Hace un par de días Andrés, en un comentario a uno de los artículos del blog de Hannah, dijo esto: Tengo más de ochenta años, Salva, y lo que aún no me encaja es el motivo por el que la humanidad no aprende.
Desde entonces no he podido parar de pensar en ello. No es que no me hubiera hecho la pregunta antes pero la sincera manifestación de Andrés me hizo replanteármela una vez más. Y, no sé por qué, esta vez quería encontrar una respuesta que no fuera pesimista ni derrotista, tampoco exculpatoria pero que fuera intelectualmente aceptable. Es como si necesitara responderle a Andrés algo más que un simple a mí tampoco me encaja.
Es evidente que existe lo que algunos han llamado evolución cultural. Las sociedades evolucionan, y en las primeras etapas del desarrollo del concepto de evolución cultural se llegaron a establecer los estadios por los que ha pasado la humanidad, el salvajismo, la barbarie y la civilización. Más o menos podemos intuir a qué periodos corresponden cada una de estas etapas. Y supuestamente estamos en la más “evolucionada” de todas, la civilización, estamos civilizados y sin embargo aquí y allá encontramos casos de salvajismo y de barbarie. Ya no podemos asumir, como se solía hacer hasta hace poco, que salvajismos y barbaries están relacionados con las sociedades “poco civilizadas”, por ejemplo siempre hemos tenido la tendencia a pensar que los africanos y los asiáticos son más salvajes y bárbaros que los habitantes del occidente civilizado. Esto sencillamente no es así. En cualquier sociedad se pueden encontrar casos de barbarie incomprensible, en cualquier grupo étnico o religioso también, no hay más que mirar los telediarios, no voy a hacer aquí un listado de casos aborrecibles.
Pero, entonces, por qué no aprende la humanidad. Por qué no aprendemos de la historia que debería enseñarnos a no repetir errores (aunque tenemos que admitir que algo hemos cambiado, que el progreso es cierto, no podemos negar lo evidente). Miraré hacia el cerebro, es a lo que estoy acostumbrado. Hace unas pocas décadas empezó a acuñar el término de cerebro emocional para designar a ciertas regiones del cerebro humano que se encargan de controlar las emociones, lo mismo que hay partes del cerebro cuya función es coordinar los movimientos o el lenguaje o la información sensorial pues hay partes que se encargan de recordar sucesos que son emocionalmente relevantes. Estos pueden ser desde una situación de miedo o de ansiedad, hasta la primera vez que nos enamoramos o la primera experiencia sexual o la primera vez que nos enfrentamos a la muerte. Es decir, hay una memoria emocional. La memoria siempre está unida al aprendizaje, son conceptos distintos pero inseparables. Muchas veces lo que llamamos inteligencia tiene que ver con la facilidad con la que cada uno gestione los procesos de memoria y aprendizaje. También podríamos hablar de una inteligencia emocional por tanto.
Que qué tiene que ver esto con la pregunta inicial. Espero que algo, por lo menos algo. La humanidad no aprende porque las cosas que esperamos que aprenda (ya sabéis a qué me refiero, todo está dentro del contexto del comentario de Andrés) están dentro de lo emotivamente relevante. Y ese aprendizaje emocional tiene que darse de uno en uno, cada persona tiene que hacerlo, lo mismo ocurre si no nos enseñan la tabla de multiplicar: sería muy difícil que cada uno de nosotros aprendiéramos por nuestra cuenta a multiplicar. Así que es necesario que cada persona, sí de uno en uno, aprenda emocionalmente, y para ello no basta con que se nos enseñe desde los libros de historia, sino que este aprendizaje va relacionado con una enseñanza también emocional, no es suficiente con que lo leamos en los libros, no es suficiente con que lo veamos en la televisión, nos tiene que llegar desde algo o alguien emocionalmente relevante para nosotros, puede ser una figura religiosa o un pariente cercano -ay, los abuelos qué importantes son en esto- o de alguien a quien admiremos -yo a Saramago, jeje- o en el caso de Andrés (y el mío) a través de los escritos de Hannah.
Y lo que me llena de esperanza es que a través de internet estamos empezando a experimentar formas nuevas de aprendizaje emocional.
