Y esto tiene que venir siendo así desde que somos especie Homo sapiens. Esto es más difícil de digerir, pero las capacidades mentales de un hombre de los que habitaban las cuevas de Altamira no tenían por qué ser inferiores a las nuestras. Lo mismo que no lo son las de cualquier humano de alguna tribu perdida de la selva. ¿O es que creemos que nuestro cerebro es “superior” al de esos indígenas? (me temo que para alguna gente esto sea así, pero allá ellos).

Qué es lo que hace entonces que en un grupo de humanos se desarrollen unas condiciones en las que aflore el pensamiento más elevado, y los griegos aquellos “inventaran” la filosofía o la tragedia o la comedia o la mitología olímpica… Me parece que la respuesta hay que buscarla en otra de las capacidades cerebrales que tenemos muy desarrollada: el aprendizaje, y junto al aprendizaje, la memoria declarativa (esa memoria que tenemos los humanos y que nos permite “declarar” lo que hemos aprendido).

O lo que es lo mismo. La escuela. En el amplio sentido. La educación. Eso es lo que permite desarrollar al máximo nuestras capacidades intelectuales. Ellos, los griegos antiguos, la tenían. Nosotros no estoy muy seguro de que vayamos por el buen camino…

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Por qué será

Junio 6, 2008 · 2 comentarios

Hoy me acabo de enterar por la prensa de que Diego El Cigala saca nuevo disco.

Después del éxito tan rotundo que tuvo con sus Lágrimas negras, con una combinación tan fuertemente emotiva de su voz y del piano de Bebo Valdés, ahora se atreve de nuevo con temas tan conocidos como Dos gardenias o Angelitos negros.

Todavía no he escuchado ninguno de esos temas, ya llegará el momento, pero quiero dejaros un vídeo más antiguo en el que se puede apreciar el arte, la sensibilidad de este artista.

La letra empieza así:

Durante un tiempo muchos lo empezaron a comparar con Camarón; siempre pasa lo mismo, en cuanto alguien despunta se le compara con los ídolos. A mí no me hace falta compararlo. Disfruto de lo que en cada momento dan. Y aunque me gusta el flamenco, también disfruto cuando un flamenco se aparta de lo cabal y nos regala música vista desde su perspectiva.

Por qué será que el flamenco, el jazz, los boleros, las coplas, están llenos de letras en las que las lágrimas -las penas- están siempre presentes, y por qué será que me gustan tanto a mí que me considero una persona alegre…

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5 de junio

Junio 5, 2008 · 7 comentarios

Hoy hace 130 años que nació Pancho Villa. Primero bandido y luego revolucionario mexicano. Personaje muy complejo y muy importante en la historia relativamente reciente de México. El cine se ha encargado de hacernos ver la revolución mexicana de una manera un tanto caricaturesca, pero el levantamiento contra el dictador Porfirio Díaz puede considerarse como la primera revolución social del siglo XX (sí, por delante de la rusa). En esta revolución se luchaba por cosas como la reforma agraria, la justicia social, la educación… Si en el sur de México el general Zapata lideraba las tropas revolucionarias, en el norte la lucha estaba dirigida por Pancho Villa. Su figura está adornada por inmumerables leyendas y algunos mitos.

Y hoy hace 61 que se aprobó el plan Marshall de Estados Unidos para ayudar a la reconstrucción de los países europeos asolados por la II Guerra Mundial. España no recibió ayuda alguna del plan Marshall -no participó en la guerra, aunque el país estaba también asolado por su guerra civil-, y de nuevo el cine caricaturizó (de manera genial) la no recepción de las ayudas estadounidenses en la magnífica película Bienvenido Mr Marshall, de Luis García Berlanga.

El siglo XX estuvo lleno de cosas así, revoluciones, guerras, planes de reconstrucción…, y no se puede explicar nada de lo que nos pasa hoy día a nivel mundial sin conocer nuestra historia reciente.

Esperemos que ante las crecientes tensiones que se producen a nivel planetario por el afán de enriquecimiento de unos pocos, no haya que ver más bien pronto que tarde a masas levantadas al grito de ¡Viva Pancho Villa!

5 de junio, buen día para nacer.

