Habrá que darle una oportunidad a la primavera

Me he dado cuenta de que los tres últimos artículos estaban impregnados de elementos negativos: violencia, traumas, miedo, soledad…. Vaya panorama que llevo pintando estas dos semanas pasadas. Y es que esto le viene así a uno, hay ocasiones en que las cosas negativas te atropellan, de tan seguidas que vienen no da tiempo a esquivarlas.

No quiero que el blog se llene de reflexiones sobre los aspectos más sombríos de la vida -al final terminará llenándose, a poco que reflexione uno sobre lo que le rodea así será, pero habrá que procurar que no se junten demasiado este tipo de reflexiones-, y sobre todo que la vida tiene muchísimos aspectos positivos y de alegría como para sólo centrarse en lo más oscuro. A ver si voy a acabar con fama de cetrino (atención colegas del pádel: he escrito cetrino, no cretino; puedo ser las dos cosas a la vez pero no me saltéis a la yugular tan pronto, que os conozco).

Total que he decidido darle un toque de optimismo al blog, y pensando en qué cosas han ocurrido a mi alrededor caigo en el detalle de que justo ha empezado la primavera. ¡Vaya recurso fácil! No me he tenido que estrujar mucho el coco para encontrarlo, estaba ahí desde hace unos días, claro que con esta ola de aire frío que hemos tenido cualquiera se daba por enterado. El hecho es que el invierno ya ha pasado, así es la vida, acaba de terminar la época más fría y oscura del año en esta parte del planeta. Y en nuestra latitud (escribo desde un pueblo cerca de Málaga, en el sur de España, podéis googlear para encontrar más o menos el sitio) las plantas ya se dieron por enteradas hace unas semanas de que la primavera llegaba. Primero fueron los almendros, que aquí florecen casi a finales de enero o principios de febrero, y hace poco los naranjos que han llenado de olor a azahar el ambiente. Lástima que las últimas lluvias hayan dejado pocas flores en los árboles pero seguro que en un par de días vuelve este olor que acompaña a la estación y a nuestras vidas aunque muchas veces no nos demos cuenta.

En mi casa además tenemos un nido de golondrinas justo en la puerta de entrada a la vivienda. Lleva allí más de doce años; aprovechando la parte de arriba de un farolillo que alumbra la puerta las primeras golondrinas que vinieron construyeron un nido que, con sucesivos retoques anuales, han mantenido años tras año y que ha sido cuna de muchísimos pajarillos -a veces han tenido varias puestas en cada estación-. Así que lo primero que me anuncia que el invierno se acaba es que llegan las golondrinas a toda esta zona y empieza el canto incesante del cortejo. Y a partir de ese momento cada mañana me despierto con el canto de estas golondrinas que ya no serán las mismas probablemente, quizás sean nacidas en este nido que ahora ocupan para incubar sus huevos.

Los ciclos de la vida. Una idea para reflexionar. Por repetirse se repite hasta la historia, por eso hay que estudiarla dicen los entendidos, para no repetir los mismos errores una y otra vez. Pero a mí me parece que los errores los venimos repitiendo desde el inicio de la humanidad, y que no vamos a aprender nunca. En todo caso, el hombre bien informado porque ha estudiado la historia estará más atento a cuando la situación se ponga imposible y tratará de salvarse, eso sí, para eso sí sirve estudiar historia, para estar prevenidos.

Hay otra forma de enfrentarse a la vida, no como parte de unos ciclos más o menos amplios sino como un camino con una única dirección, hacia delante siempre. Sin mirar mucho atrás, solo lo justo para acompasar nuestro paso al de quienes nos acompañan, no sea que nos sorprendamos habiendo dejado rezagada a gente que nos importa, pero poco más. Es dar el pasado por no venido -esta frase la tomo del libro que estoy leyendo estos días, la tercera parte de Tu rostro mañana de Javier Marías, tendré que hablar en un próximo artículo de ellos, del libro y del autor-. Mirar hacia delante siempre, y con la sonrisa en la cara, podemos perder o no cumplir las expectativas o tener los pies de barro o tenernos por poco, pero qué cosa nos hace más humanos que una sonrisa. Vendrán mal dadas, nadie lo duda, pero habrá que darle una oportunidad a la primavera.

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3 comentarios

  1. EL VAZQUEZ

    Querido Amigo : ya que hablas de la primavera se te olvida mencionar una cosa y esta no es otra que ” la sangre altera” y esto viene al caso porque tal y como llevamos nuestro ultimos encuentros, no encuentro otra definicion para el encontronazo del otro dia, pues parece ser que seguimos en nuestros trece ( lo digo por el de enfrente) no debes abandonar los escritos sobre violencia en favor del perdon y el arrepentimiento; ya ves, los dos somos violentos y parece ser que nos alteramos demasiado, no obstante amigo ya te lo he dicho debe ser la primavera. saludos

    marzo 28, 2008 en 3:16 pm

  2. salvaguirado

    Querido Antonio, sólo me queda una duda: los perdonamos y nos arrepentimos ¿antes o después de darles una paliza? (al pádel) 🙂
    En lo que tienes razón es en que las estaciones del año afectan a nuestras conductas. Las hormonas, ay, las hormonas.

    marzo 28, 2008 en 4:38 pm

  3. niuna ciencia por la shett!
    grr

    septiembre 23, 2008 en 2:28 pm

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