Etiqueta agregada: ‘creencias

23
Nov
08

Amar la vida sin necesidad de dios

Una amiga me contesta en su blog medio en broma medio en serio que el ateísmo es la ausencia de creencia. Y aunque inmediatamente tuve tentaciones de contestar me callé porque cualquier respuesta que quisiera darle necesitaría de más espacio del que es razonable ocupar en el blog de otra persona, según entiendo yo las normas de cortesía no escritas, y en todo caso por mí cumplidas, que acompañar deberían a los que ocupamos parte de nuestro tiempo en esto de los blogs.

Admitir la ausencia de creencia para definir el ateísmo no parece cosa tan grave. En definitiva no creer en dios implica una negación. Visto así, parece que al ateo es que le falta algo, la ausencia siempre presupone algo o alguien que no esté. Es como si no estuviéramos completos, los ateos, porque a la ausencia de dios le añadimos la ausencia de las creencias. Yo no lo veo así. Creer en la existencia de un dios no hace más completos a los creyentes, ni lo contrario menos completos a los no creyentes.

Los hombres construyen una y otra vez la idea de un dios creador porque no sabemos explicar la vida, ni cómo se pudo originar ni cómo ha dado lugar a la infinidad de formas que se pueden encontrar en ella ni, mucho menos aún, cómo desde una célula primigenia llega a aparecer un animal dotado de unas cualidades tan insólitas como las humanas. Pero no nos olvidemos que la imagen o la idea de dios es un producto de la mente humana, y generalmente no pasa como dice la biblia que “Dios creó al hombre a su imagen y semajanza”. Más bien ocurre lo contrario, que creamos una imagen de dios a semejanza nuestra.

Para empezar, el hombre creyente, que se considera rey de la creación porque así lo ha decidido el creador, admite sin problemas que los animales y las plantas (en realidad la mayoría de los seres vivos son unicelulares, así que escapan a esta clasificación) son seres inferiores que hay que cuidar porque son obra divina pero que no tienen la misma categoría. Las cosas son así porque así lo ha decidido dios (ay, ése “dios lo ha querido” qué poco consuelo me da). Y el hombre creyente inteligente, sabedor de la trampa que encierra el pensar que algo tan lleno de fallos como es la “naturaleza humana” haya sido la mejor obra de dios, inventa el concepto de libertad de elección para explicar que no es que el mundo no esté bien hecho, es que dios, en su infinita bondad, nos da la libertad de elegir y somos nosotros los que la fastidiamos. Elegimos el camino del mal cuando fácilmente podríamos elegir el camino del bien. Las guerras, los crímenes, las aberraciones cometidas contra otros seres humanos, la miseria, la pobreza degradante de la condición humana, cuando hablamos de estas cosas los creyentes dicen enseguida que dios no tiene nada que ver. Somos los hombres los responsables. Pues claro que lo somos, quién si no. Parece que para los creyentes dios hizo algo bueno una vez y ya somos nosotros los que vamos degradando su creación. Qué dios tan poco poderoso y tan poco vidente que no vió en qué nos estábamos convirtiendo.

Ser ateo, querida amiga, es tener el valor de enfrentarse a nuestras propias miserias sin el escudo de nada sobrenatural. No hemos sido creados así, somos el producto de la evolución de la vida. No sé cómo surgió la vida pero no me hace falta recurrir a un creador porque admito que aunque fuera por accidente o azar yo sólo tengo la única y máxima responsabilidad de vivirla. Ser ateo no es falta de creencias, es creer que el hombre forma parte por sí mismo de la vida, que nadie nos ha insuflado ningún alma, que lo bueno y lo malo que hay en el universo es producto de nuestras acciones, que, aunque la magnitud del fenómeno vida nos sobrecoja y sobrepase nuestra capacidad de comprensión no necesitamos recurrir a algo no vivo (¿podría dios estar vivo?, si fuera así tendría que poder morir, esa es la historia que se esconde detrás del cristianismo) para que nos dé razón de existir.

Amar la vida en su conjunto, no a cada una de sus criaturitas, yo no soy franciscano soy biólogo y además hay “bichos” que me desagradan bastante y bacterias que me fastidian enormemente, amar la vida en su conjunto porque somos parte de ella, una parte distinta sí pero insignificante dentro del fenómeno vida, es lo que me hace vivir sin necesidad de dios.