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Aulas vacías

Junio 4, 2008 · No hay comentarios

Ahora sí que se nota que el curso ha acabado, las aulas sólo se llenan cuando hay algún examen y los pasillos y los aparcamientos se ven igualmente vacíos. Todavía nada comparable a cuando llegue julio, que esto empezará a parecerse a un desierto. Y esto pasa en una de las facultades donde los profesores acuden mayoritariamente a su trabajo todos los días del curso, no quiero pensar qué ocurrirá en aquellos centros en los que ya durante el curso es normal que muchos sólo vayan cuando tienen clases…

No sé si los alumnos se percatan de ello pero a los profesores -quitando a algún sádico que haya por ahí- no nos gusta especialmente corregir exámanes. Y no es por tener que trabajar, no seáis mal pensados, incluso a los que les/nos gusta ser profesor esto de corregir exámenes se antoja algo poco gratificante.

Por eso -y no por ninguna otra razón de peso- creo que se inventaron los exámenes tipo test. Llevo casi treinta años de docencia y jamás he puesto un examen tipo test, ni me parece que lo vaya a hacer (no creo que los pedagogos que se están adueñando del ideario de Bolonia, tengan poder suficiente para obligarme a hacer un tipo específico de examen, aunque como nos dejemos manejar como lo estamos haciendo algunos nos vamos a tener que ir a las trincheras).

Total, que siempre a final de curso me veo corrigiendo muchos exámenes que tengo que leer con detenimiento para poder corregirlos adecuadamente. Quejarse aquí de nada sirve, pero es impactante ver cómo escriben los futuros licenciados, qué mal. Qué desilusión corregir un examen tras otro y ver que la mayoría no sabe expresar una idea de forma mínimamente coherente. Y qué ilusión cuando de repente te encuentras a una persona que sabe escribir. Eso te predispone a ser positivo con respecto a la evaluación. Y quien no lo acepte así es que no dice la verdad. Precisamente una de las críticas que se le hacen a los exámenes que no son tipo test es que no son lo suficientemente objetivos. Como si la relación maestro-alumno tuviera que ser objetiva. Errores o incluso injusticias se cometen a la hora de evaluar, para eso están los mecanismos previstos en los reglamentos y estatutos de las universidades, para garantizar la justicia del proceso de evaluación. Pero ser objetivos es algo ligeramente distinto a ser justo. Yo quiero ser justo pero no me empeño o encabezono por ser objetivo. Los matices de esta última afirmación son más que interesantes y probablemente algunos puedan opinar de forma totalmente distinta -igual tendré que escribir algo más sobre ello-.

Pero a lo que iba, que las aulas están vacías. Que hay un silencio extremo. Aquellos que piensan en la universidad sólo como un servicio público en el que los que ofrecemos el servicio somos los profesores y el PAS, y los que lo reciben son los alumnos, los clientes, los que “pagan” por el servicio, pensarán que vaya desperdicio de recursos. Esto está sin clientes desde ahora hasta finales de septiembre que empezarán otra vez las aulas a llenarse. Es como si el corte inglés cerrara tres o cuatro meses al año, ¡vaya empresa sería!

Pues aquí pasa lo mismo, como las universidades se van convirtiendo poco a poco en prestadoras de servicios -y se olvidan de otra parte fundamental de su razón de ser, que es generar conocimiento-, dentro de pocas semanas empezarán a florecer por doquier cursos de verano -qué bonito- para que los alumnos sigan pagando matrículas, sigan obteniendo créditos de libre configuración (que hay que ver los cursos que después pretenden que se les reconozca, creédme he estado cuatro años presidiendo la comisión de convalidaciones de biología), y para que algunos profesores saquen dinerillo extra de las charlas que dan en esos cursos. Hay algo que no me acaba de gustar en todo ello. No quiero criticar de forma global estos cursos pero no me llaman la atención. Si aquellos que en verano muestran una actividad febril dando cursos y conferencias lo hacen igualmente durante todo el curso académico, entonces no tengo nada que decir, es su forma de realizarse en su trabajo. Pero me temo que ésos son una minoría.

Los que vivimos a caballo entre las aulas y los laboratorios -o la investigación en general, hablo de lo que sé- no tenemos mucho problema en adecuar nuestras actividades según haya o no docencia. Si no damos clases, estamos más tiempo investigando (aunque muchos opinamos que gastamos gran parte del tiempo en tareas burocráticas), pero lo que no se puede negar es que la universidad pierde encanto, pierde vida cuando las aulas están vacías. Por eso divago tanto…

Suerte a todos con los exámenes.

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