Cuerpo y mente y espíritu (I)

Estoy leyendo el libro que han escrito a medias José Luis Sampedro y Valentín Fuster, La ciencia y la vida, y son tantas las cosas que me gustaría comentar que ni siquiera puedo esperar a terminar de leerlo. Es un libro atípico porque se basa en la transcripción de las conversaciones que tuvieron los dos autores durante tres días hablando de muchas cosas. Casi desde las primeras páginas me entraron ganas de estar allí presente, qué envidia me da cualquier persona que pasara por alli y pudiera escucharlos, qué alegría que se decidieran a publicar este libro. Los dos son admirables en sus respectivos campos, y yo ya había disfrutado con los libros de José Luis Sampedro y con cada una de sus apariciones en los medios. De Valentín Fuster conocía su trayectoria como cardiólogo, probablemente el cardiólogo más reconocido hoy en el mundo.

Todo lo que dicen es interesante, lo comparta uno o no, y es indudable que son planteamientos que cada uno de ellos ha meditado y elaborado a lo largo de su vida. Otro día hablaré de la felicidad y de los caminos que pueden llevar a ella que es uno de los temas que tratan, hoy quiero centrarme en lo que hace referencia el título de este artículo.

En un momento de sus charlas, sale a colación el considerar que los hombres tenemos un cuerpo y una mente (o cerebro) que compartimos con los demás animales, y además un espíritu que es propio de nosotros. Es una idea interesante porque evita la dualidad cuerpo-alma que tan arraigada está en nuestra cultura, aunque a costa de añadir otro elemento más, ahora tenemos un trinomio en lugar de un binomio y no estoy muy seguro de que ganemos con ello. La idea central es que el cuerpo y la mente se encargan de lo puramente animal, que ellos definen como supervivencia, y que el espíritu es el que puede hacer cosas que solo nosotros podemos hacer.

Después hablaré del espíritu; lo que me llamó la atención es la idea de supervivencia. Esto supone que los animales hacen las cosas para sobrevivir. Es una idea muy extendida y admitida: si un león se come a una cebra es porque tiene que alimentarse para sobrevivir, no tiene más remedio. Es como darle un sentido a la vida, la vida consiste en sobrevivir y perpetuarse, o sobrevivir para poder perpetuarse que viene a ser otra de las concepciones más en boga. ¡Qué más quisiera yo que tener respuestas a estas cosas! El sentido de la vida, vaya preguntita…

Como es una pregunta a la que podemos contestar de manera distinta según sea la creencia o la formación que tengamos, es lógico que haya distintas maneras de enfocarla. Yo por más que he intentado encontrar respuestas a nivel celular me siento incapaz de pensar otra cosa que el sentido de la vida es vivir. No sobrevivir, sobrevivir implica ya una carga emotiva, una toma de decisiones que empujaría a los seres vivos a seguir vivos a pesar de las condiciones adversas del medio. Es decir, yo no creo que el león come cebras porque si no come se muere, no, come porque está vivo y los seres vivos se alimentan, con cebras o peces o materia orgánica o lo que sea. Parece una tontería pero para mí no lo es. Porque de ahí nacen muchas hipótesis que abonan la idea de que la lucha por la supervivencia es lo que mueve la vida.

La supervivencia parece indicar que consideramos al medio natural en el que estamos como algo ajeno y, a menudo, adverso. No será tan adverso cuando en ningún otro sitio conocido se desarrolla vida como la nuestra. Y si no es el medio, son los otros seres vivos los que acarrean peligro. Por ejemplo, para un boquerón (o sardina o arenque o besugo o atún, que igual leen esto en otros lugares que no sea Málaga) el medio marino no debería ser peligroso -se mueve como pez en el agua-, pero sí lo son otros peces que pueden comérselo (no hablo de la pesca en este momento). Así que si no es la lucha contra el medio adverso sería la huida de los depredadores para evitar ser comido, y a la vez el boquerón se necesitaría alimentar de otros seres vivos para perpetuarse, y así tenemos una idea de la vida en la que la supervivencia se coloca en un lugar primordial de la existencia.

Puede parecer ingenuo el planteamiento pero yo creo que los seres vivos no pueden hacer otra cosa que vivir. Una célula como es un ser vivo se nutre, intercambia energía con el medio, se comunica con el medio y con otras células, y unas pocas cosas más que se derivan de éstas. Lo mismo hacemos nosotros, seres vivos más complejos. Es como llevar el yo soy yo y mis circunstancias orteguiano a la biología. Las circunstancias son tanto el medio como los demás seres vivos, que forman parte uno y lo otro de lo que cada ser vivo es. No es luchar por la supervivencia, es vivir la vida en el medio que tenemos y con los seres vivos que comparten existencia con nosotros.

