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12
Jul
08

Notas para un guión…, digo: notas sobre un guión.

La cámara enfoca de lejos a tres hombres de mediana edad que se dirijen hacia las mesas de una terraza que está medio vacía.

NOTA: Agustín (Agustín es el productor), he puesto de mediana edad porque así pueden valer casi cualquiera de los actores nacionales, si Antonio, Alberto o Guillermo no están libres podemos pensar en otros…

NOTA: Agustín, hay una terraza cerca de mi casa que podría servir para esta escena. Si quieres hablo con el dueño para ver cuánto querría cobrar. No creo que mucho pero es mejor que le hable yo que lo conozco.

La cámara, que estaba a un nivel más bajo que los personajes y con objetivo de plano medio, va haciendo un travelling conforme sigue a los tres hombres hasta que eligen una mesa donde sentarse. Cada uno de ellos elige sin dudar una silla, la mesa es de cuatro, y se sientan con calma y con total confianza (se nota que son amigos).

Uno de ellos, el que tiene barba, hace una señal al camarero que está fuera de plano. Entra el camarero en el plano. Sin necesidad de preguntar a los otros dos, el de las barbas pide la consumición.

NOTA: Agustín, tenemos que hablar con los de las cervezas para ver qué marca nos da más dinero por sacarla en la peli. Si no entran en razones será cuestión de que en la escena beban cocacola, fanta, pepsi o lo que sea, esto es irrelevante para la escena pero tiene que dejar dinero.

Se va el camarero. Durante un momento los tres se quedan callados mirando a la lejanía. Es una escena muy cotidiana, entre amigos que han hecho esto muchas veces. Se inicia la conversación, va de mujeres…

NOTA: Si vemos que la conversación de mujeres no pega con el resto del guión, cambiamos de tema que eso no es problema. Incluso lo podemos arreglar en el doblaje. Otros temas posibles son el fútbol y, si no hay más remedio, la política.

Plano y contraplano de los dos hombres que hablan a continuación.

Hombre 1. ¿Te has fijado cómo nos mira esa tía?
Hombre 2. ¿Cuál, la de la faldita blanca? Yo la he mirado cuando pasaba por su lado. Va a ser por eso.

Plano medio de una mujer sentada con su hijo pequeño en una mesa algo alejada.

Hombre 3. ¡Venga ya! Ya salió éste con lo de siempre. Tiene que ser a él al que lo miren…

Primer plano de hombre 2.

Hombre 2. (Con cara de suficiencia) ¿Qué te apuestas?

Contraplano.

Hombre 1. ¿Cómo que qué te apuestas? ¿Qué piensas hacer, vas a ir a por ella? Tú no tienes valor…

NOTA: Agustín, la escena deberíamos rodarla en verano, lo que nos permite poner a una actriz joven con poca ropa, ya veremos la que esté libre, pero como no va a tener mucho diálogo será barato.

NOTA: ¿Te das cuenta de las distintas posibilidades dramáticas de la situación? Estoy entusiasmado… Podemos elegir que el hombre se levante y vaya a por ella (y a partir de aquí varias situaciones más) o que la cámara enfoque a un hombre que llega y se sienta con la mujer (es su marido al que estaba esperando), y también hay varias soluciones: se levantan y se van sin mirar siquiera a los hombres, se quedan y la mujer tontea con la mirada con el hombre 2, se quedan y mira al hombre 1 y el hombre 2 cree que es a él… Agustín, veo un filón… creo que me inclino por que se levantan y se van, no quiero que el climax sensual de la peli quede marcado por esta escena.

Plano medio de los tres hombres.

Hombre 3. ¿Qué, cómo se te queda el cuerpo? Se van. ¿Lo ves? Y sin mirar siquiera para nuestra mesa. A ver si aprendes chaval…

Hombre 2. ¿Qué sabrás tú? Esa está en el bote. Te lo digo yo.

Hombre 1. Pues a mí me suena la cara. Creo que ya la he visto antes por aquí.

La cámara se va alejando y se mueve lateralmente hasta que entra en campo el camarero detrás de la barra que los mira con una sonrisa cómplice.

Camarero. ¿Hace otra ronda?

Plano corto de la mesa.

Hombre 1. Hace.

NOTA: Tengo una duda, Agustín. Si es cerveza lo que al final tomen (porque sea lo que más dinero nos deje), no sé si estará bien visto que beban tanto alcohol seguido. Tendremos que pensar en el target al que va dirigido la peli. Si son refrescos no hay problemas, pero no van a quedar muy machos los tres, y ya sabes la fama que tienen Antonio, Alberto y Guillermo: igual tendríamos que cambiar de actores. ¿Cómo lo ves, Agustín?

Plano general de la terraza.

Por la derecha entran dos chicas jóvenes que se sientan relativamente cerca de los hombres. La cámara las sigue hasta que están sentadas. Van hablando bajo.

Primer plano de Hombre 2.

Hombre 2. Esta vez sí que no hay duda, estás dos quieren guerra.

Primer plano de Hombre 3.

Hombre 3. Pero si no han mirado siquiera…

Contraplano Hombre 2.

Hombre 2. Tú qué sabrás…

NOTA: ¿Te das cuenta, verdad? Es como empezar de nuevo. Es una alegoría de que el sexo es lo que mueve el mundo. Y con esta escena, Agustín, conseguimos reflejar el callejón sin salida en el que se encuentran los hombres ya que no pueden hacer otra cosa que dejarse llevar por sus impulsos que son más fuertes que ellos. Creo que el público lo comprenderá así. No quiero hacerme ilusiones pero veo una gran película aquí, Agustín. No sé si el Goya (que ya sabes como son los de la academia, la tienen tomada contigo) pero algo sacamos, seguro.

