Etiqueta agregada: ‘deporte

05
May
09

Abandono en la pista de pádel

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04
May
09

Fin de semana de pádel

bolas

06
Jul
08

Grande, grande, grande Rafa Nadal

Pues eso. No hay palabras para describir la fuerza que emana de este deportista.

Enhorabuena!!!

Grande Rafa.

26
Jun
08

Política y fútbol, políticos y eurocopa.

Que la política impregna y ha impregnado siempre el mundillo del fútbol es algo que no hay que molestarse en demostrar. Es una verdad natural :-) tanto a nivel nacional como internacional. En realidad no debería sorprendernos: cualquier acontecimiento que tenga pendientes a tantos millones de personas y que mueva tantísimo dinero es algo que no puede escapar a la política.

No es necesario recordar muchos detalles sobre esto. Las olimpiadas también han estado muy a menudo condicionadas por actuaciones políticas, desde la elección de las sedes, pasando por las actuaciones de los jueces, el mirar para otro lado cuando todo el mundo sabía que gran parte de los atletas del este no competían en las mismas condiciones que el resto (o sea que los dopaban), o incluso por el boicot a los juegos.

Lo dicho, que la política impregna los acontecimientos deportivos tanto a gran escala como a pequeña (¿sabéis qué equipo era considerado el equipo del régimen?, pues eso).

Y encima tenemos los políticos que tenemos. ¡Qué pena, penita, pena!

Yo ya me he definido públicamente, así que no insistiré sobre mis preferencias políticas. Y sé que cualquier cosa que diga con respecto a otras preferencias alguno lo tomará como un insulto personal. No lo es, ni mucho menos. Pero las ideas se pueden criticar, y las actuaciones políticas también…

Si algo no soy es nacionalista. No me interesan los nacionalismos. Sé que los pueblos, los colectivos, las tribus, como queráis, hemos ido definiendo a lo largo de los tiempos ciertas características que nos hacen ligeramente distintos a los de al lado -esto se llama la idiosincrasia, pero es que es muy fea la palabra-. ¿Y qué? Ser distintos no nos hace mejores ni peores. Tendemos a estar más cómodos rodeados de gentes y cultura que se nos asemejan, por aquello del miedo a lo desconocido. Otros, sin embargo, están siempre intentando descubrir cosas nuevas. Todo muy normal. Sin embargo, siempre he considerado a los nacionalismos (sean los que sean) un poco papanatas (la idea no las personas), porque no hay pueblos ni culturas ni sociedades puras, todos somos una mezcla de lo que hemos ido viviendo.

Cuando veo las declaraciones de los políticos de turno con respecto al sentimiento patrio con motivo de la eurocopa me da un poco de risa. Los que quieren destacarse por su defensa de la españolidad tienen que ir a muerte con la selección, aun cuando todos estaban cagados y convencidos de que no pasábamos de cuartos. Y los que no han conseguido que sus comunidades autónomas tengan selección oficial de fútbol que pueda jugar en la eurocopa (cosas de la política) tienen que decir tonterías como las que han dicho algunos nacionalistas. Las declaraciones de Urkullu, si lo que dice la prensa es cierto, son la monda: como no juega Euskadi, yo voy con Rusia en vez de con España, pero sólo porque Rusia juega muy bien. Ya. Pero si jugara Euskadi ¿con quién iría? por mucho que Rusia siguiera jugando bien. ¡Qué poca imaginación, qué pobre planteamiento! Y algunos de ERC diciendo que no pueden decir en voz alta el resultado que les gustaría para este España-Rusia de dentro de unas horas, porque no les iba a gustar a los españoles. Penoso.

Que no hay que ser tan tontitos… Que yo no me siento nacionalista pero esta noche quiero que gane España. Que sí, que Rusia juega bien. Pues disfrutemos de su juego, pero a ver si les ganamos. ¿Por qué no podemos ser un poco menos complicados y decir que hay unos sentimientos que tenemos y que no hacen daño a nadie, que simplemente queremos ganarles a los rusos? Y después de ganarles nos vamos de copas con ellos, que beber también saben hacerlo, y cantamos en español, en ruso, en catalán, o en lo que haga falta, que para eso sabemos idiomas.

19
Abr
08

El deportista y el aficionado

Tengo con el deporte estas dos clases de relaciones, lo practico y además soy aficionado a verlo. Pero practico un deporte y soy aficionado a otro, no sé si es paradójico pero es así. Me gusta ver baloncesto, desde hace mucho tiempo, desde los tiempos en que jugaban Emiliano, Sevillano, Buscató, Luyk, Brabender y compañía; después vinieron más, muchos más y muy buenos pero aquellos fueron los que prendieron la llama de la afición a ese deporte. Por aquel entonces veíamos baloncesto en la tele cuando lo ponían en la única cadena que había. Ahora no lo ponen mucho más porque ya sabemos qué deporte domina la programación deportiva, pero por lo menos podemos ver algún partido a la semana. Yo veía baloncesto porque me gustaba pero no entendía casi nada de técnicas o estrategias. Tuve que esperar a que Ramón Trecet con su programa Cerca de las Estrellas nos enseñara a ver baloncesto y nos descubriera el baloncesto NBA (a Ramón Trecet hay que admirarlo por su faceta de periodista deportivo y aún más si cabe por su programa de música Diálogos 3; allí en Radio 3 también nos enseño a escuchar música diferente, con él descubrí el new age o la música étnica, Arto Tunçboyaciyan y su Armenian Navy Band sin ir más lejos).

