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10
Jul
08

El cerebro de los viejos también cambia

Un grupo de científicos alemanes acaba de publicar un interesante artículo en la prestigiosa revista Journal of Neuroscience que se titula Cambios estructurales inducidos por entrenamiento en el cerebro de los viejos (Training-Induced Brain Structure Changes in the Elderly), en este enlace podéis ver un breve resumen en inglés.

El mismo grupo ya había publicado un artículo anterior donde se describían cambios transitorios y muy selectivos en ciertas regiones cerebrales de voluntarios jóvenes sometidos a un entrenamiento de habilidades motoras. Ahora se trataba de ver si los mismos cambios se producen también en individuos más viejos y comparar los resultados con los del grupo joven.

La edad media de los voluntarios en este estudio es de 60 años (estaban comprendidos entre los 50 y los 70). Quizás en este caso traducir elderly por viejos es demasiado -sobre todo porque yo me tendría que incluir en el grupo-, pero hecha la aclaración ya sabemos a qué grupo de personas se refiere el artículo.

El entrenamiento de habilidades motoras al que fueron sometidos es curioso: hacer malabarismos con tres bolas. Ninguno de los voluntarios tenía experiencia previa en estos malabarismos, así que todos partían de las mismas condiciones.

El estudio en sí es interesante, demuestra, con los pertinentes controles, que el cerebro de los mayores sufre cambios relacionados con el entrenamiento en las mismas zonas que el cerebro de los jóvenes. Cuando un cerebro sufre cambios se habla de un fenómeno de plasticidad. Eso quiere decir que el cerebro tiene la capacidad de cambiar (ser plástico), de adaptarse a nuevas condiciones ambientales, y esta capacidad de cambio afecta no sólo a la función (se pueden hacer cosas distintas) sino también a la estructura (al tamaño o volumen de una determinada región cerebral, al número y tipo de conexiones de las células de esas regiones, o incluso a la aparición de nuevas células en algunas zonas concretas).

Los cambios son reversibles, de tal manera que después de un tiempo sin hacer malabarismos el cerebro vuelve al mismo estado de antes de hacer los ejercicios. Es otra consecuencia de la plasticidad: si se cambia en un sentido se puede cambiar en el contrario.

Lo que me ha resultado interesante de la investigación es un resultado que se produce exclusivamente en el cerebro de los mayores y no se produjo en el de los jóvenes. Dos regiones cerebrales sufrieron cambios específicos en el cerebro de los viejos: el hipocampo y el núcleo accumbens (los nombres sólo interesarán a algunos; los pongo para ellos). Lo que hay que explicar es que el hipocampo está relacionado con el aprendizaje (memoria y aprendizaje, fundamentalmente relacionado con el espacio que nos rodea, algo así como aprender a situarnos en el espacio, pero también algo de aprendizaje motor como se puede ver en este artículo), y lo que es más curioso aún es que el núcleo accumbens está relacionado con sistemas de recompensa en el cerebro: cuando alguna situación nos resulta reconfortante (o al contrario) se produce actividad en el citado núcleo.

Inmediatamente me he preguntado: ¿será que los viejos de esta investigación se reconfortaron más porque fueron capaces de hacer una actividad para la que no se creían capacitados? Es posible. Si a mí me hacen aprender malabarismos a mi edad es posible que me sienta más contento que si se lo hacen aprender a un joven de veinte años, para él puede ser una cosa más, para mí un logro.

La moraleja de este estudio es que conforme uno se hace mayor no debe de dejar de hacer cosas nuevas, es más debe hacer muchas más cosas nuevas y no parar porque si se para volvemos al estado inicial. No recomiendo especialmente ninguna actividad física pero sí aquellas que requieran coordinación y equilibrio, sean malabarismos o bailar salsa o hacer deporte. Nuestro cuerpo lo agradecerá y nuestro cerebro también.

02
Jun
08

La edad y el envejecimiento

Dentro de unos días tendrá lugar un congreso en una universidad americana (UCLA) que tiene por título  Understanding Aging: Biomedical and Bioengineering Approaches (Comprendiendo el envejecimiento: consideraciones biomédicas y de bioingeniería; más o menos). Como patrocinador del congreso aparece la Fundación Matusalem, así que con ese nombre se intuye lo que se pretende: estudiar cómo se puede retrasar el envejecimiento.