NOTA: En cuanto me des tu visto bueno, Agustín, empiezo a escribir el resto del guión. Ya con esta escena te puedes hacer una idea del peazo película que voy a escribir y dirigir y tú a producir. Esto no puede ser sino el principio de una larga cooperación entre nosotros, con mi talento y tu dinero vamos a hacer grandes cosas. Si necesitas ponerte en contacto con mi representante ya sabes su número de teléfono…

29
Abr
08

El camino juntos

Desde que lo vio de lejos sintió curiosidad. No paró de caminar hacia donde él se encontraba sentado a la sombra de un árbol, y conforme se acercaba decidió que pararía a hablar con ese hombre. Ni se le pasó por la cabeza pensar que pudiera resultar inconveniente o peligroso, simplemente sintió ganas de hablar con el hombre.

Era bastante mayor, no anciano -pero quién sabe poner la raya que delimita la vejez-, y parecía estar descansando, relajado, con el cuerpo apoyado en el tronco del árbol y mirando tranquilamente el camino por el que se acercaba alguien que no paraba de mirarlo. Así que también sintió curiosidad por el encuentro que ya parecía inevitable. Él, si miraba, siempre lo hacía de lejos, la vida le había enseñado que si miraba de cerca a las personas podía ver a su través, su mirada era muy directa y escrutadora, así que tenía que guardarse de ella porque podía molestar a quien se sintiera mirado. Por eso siempre miraba de lejos y a menudo con un deje de ironía que le permitía mantener las distancias. Pero ese día estaba relajado, no tenía ganas de ponerse la careta de la indiferencia y vio cómo se acercaba a él alguien que lo miraba, y él miró.

Así que sin pensarlo mucho se paró ante el hombre mayor sentado debajo del árbol y decidió hablar. ¿Te molesta que te haga una pregunta?, le dijo, y él le dio permiso como no podía ser de otra manera. Pero le dio permiso con la mirada y ya la pregunta se contestó sola. Se sentaron a hablar juntos un rato debajo del árbol. Hablaron mucho y poco y se comprendieron fácilmente. Pasó el tiempo como pasa el tiempo cuando dos personas se comunican con intensidad, muy rápido, por lo que le propuso al hombre mayor aprovechar lo que quedaba de día para seguir un rato más por el camino.

Para ser mayor no andaba mal, mantenía un buen ritmo sin aparente esfuerzo aunque era consciente de sus limitaciones. Andaba y hablaba, no dejaba de hablar porque no dejaba de hacerle preguntas. Sin saber cómo se vio respondiendo a todas las preguntas que le hacía y parecía tener todas las respuestas, sólo tenía que mirar un poco hacia atrás y encontraba situaciones muy parecidas vividas por él con anterioridad y eso le dio la seguridad necesaria para responder a las preguntas. Pensó, para esto sirve la experiencia, y se puso contento de haber vivido tanto.

Al mismo tiempo que le preguntaba cosas le iba contando casi sin querer mucho de su vida pero no le importaba. Sintió que podía confiar en alguien después de que en su corta vida le hubieran hecho daño, un daño que no estaba en disposición de perdonar. Pero con el hombre mayor sintió seguridad porque parecía comprender todo lo que le contaba y para todo tenía respuesta. No podía sentirse mejor que con aquella compañía.

Caminaron juntos y hablaron y compartieron vida y sin apenas darse cuenta llegaron a una bifurcación del camino. No parecía grave, las dos partes en que se dividía el camino se alejaban casi en la misma dirección, sólo se iban desviando una de la otra poco a poco y quizás a lo lejos se vislumbraba un cambio de dirección más importante. Y le preguntó al hombre mayor cuál tomaban, ¿seguimos éste o aquél?, y el hombre mayor supo que le daba igual cualquier camino que eligiera porque para él se había acabado el camino juntos.

Como pudo le explicó que él ya no podía responder a esa pregunta, que su vida no le había preparado para responder a la pregunta. El camino había que elegirlo por uno mismo. Le dijo que uno podría equivocarse o no al elegir el camino, y que hay veces en que si te das cuenta a tiempo puedes volver a desandarlo, y otras veces en que poco puedes hacer más que seguir hacia delante porque ni tú mismo estás seguro de que merezca la pena volver a andar lo andado.

Y le dijo que él tendría que desandar el camino que habían hecho juntos pero porque no le quedaba más remedio si quería volver a casa. El trecho compartido del camino lo alejaba de casa y ya era hora de volver. No era muy grave porque la distancia recorrida no fue muy larga, el hombre mayor estaba seguro de que tendría fuerzas todavía para regresar a casa pero no podía arriesgarse a que se hiciera demasiado tarde porque su vista ya no era tan buena como para andar con poca luz.

Cuando vio al hombre mayor dar la vuelta y regresar pensó que no era justo que se fuera en ese momento y de esa forma. Tenía delante de sí una bifurcación y esperaba que le hubiera ayudado a decidir, qué trabajo le costaba haber hecho un poco más de camino juntos. No le molestaba en absoluto la compañía del hombre mayor y creía que junto a él sería mucho más fácil tomar decisiones importantes. Era irritante lo injusto de la situación. Volvió la cabeza y miró al hombre mayor alejándose, a buen paso, se notaba que no quería llegar tarde a donde fuera, lo que no vio fue cómo al hombre mayor se le caían las lágrimas.




Los seres humanos no nacen para siempre el día en que sus madres los alumbran, sino que la vida los obliga a parirse a sí mismos una y otra vez.
Gabriel García Marquez
¿Cómo vas a ser optimista si lees el periódico? El mundo es el lugar del infierno; millones nacen para sufrir: no le importa nada a nadie. No soy un pesimista, soy un optimista bien informado.
José Saramago

 

Noviembre 2009
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