Etiqueta agregada: ‘Javier Marías

16
Abr
08

Va de libros

Por motivos profesionales he estado apartado del blog algo más de lo que me hubiera gustado, así que me disculpo ante aquellos que lo hayan visitado en los últimos días esperando ver algo nuevo -tampoco es que sean tantos los visitantes del blog pero desde luego sí son algunos más de lo que parece por el número de comentarios que se hacen-.

En un artículo anterior dije que escribiría sobre el último libro de Javier Marías y sobre el autor del mismo. Después, la serie de artículos seguidos sobre la universidad ha hecho que se retrase en el tiempo este artículo prometido. Y no es lo mismo escribir en caliente, en cuanto uno lo ha leído, sobre un libro que cuando después han venido otros. De todas formas tengo que aclarar que el que uno sea un lector asiduo (diría empedernido, pero me suena cursi) no le da más valor a sus opiniones que a cualquiera otra, y también aclaro que jamás leo las críticas literarias, ni antes ni después de leer un libro. Esto es como lo de los vinos que escribía hace tiempo, un libro te gusta o no, o te gusta mucho, poco o nada, no hay mejor crítico que uno mismo, lo que uno ve en un libro no tiene por qué ser compartido por otros, y esto se puede aplicar a casi todas las artes. Si hablamos de gustos literarios o de las emociones que provoca un libro en nosotros, siempre estamos hablando de una experiencia individual, no como puede llegar a ocurrir con otras cosas como por ejemplo un concierto, una obra de teatro, una película o incluso una exposición, actividades en las que tenemos al lado a otras personas y cuya sola presencia influye en cómo vemos o sentimos lo que se nos presenta (incluso llegando a la catarsis si hace falta).

Sin embargo, yo creo que hay pocas cosas tan íntimas como leer un libro. Y por eso solemos hablar poco de las emociones que nos producen -por eso y porque se lee bastante poco en general, no nos engañemos-. Bien, pues esta tercera y última parte de la novela de Javier Marías Tu rostro mañana, Veneno, Sombra y Adiós, me ha parecido simplemente genial. No es que haya variado mucho con respecto a las dos anteriores, ahí están, pero es en ésta donde me he encontrado con un escritor como pocos he disfrutado en mi vida. Es una novela -en su conjunto- arriesgada, técnicamente compleja y, para mí, lo que se podría llamar una obra cumbre. Realmente pasan pocas cosas, son unas pocas escenas las que transcurren en total, y son las continuas reflexiones al hilo de las cosas que pasan las que hacen única a esta novela. Uno puede abrir el libro por casi cualquier página -y yo lo he hecho una vez acabado de leerlo- y encuentra algo sobre lo que merece la pena pensar y sobre lo que Javier Marías nos ofrece sus reflexiones: la violencia, el desengaño, la cobardía, la traición…, una cosa impresionante. Sólo me había pasado eso de abrir un libro por donde sea y disfrutar de él en muy pocas ocasiones, casi el único caso que recuerdo es con Marcel Proust y su En busca del tiempo perdido. Y sí, lo que estoy haciendo literalmente es poner casi a la misma altura -digo casi por respeto a la figura de Proust- a la novela de Marías con la obra maestra de Proust. Esto es lo que a mí me parece este libro, una obra maestra, un placer para mis sentidos.

Tanto es así que después de leerlo no he tenido ganas de empezar a leer un libro nuevo -la verdad es que empecé uno y lo tuve que dejar a los diez minutos, no lo soportaba- y me he dedicado a releer alguno de los que tenía por casa. Empecé por algunos cuentos de Poe que siempre puede volver uno a ellos, y ahora estoy leyendo una novela que leí hace no sé cuántos años, muchísimos, una de Agatha Christie, Poirot en Egipto, aquella sobre la que se hizo la película Muerte en el Nilo. Conforme voy leyendo me acuerdo de la película y a Poirot siempre lo veo como a Peter Ustinov. Es entretenida y me está ayudando a pasar el periodo de ayuno necesario para tener ganas de volver a leer un libro nuevo, después de leer la enorme novela de Javier Marías.

24
Mar
08

Habrá que darle una oportunidad a la primavera

Me he dado cuenta de que los tres últimos artículos estaban impregnados de elementos negativos: violencia, traumas, miedo, soledad…. Vaya panorama que llevo pintando estas dos semanas pasadas. Y es que esto le viene así a uno, hay ocasiones en que las cosas negativas te atropellan, de tan seguidas que vienen no da tiempo a esquivarlas.

