Va de vinos (o no)

Aunque parezca mentira existen otras cosas en el mundo aparte de la campaña electoral. Llevo unos cuantos apuntes dedicados a la política y siento que es hora de aportar algo distinto a este blog. Claro que no se me ha ocurrido otra cosa mejor que hablar de vinos, así que no voy a mejorar mucho la corrección de mi imagen -no quiero dar pistas pero se lo he puesto fácil a cualquiera que quiera descalificarme ad aeternam con unos pocos adjetivos-.

Lo cierto es que anoche terminé de leer La Bodega de Noah Gordon, así que de ahí viene lo del vino. He hablado con gente a la que ha gustado la novela y con gente a la que no le ha gustado casi nada, que la han calificado de insulsa. Probablemente estos últimos se han visto un poco frustrados por lo que esperaban después de leer otras obras del autor. Hombre, una obra maestra de la literatura no es, se deja leer pero en conjunto me parece una novela fallida. Me explico: tiene muchos de los ingredientes necesarios para ser una novela de éxito (¿será así como se pueda describir un best seller?) pero no termina de aprovecharlos. Hay una historia personal de superación, hay una historia de amor, hay un trozo de la historia de España, hay una narración de cómo se pudo introducir en Cataluña la producción de vinos de calidad, incluso hay un malo que hace peligrar la vida del protagonista hasta casi el final. O sea que como diríamos por Andalucía: no falta de ná. Pero sí falta, falta sobre todo fuerza narrativa. No consigue por ejemplo que uno sienta interés verdadero por el mundo del vino, tan rico e importante en nuestro país.

Que la acción transcurra en el siglo XIX es un acierto en mi opinión, y podría haber incitado algún interés adicional por esa parte de la historia de España que es bastante desconocida, al menos los que ya tenemos cierta edad hemos olvidado gran parte de lo que estudiamos en su día sobre el periodo que sobrevino a las guerras carlistas y sobre la figura del general Prim -y me temo que los más jóvenes hayan estudiado todavía menos-. Yo recomiendo (con toda humildad, claro) un poco de lectura sobre el siglo XIX español porque muchos de estos lodos vienen de aquellos barros: conservadores y progresistas, tendencias separatistas en diversas regiones, recelos centralistas sobre las industrias catalanas, pronunciamientos… Y todo ello en medio de unas intrigas políticas que riéte tú de lo que ahora nos parece un espectáculo penoso -y lo es, nada más lejos de mi intención que justificar lo que vemos en el día a día de la política-.

¡Pero bueno! ¿Hablamos de vinos o qué? No puede ser que me deje llevar otra vez a otro terreno. Sea, hablemos de vinos. Es muy fácil mi postura. Me gustan. En España tenemos vinos buenísimos (vaya descubrimiento) y empezamos a tener cultura del vino que nos hacía falta. Hace un par de décadas los que pretendían entender de vinos lo tenían claro: se pide uno un rioja y si es caro es bueno. Los demás vinos tenían mucha menos fama y la verdad es que también menos calidad. Hoy no creo que haya ninguna parte de España en la que no se hagan buenos vinos, aunque unos estén más de moda que otros. Es un placer viajar por el país descubriendo los vinos que se hacen en cada sitio. Y hemos aprendido un montón sobre variedades de uva, conservación del vino, añadas o maridaje, por ejemplo. Incluso ya no nos avergüenza catar el vino en la mesa de un restaurante tal y como hemos aprendido a hacerlo porque nos lo han explicado en la tele (como casi todo).

Ahora voy a decir dos perogrulladas y a dar un consejo de cata. La primera de las perogrulladas es que un vino caro no tiene necesariamente que ser mejor: el precio de algo no siempre refleja su valor. La segunda es que rechazar un vino que nos están proponiendo en la mesa después de probarlo por el mero hecho de probar que se puede devolver a los corrales cuando uno quiere, no nos hace necesariamente unos entendidos: la prepotencia no está directamente relacionada con la enología. Y el consejo de cata. Haga el ritual que quiera, uno no tiene por qué demostrar conocimientos ante nadie para disfrutar del vino. Lo prueba, y si le gusta el vino es bueno. Ya está. No hay más. A beber.

