El deportista y el aficionado

Tengo con el deporte estas dos clases de relaciones, lo practico y además soy aficionado a verlo. Pero practico un deporte y soy aficionado a otro, no sé si es paradójico pero es así. Me gusta ver baloncesto, desde hace mucho tiempo, desde los tiempos en que jugaban Emiliano, Sevillano, Buscató, Luyk, Brabender y compañía; después vinieron más, muchos más y muy buenos pero aquellos fueron los que prendieron la llama de la afición a ese deporte. Por aquel entonces veíamos baloncesto en la tele cuando lo ponían en la única cadena que había. Ahora no lo ponen mucho más porque ya sabemos qué deporte domina la programación deportiva, pero por lo menos podemos ver algún partido a la semana. Yo veía baloncesto porque me gustaba pero no entendía casi nada de técnicas o estrategias. Tuve que esperar a que Ramón Trecet con su programa Cerca de las Estrellas nos enseñara a ver baloncesto y nos descubriera el baloncesto NBA (a Ramón Trecet hay que admirarlo por su faceta de periodista deportivo y aún más si cabe por su programa de música Diálogos 3; allí en Radio 3 también nos enseño a escuchar música diferente, con él descubrí el new age o la música étnica, Arto Tunçboyaciyan y su Armenian Navy Band sin ir más lejos).

Y desde hace años soy seguidor del Unicaja de baloncesto, seguidor primero y abonado años más tarde, cuando pude. Vamos en familia al Martín Carpena a ver al Unicaja. Y tenemos a nuestro alrededor a un grupo de amigos con los que compartimos las alegrías y las penas de los partidos. Esta temporada han sido más las penas, qué le vamos a hacer. En este artículo no voy a dar mi opinión sobre lo que pasa porque no me gusta mucho lo que leo en la prensa y en algunos blogs que visito sobre el particular. Y dentro de poco más de dos horas tenemos partido contra el Barcelona, así que a ponerse delante de la tele -lo dan por la 2-, y a sufrir un poquito con algunas de las cosas que digan los comentaristas de turno (a excepción de Joan “Chichi” Creus que no sólo sabe sino que es un señor; de todas formas podía ser peor: podía ser retransmitido por Canal Sur y entonces habría que rajarse las venas para no escuchar).

Casi todos nos comportamos de una forma algo diferente cuando estamos en medio de una concentración grande de personas. Y esto es lo que pasa en una cancha de baloncesto. Yo me comporto con algo más de entusiasmo que de ordinario, quiero decir que me puedo convertir en un exaltado -pacífico, pero exaltado- en cuanto veo un arbitraje malo, o sea todos los días, porque buenos los hay pocas veces. La injusticia del mal arbitraje me mata. El mal juego del equipo me desilusiona pero siempre espero que la calidad de jugadores y entrenador salgan a relucir y la cosa no termine mal. Y cuando el equipo juega bien, ay amigo, entonces es difícil controlar la emoción que produce en nosotros; no digo ya las veces que se ha ganado algún título.

Todas estas cosas son muy normales, pero como animales sociales que somos hay que vivirlas en directo para comprender hasta qué punto los espectáculos deportivos emocinan al público -el circo de los romanos, para entendernos-. Siempre me ha parecido adecuado el baloncesto como espectáculo para que mis hijos asistieran a él, y salvo rarísimas excepciones no me arrepiento de llevarlos a la cancha: aprenden también muchas cosas allí.

