Os dejo aquí un enlace a una entrevista muy interesante a la que ha llegado a través de meneame.net.
http://www.consumer.es/web/es/educacion/universidad/2009/04/15/184691.php
Comparto bastante las opiniones de este profesor universitario.
Os dejo aquí un enlace a una entrevista muy interesante a la que ha llegado a través de meneame.net.
http://www.consumer.es/web/es/educacion/universidad/2009/04/15/184691.php
Comparto bastante las opiniones de este profesor universitario.
No puede ser verdad que esté de acuerdo con lo que dice un rector de universidad…
Carlos Berzosa, rector de la complu, escribió ayer este artículo en El País.
Qué poco tengo que añadir a lo que escribe. Yo soy de los que participó primero, se desilusionó después, e incluso me enfadé al ver lo mal que se está llevando a cabo el proceso de reformas en la universidad conocido globalmente como Bolonia. De mis escritos anteriores en el blog se puede notar algo de todo esto.
Para los que estamos en universidades periféricas todo es aún más complejo porque además de la ANECA -la agencia nacional de evaluación, calidad y acreditación que cita en su artículo- tenemos las correspondientes agencias autonómicas (y las comisiones de expertos más o menos oficiales), con lo cual las expectativas de aumento de la carga burocrática son bastante peores.
A algunos incluso ya nos enfadaba el continuo recurso a los términos calidad y excelencia, que impregnan el discurso de otros muchos participantes en el proceso, y que lo vemos como un trágala -me temo que muchas veces lo hacen sin ser ni siquiera conscientes de por qué lo hacen- para hacernos más digerible la entrega de la universidad a las leyes del mercado.
Pasado el lógico enfado, hay que ser conscientes de que la universidad puede y debe evolucionar. Pero somos nosotros, los universitarios (todos, profesores, alumnos, pas), los que debemos decidir hacia dónde queremos encaminar las reformas. Todo lo que no sea eso se convertirá en una imposición que si se llega a dar porque existan los mecanismos legales para hacerlo no tendremos más remedio que aceptar, pero que no dará los frutos apetecidos porque el pensamiento crítico que debería ser santo y seña de los universitarios no admite fácilmente imposiciones. Hay que convencer no imponer. Y no se convence con normas y más normas.
No os imagináis lo ridículo que puede llegar a ser cuando nos reunimos profesores para hablar de la docencia que queremos impartir y coordinar programas entre universidades de la misma comunidad autónoma, y lo que nos dedicamos a hacer es explicarnos unos a otros cómo hay que rellenar las tablas que nos piden que rellenemos a mogollón. Si hace falta daré detalles…