Un grupo de científicos alemanes acaba de publicar un interesante artículo en la prestigiosa revista Journal of Neuroscience que se titula Cambios estructurales inducidos por entrenamiento en el cerebro de los viejos (Training-Induced Brain Structure Changes in the Elderly), en este enlace podéis ver un breve resumen en inglés.
El mismo grupo ya había publicado un artículo anterior donde se describían cambios transitorios y muy selectivos en ciertas regiones cerebrales de voluntarios jóvenes sometidos a un entrenamiento de habilidades motoras. Ahora se trataba de ver si los mismos cambios se producen también en individuos más viejos y comparar los resultados con los del grupo joven.
La edad media de los voluntarios en este estudio es de 60 años (estaban comprendidos entre los 50 y los 70). Quizás en este caso traducir elderly por viejos es demasiado -sobre todo porque yo me tendría que incluir en el grupo-, pero hecha la aclaración ya sabemos a qué grupo de personas se refiere el artículo.
El entrenamiento de habilidades motoras al que fueron sometidos es curioso: hacer malabarismos con tres bolas. Ninguno de los voluntarios tenía experiencia previa en estos malabarismos, así que todos partían de las mismas condiciones.
El estudio en sí es interesante, demuestra, con los pertinentes controles, que el cerebro de los mayores sufre cambios relacionados con el entrenamiento en las mismas zonas que el cerebro de los jóvenes. Cuando un cerebro sufre cambios se habla de un fenómeno de plasticidad. Eso quiere decir que el cerebro tiene la capacidad de cambiar (ser plástico), de adaptarse a nuevas condiciones ambientales, y esta capacidad de cambio afecta no sólo a la función (se pueden hacer cosas distintas) sino también a la estructura (al tamaño o volumen de una determinada región cerebral, al número y tipo de conexiones de las células de esas regiones, o incluso a la aparición de nuevas células en algunas zonas concretas).
Los cambios son reversibles, de tal manera que después de un tiempo sin hacer malabarismos el cerebro vuelve al mismo estado de antes de hacer los ejercicios. Es otra consecuencia de la plasticidad: si se cambia en un sentido se puede cambiar en el contrario.
Lo que me ha resultado interesante de la investigación es un resultado que se produce exclusivamente en el cerebro de los mayores y no se produjo en el de los jóvenes. Dos regiones cerebrales sufrieron cambios específicos en el cerebro de los viejos: el hipocampo y el núcleo accumbens (los nombres sólo interesarán a algunos; los pongo para ellos). Lo que hay que explicar es que el hipocampo está relacionado con el aprendizaje (memoria y aprendizaje, fundamentalmente relacionado con el espacio que nos rodea, algo así como aprender a situarnos en el espacio, pero también algo de aprendizaje motor como se puede ver en este artículo), y lo que es más curioso aún es que el núcleo accumbens está relacionado con sistemas de recompensa en el cerebro: cuando alguna situación nos resulta reconfortante (o al contrario) se produce actividad en el citado núcleo.
Inmediatamente me he preguntado: ¿será que los viejos de esta investigación se reconfortaron más porque fueron capaces de hacer una actividad para la que no se creían capacitados? Es posible. Si a mí me hacen aprender malabarismos a mi edad es posible que me sienta más contento que si se lo hacen aprender a un joven de veinte años, para él puede ser una cosa más, para mí un logro.
La moraleja de este estudio es que conforme uno se hace mayor no debe de dejar de hacer cosas nuevas, es más debe hacer muchas más cosas nuevas y no parar porque si se para volvemos al estado inicial. No recomiendo especialmente ninguna actividad física pero sí aquellas que requieran coordinación y equilibrio, sean malabarismos o bailar salsa o hacer deporte. Nuestro cuerpo lo agradecerá y nuestro cerebro también.
