
En las ciudades ya nadie se sienta a la puerta de la casa. Allí se podía descansar, tomar el sol, ver pasar la vida, hablar con los vecinos, o incluso ver pasar el cadáver de tu enemigo (enseñanza que nos dejaron los árabes con su dicho: siéntate a la puerta de tu casa y verás pasar el cadáver de tu enemigo)… todo ello muy contemplativo.
La puerta de la casa era un espacio vital de primer orden. Ahora casi todo lo hacemos de puertas para dentro. No sé si hemos mejorado con ello.