Como probablemente me explico muy mal, tendré que seguir…

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5 comentarios

  1. Arias

    Cualquier pensamiento sobre la vida implica el aceptar el cierta medida que es un ciclo. Es paradójico pensar así puesto que tuvo un principio y tendrá un final. Pensar que el medio en donde nos desarrollamos todos los seres vivos es el único (aunque sea en más o menos medida adverso)…pues me lleva a pensar en lo trascendental que resultaría conocerlo absolutamente todo: el tamaño del universo, la existencia de vida en otros planetas, si existe un creador de “todo esto”…no sé hasta qué punto un ser humano debiera acceder a estos conocimientos pues creo que sería muy complejo siquiera de asimilar, creo que aunque lo supieramos no lo entenderiamos.
    Las religiones surgieron de la necesidad del hombre (que es el que oficialmente tiene la capacidad de razonar) por creer que al mundo se viene a cometer una empresa, es decir, la eterna duda de por qué existimos y cuál es nuestro papel en el mundo; y como escape a la temida muerte, a la que temodinámicamente tendemos.
    Ahora yo pregunto: ¿acaso el león del que hablabas es consciente de que si no caza la cebra para comer se muere?
    ¿Hasta que punto el león se da cuenta de que vivir implica un motivo? ¿Por qué el león no tiene más remedio que “sobrevivir”? ¿Acaso no puede elegir?
    ¿Está enfrentado en este caso el instinto con el espíritu? ¿De quién es la divina mano que nos ha hecho diferentes al resto de seres vivos?
    En tal caso, me resigno a pensar que venimos a este mundo sin ningún motivo, ya que lo lógico biológicamente hablando es pensar que nacemos para morir y para que otros nazcan y mueran.

    mayo 8, 2008 en 1:55 pm

  2. salvaguirado

    Muy interesantes tus comentarios (una vez más, tendría que decir). Me encanta que los biólogos hablemos de estas cosas porque nuestras opiniones pueden ser complementarias a las de otras personas con distinta formación.
    Me surgen tantas reflexiones a raíz de lo que has escrito que no sé por dónde empezar. Así que vayamos por partes. A mí me parece que no es posible conocerlo todo, ni deseable siquiera como das a entender. Lo importante es que cada uno intente responder a las preguntas que en un determinado momento tenga necesidad de hacerse, porque eso inevitablemente le llevará a reflexionar, lo cual nunca es malo sino todo lo contrario. Las respuestas importan menos, las preguntas son lo que cuentan, no sé si me explico…
    Lo que piensas del nacimiento de las religiones creo que puedo compartirlo, aunque yo lo admitiría mejor como la necesidad que tienen muchas personas de creer en un dios más que en la religión. Soy peor pensado que tú, creo que las religiones fueron inventadas como forma de poder, es decir como forma de manejar a unos hombres que necesitan creer en algo divino. Quizás tendría que matizar más este pensamiento pero de momento esta es mi postura.
    Por cierto, recoges la idea de una muerte a la que tendemos por los principios de la termodinámica. Siempre me habrás visto sonreir en clase cada vez que alguien utiliza los principios de la termodinámica para sus razonamientos biológicos, y no es que no los respete que lo hago y mucho, sino que creo que la física y la biología son las dos únicas ciencias, por decirlo de una manera contundente, totales. La física intenta explicar el universo en todas sus dimensiones y la biología la vida. Qué más quieres.
    Y haces muy bien intentando razonar desde el punto de vista del león. La mayoría de las veces pensamos en los animales y en sus conductas desde un punto de vista totalmente humano. No, el león no es consciente de que si no caza la cebra se muere. El león es consciente de que tiene hambre (de eso se encarga el hipotálamo) y de que la cebra es comida (de eso se encargan estructuras cerebrales que tienen que ver con el aprendizaje y con la memoria: el sistema límbico, la amígdala…). Vivir no implica ningún motivo para ningún ser vivo, somos nosotros los que lo buscamos. Piensa que para buscar motivos, hacer elecciones y cosas así se necesita un cerebro. Y ni mucho menos todos los seres vivos tienen cerebro. Nos olvidamos tan a menudo de los vegetales o de las bacterias o de los seres unicelulares que son la inmensa mayoría de la vida…
    Intentaré escribir en otro momento sobre el espíritu, si es que lo tenemos 🙂
    Un último apunte, en tu último párrafo retomas el tema de los ciclos de la vida. A mi me gusta la idea, pero lo quiero ver en positivo (la idea de muerte siempre es negativa en nuestra cultura), prefiero pensar que nacemos para vivir, para que otros nazcan y vivan. Es lo mismo, pero queda más bonito 🙂
    Tenemos que seguir con estos temas.

    mayo 8, 2008 en 2:51 pm

  3. Arias

    Vaya, ¿por qué será que los temas más complicados son los más interesantes?
    En definitiva, me parece que en neurociencia sabes más que yo, jeje.

    mayo 8, 2008 en 4:27 pm

  4. salvaguirado

    Son interesantes porque nos hacen pensar, y eso a algunos nos estimula, a otros les da pereza.
    Y no es cuestión de saber -sea de neurociencia o de lo que sea-, eso se estudia y no tiene mucho mérito, es cuestión de estar preparado para hacerse las preguntas adecuadas, y a mí me parece que tú las sabes hacer.
    Tengo que preparar una segunda parte de este artículo, pero tendrá que esperar unos días.

    mayo 8, 2008 en 5:06 pm

  5. Pingback: El miedo, siempre el miedo « Salvador Guirado, perdonen que no les dé la mano

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