Y la vida insiste en seguir…

Ayer fui al cine. Hacía tiempo que no iba, varios meses; con tantas posibilidades que hay hoy en día de ver cine por televisión la verdad es que uno se va acomodando y va menos a las salas de cine. Y no es lo mismo, no voy a descubrir ahora la magia que tiene ver una película en una sala de proyección; más ayer que éramos literalmente siete personas en toda la sala, o sea que no había muchas posibilidades de que nos molestáramos unos a otros como suele suceder en las películas de éxito.

Lo realmente mágico sin embargo fue la película que vimos: Cometas en el cielo. No sabía nada de ella, solo que alguien cercano nos la había recomendado. Ni siquiera sabía que estaba basada en un libro del mismo nombre del escritor Khaled Hosseini. Ahora tendré que leer el libro, no tengo más remedio, la historia me conmovió y aun sabiendo que ya no será lo mismo que si hubiera leído el libro sin haber visto la película, quiero leerlo.

Estoy seguro de que los críticos sesudos -hay algunas críticas en el enlace que he puesto antes- inmediatamente dirán que si hace o no honor al libro, que si falta esto o aquello, lo de siempre. Pero yo no conocía de antemano el libro ni la historia, y a mí me encantó la película. Y es que hay cosas que el lenguaje cinematográfico posee y que por más que queramos la literatura no -y lo digo desde el convencimiento de que yo no podría vivir sin libros-. Pero hay algunas imágenes de esta película que son preciosas. Las cometas volando, y especialmente toda la escena de la fiesta de las cometas volando sobre el cielo de la ciudad de Kabul, son impresionantes, muy bellas.

A todo esto, lo que me atrapó desde el inicio de la proyección fue la música, qué cosa con más talento. Al poco supe que era de Alberto Iglesias y que había estado nominado a un Oscar por la banda sonora de este film que en inglés se titula The Kite Runner. No me acuerdo quién ganó el Oscar (Alberto Iglesias no, de eso sí que me acuerdo) y por tanto no puedo comparar las músicas, pero será difícil que me guste más que la de esta película, genial Alberto.

La historia tiene varias capas superpuestas. Por una parte la política, con la historia reciente de Afganistán. Historia de invasión rusa e historia de los talibanes. El horror de todas las guerras adicionado aquí con argumentos étnicos y religiosos. Quizás sea la parte a la que se le podía haber sacado más partido. Probablemente toda esto esté mejor contado en el libro, eso dicen los que lo han leído.

Después están las historias personales. De amistad, de amor, de maldad, de traición. Aquí me descubro recordando especialmente la figura del padre. Conforme estaba viendo la película pensaba: yo quisiera ser ese padre, qué valor, qué sentido de la justicia, qué integridad, qué amor al hijo, qué capacidad de adaptación a las nuevas circunstancias, y qué pedazo de actor, por dios. Sólo después, tras varias horas, por ponerle algún pero a esa figura se me hacía difícil comprender por qué sabiendo que el hijo de su criado es en realidad su hijo, por qué lo deja marchar. Es probable que yo no llegue a comprender nunca que se ponga el honor por encima del amor.

Y está por encima de todo la historia de Amir. Que nos enseña que lo que somos como hombres es casi siempre lo que hemos sido cuando niños. Normalmente el carácter de una persona se forja en la niñez, y aunque no nos demos cuenta arrastramos durante gran parte de nuestra vida adulta todos los traumas que hemos padecido en la infancia. Pero el mensaje es que los traumas se pueden superar, la cobardía se puede superar. Los miedos también. Por supuesto que cuesta mucho y que no todos lo logramos, pero hay ocasiones en las que merece la pena. Y uno puede redimirse a veces si tiene ocasión de reparar el daño que haya cometido, porque hacer daño lo hacemos todos, sabiéndolo o no, y cuando lo sabemos no siempre somos capaces de remediarlo.

Amir se repone de la pérdida de seres queridos -que es lo más difícil que le puede pasar a uno, cuando perdemos a un ser querido el vacío en nuestro corazón es muy grande y no es fácil sobreponerse-, y se enfrenta a sus miedos para realizar una acción heroica -poco creíble, la verdad, no me imagino que en la realidad se pudiera salir bien parado de una historia así, pero eso es lo de menos: la historia del caballo de Troya sin ir más lejos tampoco me parece muy creíble y es considerada como una muestra de heroicidad-. Y después de toda la miseria moral y la violencia que se encuentra en su regreso a Afganistán puede volver a empezar una nueva vida una vez rescatado su sobrino de mano de los talibanes y expiada su culpa. Y es que la vida insiste en seguir….

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