Leo en el 20minutos que a Michael Jackson le aterra cantar, que ha suspendido una actuación en American Idol (uno de los programas de éxito en la tele estadounidense) porque no se sentía capaz de volver a presentarse en público. No me extraña después de todo lo que ha pasado en su vida -en estos momentos no juzgo ni prejuzgo a nadie, en todo caso los juicios de valor sobre las personas que nombre en este artículo me los reservo para mí-. Lo que me interesa recalcar es que en algunos casos es más que evidente que el encumbramiento (endiosamiento, más bien) que hacemos de determinadas personas no les ayuda a mantener un equilibrio en sus vidas. Contribuimos todos, pero los medios de comunicación, que en tantas ocasiones se convierten en medios hacedores de opinión al servicio de quien pague (o quien esté detrás moviendo los hilos) en ese momento, son los principales responsables de que esto se descontrole.
A decir verdad, los medios no se inventan al artista o al deportista, que entre ellos anda el juego, están ahí, tienen talento y llegan a vivir muy bien de ello. Me acuerdo ahora también de Maradona, o más recientemente de Ronaldinho, y de Kurt Cobain y de Camarón. Hay tantos. Todos tienen o tenían talento especial para hacer lo que hacían. Pero casi nadie está preparado para mantener el equilibrio personal cuando los convertimos en ídolos. Y es que todos, a poco que se nos mire, tenemos los pies de barro, todos tenemos debilidades y miserias que si se hicieran públicas día sí y día también acabarían por hacernos perder el norte. Somos imperfectos (otra cosa son las conductas punibles, que de eso se deben encargar los tribunales). Y los grandes hombres -en sentido general lo de grandes, se entiende- también.
Supongo que Napoleón o Einstein o Picasso o Cervantes o Beethoven también tendrían sus pequeñas miserias. Algunos historiadores nos las han contado. Siempre me he preguntado si es lícito separar al artista de su obra. Si para hacer un juicio de la obra de un artista también lo tenemos que hacer del artista mismo. No digo prejuicio, que eso es otra cosa: de eso estamos llenos, basta que un artista no sea de nuestra onda ideológica para que nos parezca horrible. O que haga declaraciones fuera del contexto de su especialidad.
No, hablo de juicios sobre el artista. El escritor y su obra, el músico y la suya, el pintor, el cineasta… Casi es mejor no conocer a los que admiramos no vaya a ser que nos defrauden como personas y ya no podamos disfrutar como lo habíamos hecho hasta ese momento de sus obras. Esto es lo que supongo que teme Michael Jackson, que nos acordemos de los enredos, juicios públicos, arreglos extrajudiciales y todo eso en los que ha participado y ya no podamos disfrutar de su música ni de su baile. Porque cantar y bailar lo hacía estupendamente. ¿Seríamos capaces de volver a verlo como si no hubiera pasado nada? Quién sabe, yo creo que no, pero vete tú a saber. Como los medios o los intereses que haya detrás se lo propongan, nos lo vuelven a endiosar… Y si no, esperarán a que ya no esté para volver a hacer negocio de sus ídolos con pies de barro.