Sin embargo, creo que he jugado poquísimas veces al baloncesto, y las pocas en mi niñez. Desde pequeño me gustó jugar más a los deportes de raqueta (entre otras cosas porque era muy malo jugando al fútbol, y no me quedaba otro remedio que buscar alternativas). He practicado muchas modalidades, tenis, frontón, tenis de mesa, squash, y ahora pádel. Pero lo importante aquí no son las emociones que produce el deporte como espectáculo, sino las emociones que produce el juego, que es distinto. Uno puede practicar deporte por distintas razones, por cuidar la salud, por costumbre, por modas, pero lo que más me gusta a mí es el sentido del juego, eso que los primates no podemos remediar. Me gusta jugar, y en el juego se conoce bastante bien a las personas. Cuando llevas tiempo jugando con las mismas personas aprendes a conocerlas. Sabes quién quiere aprender, quién quiere echar el rato, quién no soporta perder, quién tiene aguante, quién sabe pedir perdón, quién sabe ganar, quién se viene abajo a la más mínima…

He vivido todas esas situaciones, en una medida u otra ves alguna de estas cosas en ti mismo y en los que juegan contigo. Así que también es una buena escuela de la vida, porque en la vida hay que jugar, y hay que saber qué es lo importante del juego, qué es lo que sacamos en limpio de todo. Y hay que saber perder porque no siempre se puede ganar, y hay que saber ganar y comportarse entonces con humildad porque mañana vamos a perder. Y sobre todo, que el juego se acaba, y después nos vamos a tomarnos una cerveza con los colegas (que es para lo que juegan muchos) y ahí se acaba casi siempre la mala uva del que haya perdido. Y escribo esto en fin de semana para que ninguno de mis colegas de pádel vaya a leerlo porque estén en sus ocupaciones familiares, y así me evito algún comentario que ya me imagino. Total, yo no pierdo nunca 🙂

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6 comentarios

  1. Arias

    La euforia de ver al equipo que a uno le gusta es lo más normal del mundo…no es nada extraordinario, jeje.
    Y yo conocí a Carlos Cabezas por aquella época que estudiábamos en el instituto y él jugaba en “la cantera” del Unicaja (que se tenga en cuenta que esto no es presumir). Que conste que a mi no me gusta el baloncesto, ni practircarlo ni verlo.
    Yo soy más de naturaleza: senderismo y escalada. Acabo de volver de El Bosque, de hacer un curso de monitor en el medio rural y de hacer unas rutas por la zona. Lo recomiendo efusivamente…pero elegid otra época del año porque este fin de semana ha estado pasadito por agua(aunque esto importa más bien poco, pues es una de las zonas más húmedas de España).

    abril 20, 2008 en 6:59 pm

  2. salvaguirado

    No, si la euforia es normal, lo que no es tan normal es cómo lo exterioriza uno a veces 🙂
    Lo de la naturaleza debería ser algo que los biólogos disfrutáramos más, pero hay de todo como en botica. Los pueblos blancos y todo su entorno son fantásticos. Hace unos años estuvimos toda la familia en unas cabañas en Prado del Rey y también llovió bastante, y no había forma de calentar aquello porque toda la leña estaba mojada: qué frío pasamos…

    abril 21, 2008 en 8:17 am

  3. EL VAZQUEZ

    querido amigo veo que te sienta mal al cerebro no jugar un partido con el vazquez el sabado y te pones a elucubrar, aunque no me queda mas que darte la razon en todo lo que dices sobre los colegas de padel, en especial de mi mismo, pero en lo que mas razon tienes es en lo de la cervercita. bueno no te preocupes el sabado volvere a peder contigo jejejeje.

    abril 21, 2008 en 2:39 pm

  4. salvaguirado

    Es lo que tiene la abstinencia de partidos, que uno se dedica a cualquier otra cosa.
    A todo esto, ¿nosotros hemos perdido alguna vez?

    abril 21, 2008 en 2:49 pm

  5. EL VAZQUEZ

    nunca a lo maximo empatar

    abril 22, 2008 en 1:46 pm

  6. salvaguirado

    Así me gusta, ¡la verdad por delante! Nuestra verdad.
    Del Juan de Mairena de Machado:
    “La verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero.
    Agamenón: Cierto.
    Porquero: No me convence.”

    abril 22, 2008 en 1:52 pm

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