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23
Feb
09

¿Por qué no aprende la humanidad?

Hace un par de días Andrés, en un comentario a uno de los artículos del blog de Hannah, dijo esto: Tengo más de ochenta años, Salva, y lo que aún no me encaja es el motivo por el que la humanidad no aprende.
Desde entonces no he podido parar de pensar en ello. No es que no me hubiera hecho la pregunta antes pero la sincera manifestación de Andrés me hizo replanteármela una vez más. Y, no sé por qué, esta vez quería encontrar una respuesta que no fuera pesimista ni derrotista, tampoco exculpatoria pero que fuera intelectualmente aceptable. Es como si necesitara responderle a Andrés algo más que un simple a mí tampoco me encaja.

Es evidente que existe lo que algunos han llamado evolución cultural. Las sociedades evolucionan, y en las primeras etapas del desarrollo del concepto de evolución cultural se llegaron a establecer los estadios por los que ha pasado la humanidad, el salvajismo, la barbarie y la civilización. Más o menos podemos intuir a qué periodos corresponden cada una de estas etapas. Y supuestamente estamos en la más “evolucionada” de todas, la civilización, estamos civilizados y sin embargo aquí y allá encontramos casos de salvajismo y de barbarie. Ya no podemos asumir, como se solía hacer hasta hace poco, que salvajismos y barbaries están relacionados con las sociedades “poco civilizadas”, por ejemplo siempre hemos tenido la tendencia a pensar que los africanos y los asiáticos son más salvajes y bárbaros que los habitantes del occidente civilizado. Esto sencillamente no es así. En cualquier sociedad se pueden encontrar casos de barbarie incomprensible, en cualquier grupo étnico o religioso también, no hay más que mirar los telediarios, no voy a hacer aquí un listado de casos aborrecibles.

Pero, entonces, por qué no aprende la humanidad. Por qué no aprendemos de la historia que debería enseñarnos a no repetir errores (aunque tenemos que admitir que algo hemos cambiado, que el progreso es cierto, no podemos negar lo evidente). Miraré hacia el cerebro, es a lo que estoy acostumbrado. Hace unas pocas décadas empezó a acuñar el término de cerebro emocional para designar a ciertas regiones del cerebro humano que se encargan de controlar las emociones, lo mismo que hay partes del cerebro cuya función es coordinar los movimientos o el lenguaje o la información sensorial pues hay partes que se encargan de recordar sucesos que son emocionalmente relevantes. Estos pueden ser desde una situación de miedo o de ansiedad, hasta la primera vez que nos enamoramos o la primera experiencia sexual o la primera vez que nos enfrentamos a la muerte. Es decir, hay una memoria emocional. La memoria siempre está unida al aprendizaje, son conceptos distintos pero inseparables. Muchas veces lo que llamamos inteligencia tiene que ver con la facilidad con la que cada uno gestione los procesos de memoria y aprendizaje. También podríamos hablar de una inteligencia emocional por tanto.

Que qué tiene que ver esto con la pregunta inicial. Espero que algo, por lo menos algo. La humanidad no aprende porque las cosas que esperamos que aprenda (ya sabéis a qué me refiero, todo está dentro del contexto del comentario de Andrés) están dentro de lo emotivamente relevante. Y ese aprendizaje emocional tiene que darse de uno en uno, cada persona tiene que hacerlo, lo mismo ocurre si no nos enseñan la tabla de multiplicar: sería muy difícil que cada uno de nosotros aprendiéramos por nuestra cuenta a multiplicar. Así que es necesario que cada persona, sí de uno en uno, aprenda emocionalmente, y para ello no basta con que se nos enseñe desde los libros de historia, sino que este aprendizaje va relacionado con una enseñanza también emocional, no es suficiente con que lo leamos en los libros, no es suficiente con que lo veamos en la televisión, nos tiene que llegar desde algo o alguien emocionalmente relevante para nosotros, puede ser una figura religiosa o un pariente cercano -ay, los abuelos qué importantes son en esto- o de alguien a quien admiremos -yo a Saramago, jeje- o en el caso de Andrés (y el mío) a través de los escritos de Hannah.

Y lo que me llena de esperanza es que a través de internet estamos empezando a experimentar formas nuevas de aprendizaje emocional.