Desde el punto de vista científico es posible comprender qué es lo que pasa a nivel del organismo cuando se envejece. También empezamos a comprender relativamente bien cuáles son los mecanismos de muerte celular. Una cosa no es igual a la otra. No es lo mismo el envejecimiento y lo que llamamos muerte natural (consecuencia de ese envejecimiento), que la muerte celular. Las células se están muriendo continuamente en un organismo. Desde antes de nacer se produce una muerte celular masiva en cualquier embrión. De hecho si somos como somos se debe en gran medida a programas de muerte celular, por ejemplo, tenemos cinco dedos porque las células que estaban en las interdigitaciones mueren, si no tendríamos la mano palmeada, sin dedos. En realidad, cualquier proceso que genera una forma (morfogenético) se basa en un complicado programa de nacimiento de células, migraciones, y muerte.

Y por otra parte, cientos de miles de células de nuestro cuerpo se renuevan (algunas a velocidades de vértigo) porque van muriendo continuamente. Aunque parecemos siempre los mismos, el hecho es que pocas de nuestras células nos acompañan durante toda la vida (el hígado y el cerebro son los órganos que sufren menos recambio celular).

Así que muchísimas de nuestras células no son nunca viejas -en relación con nuestra edad- ya que se renuevan a menudo. Nuestros constituyentes no son viejos pero nosotros envejecemos. No es una paradoja, es la distinta forma de ver las cosas según se estudien a un nivel o a otro. El envejecimiento, por tanto, afecta al organismo como un todo y tiene las consecuencias que todos conocemos.

¿Pero quién no quiere posponer el envejecimiento? Me contesto a mí mismo -la pregunta era retórica-, pues depende de quien conteste. Posponer el envejecimiento es algo que, desde mi punto de vista, tiene menos interés científico que sociológico o económico. No es lo mismo que la pregunta se le plantee a una persona que viva en los estratos sociales acomodados de nuestra sociedad, que si se le presenta la misma pregunta a una persona que viva en el umbral de la pobreza, por ejemplo. Cuando millones de personas mueren o van a morir de hambre, cuando el 70% de los enfermos de sida en países en desarrollo (antes se decía subdesarrollados, pero no queda políticamente correcto) no tienen acceso a los antirretrovirales, cuando las necesidades básicas de gran parte de la población mundial no están cubiertas, ¿creemos de verdad que la pretensión de posponer el envejecimiento es algo que afecta a todo el mundo?

Pues bien, dicho esto estoy seguro de que en los próximos años gastaremos cada vez más recursos en esta tarea. Los tiros van por ahí. Las posibilidades técnicas que se desprenden de los estudios con células madre, que permiten vislumbrar un futuro próximo en el que se puedan reparar tejidos enfermos (regeneración terapéutica) nos llevarán inmediatamente a concebir el envejecimiento como una enfermedad y por tanto muchos pensarán que es lícito regenerar órganos o tejidos envejecidos. ¿Por qué no tener un nuevo hígado o páncreas o bazo o músculos nuevos? Pensemos que el envejecimiento en una enfermedad crónica y ya está, salvamos éticamente el problema para que los pudientes puedan regenerarse partes del cuerpo y posponer el envejecimiento.

Así de complicado veo el futuro en esta cuestión. El envejecimiento pronto será considerado no una parte más del ciclo vital sino una enfermedad de la que algunos pretenderán huir, mientras millones no podrán siquiera llegar a vivirlo como una consecuencia natural de la edad porque morirán antes de que su organismo envejezca, privados de los más elementales cuidados sanitarios.

Es por eso que noticias como la de ese congreso al que hacía referencia o la de la existencia misma de la Fundación Matusalem me producen desazón. Quizás es que no tengo edad suficiente para comprenderlo…




Los seres humanos no nacen para siempre el día en que sus madres los alumbran, sino que la vida los obliga a parirse a sí mismos una y otra vez.
Gabriel García Marquez
¿Cómo vas a ser optimista si lees el periódico? El mundo es el lugar del infierno; millones nacen para sufrir: no le importa nada a nadie. No soy un pesimista, soy un optimista bien informado.
José Saramago

 

Diciembre 2009
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