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9 comentarios

  1. memuete

    Yo no entiendo de vinos, empecemos por ahí. Solo se lo que cualquiera sabe. Que hay blancos , rosados y tintos. Que hay distintas variedades de uvas y cuatro cosas más. Pero si entiendo de paladares, o al menos entiendo al mio. Y el mio dice que le da igual si es tal marca o añada. Las papilas no entienden de vino sino de gustos. Y estoy de acuerdo en que lo caro no siempre es lo mejor. Hay personas que confunden el buen gusto con una etiqueta y un precio. Esta claro que puede ser algo orientativo cuando no tienes mucha idea del tema pero yo detesto a todo aquel que te enseña su adquisicion mientras te suelta la coletilla de lo carisimo que lo ha pagado. Pero esto no es cuestion de vino, sino de gente snob que si le ve sentido a todo eso.
    Y para apoyar los vinos baratos os recomiendo un blanco ( yo soy mas de blancos) de Arcos de la frontera. Se llama tierras altas y la botella es alargada y de color azul intenso. Espero que os guste.

    marzo 6, 2008 en 9:26 pm

  2. Catadora

    Viva el Don Simón!!! Abajo el Bordón!!! Jejeje, es broma.

    marzo 6, 2008 en 9:59 pm

  3. salvaguirado

    Gracias memuete por la recomendación. Habrá que probarlo.

    marzo 7, 2008 en 9:37 am

  4. salvaguirado

    Catadora, te aseguro que la primera vez que leí tu comentario me pareció leer Abajo el Borbón!!! y me dije, lo que me faltaba ya para terminar de hundir mi reputación 🙂
    Por cierto, soy republicano 🙂

    marzo 7, 2008 en 9:39 am

  5. Catadora

    Salvador, perfectamente podrías haber leido abajo el Borbón porque yo también me considero republicana, aunque a veces prefiero no meterme en esos terrenos de política y de reyes y princesas, pues todo esto me da sensación de lejanía, como si estos temas no fueran con los españoles. Prefiero el día a día, que es lo que da sentido a mi vida y los argumentos descabellados los dejo para estos “señores”.
    Y respecto a los vinos, he estado acostumbrada a ver pasar ante mis ojos botellas caras de tinto y blanco…y nunca me gustó ninguno. Lo del Don Simón iba de broma, pero sí que prefiero los vinos dulces de Málaga, esos que los tragas por primera vez y tienen más bien un efecto de calorcito en la garganta, apenas se repara en saborearlo. Ya después se le coge el gustillo.
    Ahora sí que puedo decir en serio: ¡Viva el Málaga Virgen!, jejeje.

    marzo 7, 2008 en 10:02 am

  6. salvaguirado

    Yo tengo la ventaja de que me gustan casi todos: tintos, blancos, dulces, rosados. Los únicos que no disfruto bien son los espumosos.
    En cuanto a los dulces de Málaga, todavía recuerdo cuando hace ya bastantes años entraba de vez en cuando en La Casa del Guardia a pedir un pajarete. Buenísimo. Aunque como te tomaras más de uno, ibas listo. Eso me contaron…

    marzo 7, 2008 en 10:23 am

  7. Elisa Arias

    He de confesarte que Catadora era yo, jejejeje.

    septiembre 28, 2008 en 2:00 pm

  8. Pues Elisa, acabas de dejar de pertenecer a “catadores anónimos” 😛

    septiembre 28, 2008 en 2:50 pm

  9. Elisa Arias

    Eso parece, la verdad es que mi Maitre preferido siempre nos enseña algo sobre vino. Quizás lo conozcas. Se llama Pedro García y estuvo trabajando hasta su jubilación en la Tabacalera, junto al padre de Laura. Creo que vive en Ciudad Jardín.
    El trato con él es magnífico y siempre tiene palabras de elogio y agradecimiento para los camareros. Siempre dice la frase…”Aquí tenemos a lo mejorcito de Lepanto”…y todos nos reímos.

    septiembre 28, 2008 en 3:54 pm

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