No quiero que el blog se llene de reflexiones sobre los aspectos más sombríos de la vida -al final terminará llenándose, a poco que reflexione uno sobre lo que le rodea así será, pero habrá que procurar que no se junten demasiado este tipo de reflexiones-, y sobre todo que la vida tiene muchísimos aspectos positivos y de alegría como para sólo centrarse en lo más oscuro. A ver si voy a acabar con fama de cetrino (atención colegas del pádel: he escrito cetrino, no cretino; puedo ser las dos cosas a la vez pero no me saltéis a la yugular tan pronto, que os conozco).

Total que he decidido darle un toque de optimismo al blog, y pensando en qué cosas han ocurrido a mi alrededor caigo en el detalle de que justo ha empezado la primavera. ¡Vaya recurso fácil! No me he tenido que estrujar mucho el coco para encontrarlo, estaba ahí desde hace unos días, claro que con esta ola de aire frío que hemos tenido cualquiera se daba por enterado. El hecho es que el invierno ya ha pasado, así es la vida, acaba de terminar la época más fría y oscura del año en esta parte del planeta. Y en nuestra latitud (escribo desde un pueblo cerca de Málaga, en el sur de España, podéis googlear para encontrar más o menos el sitio) las plantas ya se dieron por enteradas hace unas semanas de que la primavera llegaba. Primero fueron los almendros, que aquí florecen casi a finales de enero o principios de febrero, y hace poco los naranjos que han llenado de olor a azahar el ambiente. Lástima que las últimas lluvias hayan dejado pocas flores en los árboles pero seguro que en un par de días vuelve este olor que acompaña a la estación y a nuestras vidas aunque muchas veces no nos demos cuenta.

En mi casa además tenemos un nido de golondrinas justo en la puerta de entrada a la vivienda. Lleva allí más de doce años; aprovechando la parte de arriba de un farolillo que alumbra la puerta las primeras golondrinas que vinieron construyeron un nido que, con sucesivos retoques anuales, han mantenido años tras año y que ha sido cuna de muchísimos pajarillos -a veces han tenido varias puestas en cada estación-. Así que lo primero que me anuncia que el invierno se acaba es que llegan las golondrinas a toda esta zona y empieza el canto incesante del cortejo. Y a partir de ese momento cada mañana me despierto con el canto de estas golondrinas que ya no serán las mismas probablemente, quizás sean nacidas en este nido que ahora ocupan para incubar sus huevos.

Los ciclos de la vida. Una idea para reflexionar. Por repetirse se repite hasta la historia, por eso hay que estudiarla dicen los entendidos, para no repetir los mismos errores una y otra vez. Pero a mí me parece que los errores los venimos repitiendo desde el inicio de la humanidad, y que no vamos a aprender nunca. En todo caso, el hombre bien informado porque ha estudiado la historia estará más atento a cuando la situación se ponga imposible y tratará de salvarse, eso sí, para eso sí sirve estudiar historia, para estar prevenidos.

Hay otra forma de enfrentarse a la vida, no como parte de unos ciclos más o menos amplios sino como un camino con una única dirección, hacia delante siempre. Sin mirar mucho atrás, solo lo justo para acompasar nuestro paso al de quienes nos acompañan, no sea que nos sorprendamos habiendo dejado rezagada a gente que nos importa, pero poco más. Es dar el pasado por no venido -esta frase la tomo del libro que estoy leyendo estos días, la tercera parte de Tu rostro mañana de Javier Marías, tendré que hablar en un próximo artículo de ellos, del libro y del autor-. Mirar hacia delante siempre, y con la sonrisa en la cara, podemos perder o no cumplir las expectativas o tener los pies de barro o tenernos por poco, pero qué cosa nos hace más humanos que una sonrisa. Vendrán mal dadas, nadie lo duda, pero habrá que darle una oportunidad a la primavera.




Los seres humanos no nacen para siempre el día en que sus madres los alumbran, sino que la vida los obliga a parirse a sí mismos una y otra vez.
Gabriel García Marquez
¿Cómo vas a ser optimista si lees el periódico? El mundo es el lugar del infierno; millones nacen para sufrir: no le importa nada a nadie. No soy un pesimista, soy un optimista bien informado.
José Saramago

 

Noviembre 2009
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