17
Jul
08

Hablan las religiones

Leo esta noticia en el País y quisiera comentarla.

Está bien que los dirigentes religiosos hablen entre ellos, los líderes tienen que hacer lo posible por mejorar el entendimiento entre los que profesan distintas creencias, porque de lo contrario -y como todos son infieles para los que no comparten la misma fe- se corre el riesgo de que confundamos churras con merinas y pensemos que los otros siempre son los culpables de las cosas que pasan.

Pero claro, el titular de la noticia ya de por sí es asombroso: Las grandes religiones dialogan en Madrid para mejorar su imagen. Esto simplemente puede ser una prueba de que el redactor no estaba muy fino o -caso de reflejar el verdadero motivo de la cumbre- de que la reunión es sólo puro marketing.

En todo caso reproduzco aquí alguna de las declaraciones del convocante de la reunión, el rey de Arabia Saudí: “Las religiones que Dios quiso conceder dichosamente a los seres humanos han de ser medios para su felicidad. Hemos de decir al mundo que la diferencia no tiene que conducir al enfrentamiento. Las tragedias vividas no han sido motivadas por las religiones, sino por los extremismos que adoptaron algunos de sus seguidores y por las creencias políticas”.

Parecen palabras sensatas que llevan al entendimiento. Yo lo tomo así. Pero reconociendo el tono conciliador en las formas, no estoy de acuerdo con el fondo. Porque la última frase es para pensarlo dos veces. Es decir que las tragedias que se han vivido son motivadas por las creencias politicas y no por las creencias religiosas. Hay creencias políticas culpables y hay culpa a nivel individual (la referencia en la frase a algunos de sus seguidores), pero no hay creencias religiosas culpables.

Si no fuera por la cantidad de barbaridades que se han cometido a lo largo de los siglos en nombre de la fe, igual me lo creería. Pero lo siento, no me cuadran las cosas. Las tres religiones monoteístas con más seguidores -islamismo, judaismo, cristianismo- tienen detrás de sí una buena colección de tragedias motivadas por el celo que han puesto en atacar a los infieles (es decir, a todo aquél que no profesa la misma religión). Lo que sí es cierto es que a menudo las creencias religiosas y las políticas están imbuidas unas de otras, y no es fácil discernir cuál es cada cuál. Uno de los casos más claros (quiero decir menos claros) es el de Israel. Confundimos muy a menudo el estado de Israel con la religión judía. Muy a menudo. En Israel no sólo hay judíos pero la religión impregna muchas de las políticas que desarrolla el gobierno de turno. Supongo que en Arabia Saudí no sólo habrá musulmanes pero es difícil no pensar que la política de estado de Arabia Saudí no está condicionada por las creencias del islam… Así que religión y política están muy pero que muy mezcladas.

No se puede ir diciendo que los hombres de religión son hombres de paz y que la culpa la tiene la política. Simplemente porque no es verdad. Ojalá (preciosa palabra) los hombres religiosos fueran todos pacíficos pero me temo que no todos lo son. Sinceramente creo que los valores que hay que inculcar para conseguir una sociedad más libre, tolerante y pacífica no hay que ir a buscarlos a las religiones, al menos a las que yo conozco…

02
Ene
08

Las navidades de un ateo

Están pasando estas fiestas de una manera normal. Y cuando digo normal me refiero a que ocurre todo lo que se espera, comidas, reuniones familiares, compras, más comidas, y cosas así. Para muchos las navidades son un engorro, unas fiestas a las que no encuentran sentido alguno, o unas fechas llenas de nostalgia cuando no de pena por la falta de algún ser querido que precisamente en estas fechas se añora más. Para los que nos declaramos ateos la navidad carece lógicamente de sentido, y no es más que una parte del año en que disfrutamos de vacaciones, o sea algo muy parecido a lo que siente la mayoría de la gente, porque, no nos engañemos, hoy día es una minoría la que verdaderamente vive el sentido cristiano de la navidad. Yo no tengo nada en contra de estas personas, fui educado conforme a los principios de la religión católica y nada de su liturgia me es ajeno. Pero cada vez me siento más alejado de la jerarquía que preside y dirige las conciencias y el actuar de los católicos. Los ateos procuramos no molestar, no creemos y punto, no tenemos necesidad de hacer acólitos. Tampoco vamos haciendo bandera de nuestra no creencia, así que hasta que no me preguntan directamente no digo que lo soy. No es un tema del que sienta necesidad de hablar ni del que tenga que dar muchas explicaciones, entra dentro de mi intimidad y deseo que se me respete como yo lo hago con los demás.