19
Ene
08

Elogio del bicho raro

Los biólogos estamos acostumbrados a clasificar. Clasificamos animales, vegetales, bacterias, células, virus… Y para ello usamos distintas características de las cosas que clasificamos para determinar si entran o no dentro de una categoría predefinida por nosotros. En la especie humana pueden encontrarse varias subcategorías, pero hay una de ellas que no ha sido, a mi modo de ver, suficientemente valorada: el bicho raro.

Eres un bicho raro si cuestionas lo que otros dan por aceptado. Por ejemplo, la monarquía. Hace poco escuché a Gregorio Peces-Barba hacer una buena defensa de la monarquía parlamentaria. Sus argumentos parecían sólidos y dignos de tener en consideración. Por un momento me hicieron dudar: ¿será que yo no he entendido las ventajas de la monarquía? Pero nadie me va a convencer de que por muy útil que sea y lo muy unificador que en estos momentos sea la figura del rey, un sistema que identifique a los miembros de una familia como los sucesores en la jefatura del estado sin preguntar al ciudadano si le parece bien en cada caso, sea un sistema que me parezca justo. Yo no lo comparto. Como persona nadie es menos que yo y nadie es más que yo.

Eres un bicho raro si no estás de acuerdo con la opinión de la mayoría. Por ejemplo, si no compartes la opinión de los que dicen que el discurso de que hay que redistribuir la riqueza está obsoleto. Veo con un poco de desilusión que dirigentes de Izquierda Unida hablan de economía sostenible y de unos cuantos tópicos modernos para intentar atraer votos de jóvenes con cierta conciencia de que hay que mejorar el mundo. No soy experto en mensajes electorales ni pretendo dar lecciones a nadie, pero me parece mucho más directo decir una y otra vez que unos pocos lo tienen casi todo y todos los demás casi nada. Que las multinacionales son las que siempre ganan (y las españolas también). Que son los especuladores los que han conseguido que el litro de leche suba más de un treinta por ciento en un año. Y así con todo. Sencillamente no es aceptable. Y hay que cambiarlo. Mientras que los partidos políticos de izquierda (y no me refiero a los socialdemócratas, que no espero de ellos que sean los propulsores del cambio) no consigan presentar alternativas a aquellas lucha de clases y revoluciones proletarias que quedaron relegadas a la historia del siglo veinte, no podremos soñar con un mundo mejor. Seremos minoritarios, sí, pero las verdades son las que son.

Eres un bicho raro si no compartes los gustos de la mayoría. Por ejemplo, si te gusta más Aretha Franklin que Rosa, o Frank Sinatra que Bisbal o Alejandro Sanz. Eres un bicho raro si te fastidia que hoy día todos se digan artistas. De un escritor se dice que es un escritor, y lo mismo de un pintor y de un músico. Pero, ay, cualquier cantante de canciones de otro se llama a sí mismo artista. Y quiere tener éxito (o sea ganar dinero) y que se le reconozca. Porque no apreciarlos o reconocerlos o cuidarlos (por ejemplo haciendo copias privadas de sus canciones) es poner en peligro la cultura. Soy de la opinión de Bertolt Brecht quien creo que dijo en su momento que “toda cultura es una forma de opresión“. La cultura es opresora cuando impone sus cánones (y no me refiero al famoso canon digital, je, je), porque es entonces cuando hace muy difícil que creadores con talento naden contra corriente y manifiesten su singularidad. Pero, por favor, no confundamos cultura con industria, sea discográfica o cinematográfica, que son las que más dinero ganan con eso que nos quieren vender como acceso a la cultura.

Eres un bicho raro si esperas que los demás te traten como tú los tratas a ellos. O si esperas que te valoren por lo que eres. O si esperas que las relaciones humanas no estén llenas de mezquindad.

Si compartes algunas de estas características (no hay que compartirlas todas y por supuesto hay bastantes más, pero las dejaremos para otro día), entonces eres un bicho raro. No eres el patito feo, y puede que otros tampoco vean en ti al cisne del cuento, pero para mí mereces la pena.

 




Los seres humanos no nacen para siempre el día en que sus madres los alumbran, sino que la vida los obliga a parirse a sí mismos una y otra vez.
Gabriel García Marquez
¿Cómo vas a ser optimista si lees el periódico? El mundo es el lugar del infierno; millones nacen para sufrir: no le importa nada a nadie. No soy un pesimista, soy un optimista bien informado.
José Saramago

 

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