Y desde hace años soy seguidor del Unicaja de baloncesto, seguidor primero y abonado años más tarde, cuando pude. Vamos en familia al Martín Carpena a ver al Unicaja. Y tenemos a nuestro alrededor a un grupo de amigos con los que compartimos las alegrías y las penas de los partidos. Esta temporada han sido más las penas, qué le vamos a hacer. En este artículo no voy a dar mi opinión sobre lo que pasa porque no me gusta mucho lo que leo en la prensa y en algunos blogs que visito sobre el particular. Y dentro de poco más de dos horas tenemos partido contra el Barcelona, así que a ponerse delante de la tele -lo dan por la 2-, y a sufrir un poquito con algunas de las cosas que digan los comentaristas de turno (a excepción de Joan “Chichi” Creus que no sólo sabe sino que es un señor; de todas formas podía ser peor: podía ser retransmitido por Canal Sur y entonces habría que rajarse las venas para no escuchar).

Casi todos nos comportamos de una forma algo diferente cuando estamos en medio de una concentración grande de personas. Y esto es lo que pasa en una cancha de baloncesto. Yo me comporto con algo más de entusiasmo que de ordinario, quiero decir que me puedo convertir en un exaltado -pacífico, pero exaltado- en cuanto veo un arbitraje malo, o sea todos los días, porque buenos los hay pocas veces. La injusticia del mal arbitraje me mata. El mal juego del equipo me desilusiona pero siempre espero que la calidad de jugadores y entrenador salgan a relucir y la cosa no termine mal. Y cuando el equipo juega bien, ay amigo, entonces es difícil controlar la emoción que produce en nosotros; no digo ya las veces que se ha ganado algún título.

Todas estas cosas son muy normales, pero como animales sociales que somos hay que vivirlas en directo para comprender hasta qué punto los espectáculos deportivos emocinan al público -el circo de los romanos, para entendernos-. Siempre me ha parecido adecuado el baloncesto como espectáculo para que mis hijos asistieran a él, y salvo rarísimas excepciones no me arrepiento de llevarlos a la cancha: aprenden también muchas cosas allí.

Sin embargo, creo que he jugado poquísimas veces al baloncesto, y las pocas en mi niñez. Desde pequeño me gustó jugar más a los deportes de raqueta (entre otras cosas porque era muy malo jugando al fútbol, y no me quedaba otro remedio que buscar alternativas). He practicado muchas modalidades, tenis, frontón, tenis de mesa, squash, y ahora pádel. Pero lo importante aquí no son las emociones que produce el deporte como espectáculo, sino las emociones que produce el juego, que es distinto. Uno puede practicar deporte por distintas razones, por cuidar la salud, por costumbre, por modas, pero lo que más me gusta a mí es el sentido del juego, eso que los primates no podemos remediar. Me gusta jugar, y en el juego se conoce bastante bien a las personas. Cuando llevas tiempo jugando con las mismas personas aprendes a conocerlas. Sabes quién quiere aprender, quién quiere echar el rato, quién no soporta perder, quién tiene aguante, quién sabe pedir perdón, quién sabe ganar, quién se viene abajo a la más mínima…

He vivido todas esas situaciones, en una medida u otra ves alguna de estas cosas en ti mismo y en los que juegan contigo. Así que también es una buena escuela de la vida, porque en la vida hay que jugar, y hay que saber qué es lo importante del juego, qué es lo que sacamos en limpio de todo. Y hay que saber perder porque no siempre se puede ganar, y hay que saber ganar y comportarse entonces con humildad porque mañana vamos a perder. Y sobre todo, que el juego se acaba, y después nos vamos a tomarnos una cerveza con los colegas (que es para lo que juegan muchos) y ahí se acaba casi siempre la mala uva del que haya perdido. Y escribo esto en fin de semana para que ninguno de mis colegas de pádel vaya a leerlo porque estén en sus ocupaciones familiares, y así me evito algún comentario que ya me imagino. Total, yo no pierdo nunca :-)




Los seres humanos no nacen para siempre el día en que sus madres los alumbran, sino que la vida los obliga a parirse a sí mismos una y otra vez.
Gabriel García Marquez
¿Cómo vas a ser optimista si lees el periódico? El mundo es el lugar del infierno; millones nacen para sufrir: no le importa nada a nadie. No soy un pesimista, soy un optimista bien informado.
José Saramago

 

Diciembre 2009
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