Sin embargo, estos días un par de actuaciones de la jerarquia eclesiástica católica me han sentado mal. Una de ellas es muy repetida y forma parte esencial de esa liturgia tan especial de los católicos que les acarrea no pocas críticas. Me refiero a varias de las celebraciones en el vaticano con toda la pompa y boato a las que nos tienen acostumbrados. ¿Y ése se supone que es el representante de su dios en la tierra? ¿Tanto oro, joyas, vestidos y parafernalia hacen falta para predicar su mensaje, que por otra parte suele ir dirigido a los más necesitados? Bueno, es un fenómeno antiguo y estudiado que los signos de poder (y los del vaticano lo son) enaltecen a las masas, pero no deja de sorprenderme que siga usándose por quien se dice seguidor de las enseñanzas del hijo de un carpintero. No puedo justificarlo de ninguna manera, y me siento culpable por participar de unas fiestas que contribuyen (cada vez menos es la verdad) a que se mantenga el statu quo de la jerarquia católica.

La segunda de las actuaciones es la de los obispos y cardenales españoles congregando a sus fieles seguidores a una concentración con claras connotaciones políticas en contra del gobierno socialista. En defensa de la familia dicen. En contra de la ley del aborto y de los matrimonios homosexuales, y de cualquier forma de unión no bendecida por la iglesia (que por lo visto es única). Bien, aparentemente nada que objetar ya que decimos que en democracia se pueden defender ideas distintas (que no todas, no señor) siempre que sea mediante procesos democráticos. Vale, una manifestación más entonces. Pero no es así, los dirigentes católicos quieren poder y quieren presionar ahora que vienen elecciones ya que piensan que eso es bueno para sus intereses. Pero no deja de ser de lo más vil, hipócrita y contrario a todo lo que predican señalar lo que ellos creen que es malo en unos casos y mirar para otro lado en muchos otros. ¿O no era la misma ley despenalizadora de algunos supuestos de aborto la que existía cuando gobernaba el PP? O cuando hace falta mirar para otro lado para que una divorciada se vuelva a casar por la iglesia, si la divorciada va a pertenecer a la familia real. O cuando se anuncia que la hermana de ésta va a tener un hijo y se dice que tiene pareja que no marido, o sea un hijo fuera del matrimonio, algo que quiebra al parecer de los obispos y cardenales católicos la esencia de la familia. Que quede claro que a mí me parece normal que cada uno tenga los hijos que quiera con quien quiera, y que las personas se divorcien o no, y que se casen o vivan en pareja personas del mismo sexo. Pero si tan grave les parecen todas estas cosas a los dirigentes católicos (los llamo así ya que se comportan como los políticos), por qué no las denuncian en todas las ocasiones. Miramos para otro lado…

Total, que una vez más se mezcla en estas fechas la fiesta con la religión, pero como casi siempre en mi gusto queda un sabor agridulce entre el consumismo, lo más naif del catolicismo, y el ansiado descanso (deseado desde que terminan las vacaciones de verano) que nunca llega a saborearse del todo.




Los seres humanos no nacen para siempre el día en que sus madres los alumbran, sino que la vida los obliga a parirse a sí mismos una y otra vez.
Gabriel García Marquez
¿Cómo vas a ser optimista si lees el periódico? El mundo es el lugar del infierno; millones nacen para sufrir: no le importa nada a nadie. No soy un pesimista, soy un optimista bien informado.
José Saramago

 

Noviembre 2009
L M X J V S D
« Oct    
 1
2345678
9101112131415
16171819202122
23242526272829
30  
website statistics