La universidad y el profesor (II)

Lo que pienso sobre el proceso enseñanza/aprendizaje se puede resumir en una palabra: compromiso. Desde hace unos pocos años, el primer día de clase les digo a mis alumnos que si ellos quieren aprender Biología Celular (la materia que imparto) yo me comprometo a enseñarles, o sea a ayudarles a aprender a pensar como lo hace un biólogo celular. De eso se trata, ni más ni menos; si los alumnos no quieren aprender no hay nada que hacer, uno puede cargarse de razones y exigirles que al final del curso demuestren saber una serie de cosas que se han estudiado en los apuntes o los libros, y al que no lo logre lo suspende. Pero no nos equivoquemos, no estamos hablando de aprobar o suspender a muchos o pocos, ni de porcentajes de éxito (esos que ahora nos quieren proponer como indicios de calidad), no, estamos hablando de enseñar.

Ser profesor no es por tanto una labor que uno haga independientemente de los alumnos que tenga delante. Es algo que tiene que hacerse con los alumnos que quieran aprender. Por eso no concibo que un profesor universitario (hablo de lo que conozco, no intento generalizar para otros niveles de enseñanza) repita años tras año los mismos conceptos en clase, o intente conseguir los mismos objetivos sin tener en cuenta a los alumnos que en ese momento tiene.

Ser profesor por tanto exige una presencia física en el aula: sean las clases magistrales o no, sean teóricas o prácticas, si no estoy en presencia de los alumnos no puedo evaluar cómo va ocurriendo el proceso. Por eso tampoco concibo la enseñanza puramente virtual. Sé que está muy de moda y que parte del futuro pasará por ahí, pero a mí no me llama la atención lo más mínimo -sólo he participado durante un curso académico como profesor en un máster virtual, y una vez vivido no lo he vuelto a repetir-. Para las universidades parece ser que tiene muchas ventajas lo de los títulos impartidos mediante docencia virtual (o a distancia, que es más o menos lo mismo), pero es que yo creo que las universidades se pueden acabar convirtiendo en una especie de supermercados de títulos (en la mesa redonda a la que hice alusión en la primera parte de este artículo, las llamé el mercadona de los títulos universitarios; no hizo mucha gracia entre algunos de los asistentes que ya estaban embarcados en ello).

Ser profesor exige mostrar seguridad, no tanto en los conocimientos que uno tiene -que de todas formas sería deseable- sino en lo que puede uno hacer para conseguirlos. Uno no tiene por qué conocer todas las respuestas a las preguntas que le hagan, pero sí debería proponer a sus alumnos las formas en que intentaría responder a sus preguntas. Y que con el ejemplo que el profesor les da sobre cómo enfrentarse a algo que no conoce o no recuerda o no se ha planteado, ellos puedan aprender que eso se puede hacer así. No transmite más seguridad el profesor que habla con voz alta, clara y que no duda en contestar a cualquier pregunta -a veces inventando si hace falta antes que confesar la ignorancia-. No es malo reconocer en el aula que uno no sabe eso que le preguntan, lo malo sería reconocer que no sabe uno cómo intentar encontrar la respuesta.

Pero no es sólo enseñar procedimientos, es enseñar a criticar, a no ser acomodaticios, a que el conocimiento, el saber, es ante todo un reto intelectual que exige dedicación, esfuerzo, sacrificio y preparación. Y que la ciencia avanza porque hay hombres que se imponen ese reto.

Ser profesor es querer crecer continuamente en sabiduría y comprender que uno no puede hacer eso solo, que necesita a sus alumnos lo mismo que ellos lo necesitan a uno. Y admitir que entre sus alumnos es muy probable que haya quienes sean más inteligentes que uno mismo (no hay que confundir la inteligencia con la formación), y que eso no le incomode sino que lo aliente a contribuir en la preparación de nuevas generaciones que nos superarán a todos, y ante las que nos tenemos que comprometer para que así sea.

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2 comentarios

  1. Arias

    He de empezar diciendo que este año estoy cursando dos asiganturas del aula virtual en dos Universidades andaluzas distintas: una es “Integración celular” en la UCO y la otra es “Salud reproductiva humana” en la UCA, y la verdad es que no tengo queja de ninguna. Desde el lado del alumno no sé si se verá diferente al lado del profesor. Supongo que sí, porque nosotros sólo nos enfrentamos al temario y a expresar (en este caso por e-mail o por tutorias virtuales) nuestras dudas, que luego el profesor tiene que entender. Sin embargo, el profesor debe hacer gala de su buena paciencia y explicar las dudas de sus alumnos enfrentándose a cada uno de ellos (no se entienda lo de enfrentarse como una pugna, es más bien una forma de afrontar los problemas que puedan surgir). En definitiva, mi experiencia por el momento no es mala y halago mucho la labor de mis “profesores virtuales” que hasta el momento están demostrnado que se interesan por los alumnos.
    Por el resto del artículo, no opino más. Ya di mi versión sobre tipos de profesores y tal en el anterior artículo y yo creo que por este mes ya está bien.
    Quizás surjan más oportunidades para hablar de eso con el tiempo…depende de ti y de mis aportaciones en el blog.
    Un saludo, Salva.

    abril 8, 2008 en 9:05 pm

  2. salvaguirado

    Hola, como siempre gracias por tus comentarios, no sé si serás la lectora más asidua de este blog pero desde luego eres la más participativa, y eso te lo agradezco de veras. Estoy seguro de que habrá muy buenos profesores que den clases a través de docencia virtual, y que para muchos alumnos es una buena solución para mejorar su formación. Incluso pienso que es algo que irá a más y tendremos que aceptarlo. Simplemente ese no es mi camino para enfrentarme a la docencia.
    Cuando he escrito estas cosas sobre la figura del profesor universitario en ningún momento he pretendido que se entienda que ser un buen profesor solo tiene una forma de entenderse, la mía. De ninguna manera; hay que ser más abiertos y humildes. Pero sí que he querido dejar claros cuáles son mis ideas sobre una profesión a la que me he dedicado con mucha vocación durante muchos años.
    Estoy seguro de que tú lo has comprendido así, pero lo dejo escrito por si alguien (algún colega) lee alguna vez el blog y se siente molesto.
    Tienes razón en que habrá que dejar descansar el tema por un tiempo (que en mi caso no sé si será mucho porque es parte de mi vida). Pero más tarde o más temprano tendré que escribir sobre los alumnos…

    abril 9, 2008 en 7:53 am

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