Tiempo de elecciones

En estos primeros meses del año se me multiplican las elecciones. Acabamos de tener unas a rector de mi universidad (la de Málaga, ahora vendrán otras elecciones a juntas de centro) y en unas cuantas semanas tendremos las generales y, en Andalucia, las autonómicas. Por si fuera poco, los medios nos inundan de información sobre las primarias de Estados Unidos, así que muchos estamos atentos a lo que pueda pasar el “Super Martes”. ¡Qué barbaridad, cuántas decisiones que tomar!

Ya llevamos suficientes años de democracia para sabernos el ritual de todo esto y para aceptar las pequeñas trampas del sistema. Por ejemplo, ahora estamos en pre-campaña, porque la campaña propiamente dicha solo dura lo que estipula la ley electoral y se ve que los partidos políticos no tienen suficiente tiempo para lanzar sus mensajes en esas dos semanas (lo más irrisorio es que hay actos de inauguración de pre-campaña, en fin…).

Hay una cosa clara y es que los distintos partidos buscan el voto de los no afiliados a ningún partido. Si fuera por los afiliados, bastaría comprobar el partido con mayor número de ellos y entregarle el poder, una vez hechas las averiguaciones oportunas por las autoridades judiciales que en esto no hay que fiarse de nadie. Pero no es así, los afiliados a partidos son una minoría y por ello entre el resto de los votantes se dirime la cuestión. De este resto los indecisos son los que pueden inclinar la balanza hacia uno u otro partido.

Es ahí donde se centran las estrategias electorales de los partidos, en convencernos (o no, a veces a algunos les favorece la abstención) de que hay que ir a votar, y en convencernos de que sus promesas electorales son las que más se parecen a lo que nosotros queremos ser, que por si no lo sabemos somos el futuro, somos imparables, somos modernos, somos de calidad, y lo que haga falta. En esto no se diferencian casi nada los partidos de la derecha, del centro o de la izquierda.

Una vez más escucho conversaciones entre amigos que reproducen casi punto por punto lo que decíamos hace unos cuatro años. Que si no pienso votar a éste, que votaré a este otro con tal de que no salga aquél, que ya está bien de tantos años de fulanito, que estoy hasta el gorro de estos impresentables. En fin, cosas que todos sabemos, y en las que todos tenemos razón.

Yo casi prefiero que no me hagan promesas, ni unos ni otros, sino que me hablen de valores y de modelos de sociedad. Pero no estamos acostumbrados a esto. Acabo de leer que el partido de la derecha promete millones de puestos de trabajo, camino del pleno empleo, ¿cómo no estar de acuerdo con esa promesa? Visto así habría que tenerla muy en consideración. Hasta parece que el partido de la derecha es el partido de los trabajadores (y esto no casa con su historia, la propia y la heredada, ni con su ideario). He leído también que el partido de centro-izquierda promete la devolución de 400 euros a no sé cuántos millones de contribuyentes porque hay superávit económico, ¿cómo no estar de acuerdo de nuevo? Aunque estéticamente parezca un pago por el voto (si me votas a mí cobras, si votas al otro no, que él no lo ha prometido) tenemos que pensar bien y presumir que se trata simplemente de una demostración a la ciudadanía de que no hay crisis económica…

También he visto que el partido de la derecha promete deshacer algunas cosas hechas por el actual gobierno, está todo tan mal hecho que hay mucho que cambiar. Lo ha dejado claro en el caso de la asignatura Educación para la ciudadanía, y lo deja entrever en otras cosas como por ejemplo el canon digital (por cierto, a quien le interese estar bien informado sobre el canon digital y sobre el intercambio de archivos en internet le recomiendo que lea estas respuestas de David Bravo). Y que el partido en el gobierno promete darle cobertura legal tanto a las mujeres que se sometan a un aborto contemplado en la ley como a las clínicas donde se practiquen esos abortos. O sea promete que podamos hacer uso de nuestros derechos legales, ¡faltaría más!

Y el partido de la izquierda (sí ya sé que estoy haciendo reduccionismo, pero esto también es un homenaje al genial escritor José Saramago quien en su Ensayo sobre la lucidez habla del partido de la derecha, partido del medio y partido de la izquierda, y todo el mundo lo entiende), el partido de la izquierda, repito, promete una economía sostenible que mejore el uso de la energía, pero lo que de verdad pretende es ser decisivo en el cambio real hacia la izquierda…

Los días que vienen nos seguirán bombardeando con promesas-mensajes electorales. Yo en este tiempo de elecciones me acuerdo de un poema de León Felipe que se titula Yo no sé muchas cosas… y que termina así (no me atrevo a reproducirlo entero por si está sujeto a restricciones de copyright):

Yo sé muy pocas cosas, es verdad.
Pero me he dormido con todos los cuentos...

Y sé todos los cuentos.
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