Dos grandes artistas nos han dejado. Hoy es, por tanto, triste día de adioses.
Hace unos meses me adelanté, movido por mi gran admiración, y le dediqué una entrada en este blog a Paul Newman. No quería esperar a que se produjera la noticia de su muerte para rendirle mi particular homenaje. En este enlace lo podéis leer:
http://salvaguirado.wordpress.com/2008/06/13/no-espero-mas/
Pero ayer también se fue uno de los grandes artistas del flamenco, Mario Maya. Sin duda Mario Maya ha sido de los mejores bailarines y coreógrafos que el flamenco ha dado. Yo lo ví actuar en directo unas cuantas veces, la primera a principios de los años setenta con un espectáculo maravilloso, rompedor, Quejío. En Quejío, se aunaban el cante, el toque y el baile con una puesta en escena impactante para transmitir -no sólo transmitir, para denunciar más bien- a través del flamenco todo el dolor, toda la rabia, toda la desesperanza de un pueblo que se sentía oprimido. Ese Quejío podía ser el quejío histórico del pueblo gitano, por supuesto, pero también el del pueblo español ante la dictadura.
Después vinieron más espectáculos de éxito notable, como Camelamos naquerar. Y más tarde, el casi olvido al que si vieron relegados casi todos los grandes montajes teatrales en este país.
Aquí os dejo a Mario Maya en un fragmento de la película Flamenco de Carlos Saura bailando un martinete. Por aquel entonces Mario Maya, que nació en 1934, tenía unos 60 años. Hay una parte de la iconografía de este baile que me recuerda a su Quejío primigenio, la imagen del bailaor agarrado desde atrás por dos personas e intentando avanzar sin éxito. Mario Maya sí que sabía bailar.
