El miedo, siempre el miedo

Hay cosas en la sociedad que son difíciles de encarar pero me temo que mirar para otro lado no nos va a servir de mucho. Los problemas sociales no se solucionan solos -los personales tampoco, pero en estos podemos dejar correr el tiempo que algo cura- y lo que sí puede pasar es que por no acudir a tiempo la solución sea mucho más difícil y traumática. Estos días estamos pendientes de algunas controvertidas medidas del gobierno italiano con respecto a los inmigrantes en aquel país, lo que se ha traducido en algunas ciudades como Nápoles en una verdadera persecución hacia los gitanos (en este caso mayoritariamente de origen rumano) que viven en la zona.

La xenofobia es algo de lo que a menudo no gusta hablar porque a poco que nos descuidemos sale a relucir lo peor de nosotros mismos. Se nos llena la boca de decir que todos los hombres somos iguales pero a la hora de la verdad hay sentimientos ocultos que nos hacen sentir mejores que los demás. Quizás es que hemos confundido algo los conceptos. Lo que voy a decir puede sonar raro pero trataré de explicarme. Yo no creo que todos seamos iguales. Así dicho parece una barbaridad pero si leéis lo que pienso sobre el ser humano puede que se comprenda mejor. Cada persona es lo que es, conjunto de su yo y su circunstancia -me gusta mucho ese aforismo de Ortega-, y como parte del yo está el cuerpo y la mente, y como parte de la circunstancia están la cultura y las relaciones con los otros seres humanos y con el medio en el que vivimos. Así que cada uno es distinto al otro. Ninguna persona es igual a otra.

Lo que ocurre es que normalmente los condicionamientos culturales y las relaciones con el medio nos hacen que nos parezcamos más entre los que compartimos cultura y vecindad. También hay un componente genético que hace que tiendan a parecerse más los que están más relacionados genéticamente, el caso más claro lo tenemos con los gemelos pero es lo mismo que les pasa a los grupos sociales menos propensos a mezclarse con otros (condicionamiento cultural) o incluso a los miembros de las casas reales de la antigüedad (aquellos reyes pintados por Goya, qué caras…).

Pero una cosa es que no todos seamos iguales y otra es que no todos tengamos los mismos derechos. Ahí es donde hay que insistir e insistir hasta que cale hondo en nuestra sociedad. No puede ser que los que ostentamos unos derechos se los neguemos a otros. La forma en que yo me he educado puede colisionar frontalmente con las formas en que se han educado otros, y puede que haya cosas que nos repelan mutuamente. Solo hay que pensar en las cosas que comemos que para unos son de lo más normal y para otros producen náuseas, y no voy a poner ejemplos.

Como los seres humanos somos gregarios por naturaleza tendemos a reconocer a los miembros de nuestra tribu (y empleo la palabra tribu en sentido muy amplio) y por lo tanto también reconocemos a los que no lo son (visualmente es a veces relativamente fácil distinguir a grupos de seres humanos que históricamente han formado parte de las mismas tribus). Y además de gregarios tenemos consciencia de nuestros miedos. Los animales sienten miedo, el miedo entendido como una respuesta aprendida ante un estímulo potencialmente peligroso. Visto así es algo natural. Los animales evitan de esta manera las situaciones de peligro, y los circuitos cerebrales responsables de esas respuestas son conocidos y objeto de intenso estudio.

Sin embargo, el ser humano es capaz de sentir miedo ante representaciones abstractas o simbólicas de situaciones potencialmente peligrosas. Y en esto entra también la cultura. Sentir miedo no es bueno ni malo, es una reacción natural. Las respuestas que somos capaces de producir como consecuencia de ese miedo sí pueden ser éticamente reprobables. Si, por ejemplo, una persona de piel blanca entra en un barrio en que todos los que le rodean son de piel negra, es lógico que sienta miedo -se ve distinta y en minoría, los simios somos así-, pero ello no le legitima para atacar al primero que se le acerque. Esto parece claro, y sin embargo el miedo nos lleva a menudo a respuestas muy violentas y que de ninguna manera debemos exculpar.

Y después están los que gestionan el miedo con intenciones políticas. Detrás de ello siempre están las personas que se sienten superiores a las demás y que se valen del caldo de cultivo que son los problemas reales de la sociedad -y que muchas veces ellos y otros como ellos han contribuido a que existan: pobreza, marginación, falta de libertades…-, para hacer el discurso de la represión en aras de la seguridad. Siempre que se relaciona inmigración con falta de seguridad estamos ante una gestión del miedo de este tipo. Digámoslo alto, no por ser inmigrante, gitano, rumano, árabe, negro, o lo que sea se es potencialmente peligroso y por tanto hay que guardarse de ellos o perseguirlos. Ya está bien de que manejen nuestros miedos. No miremos para otro lado y nos dejemos convencer de que lo hacen por nuestro bien. Lo hacen porque ven peligrar un statu quo de dominación que les viene muy bien.

Y esta gestión del miedo no es patrimonio de la ultraderecha (que en el caso de Italia se ve reflejada en el gobierno de Berlusconi por los integrantes de la Liga Norte), sino que es lo mismo que hace cualquier grupo terrorista de los que pululan por el mundo. Las explicaciones intelectuales -por llamarlo de alguna manera- que dan a sus acciones pueden estar disfrazadas de discursos que pueden parecer razonables, que si la opresión del pueblo tal, que si la lucha de religiones, en fin ya lo sabemos, pero de lo que se trata es de que unos individuos se creen superiores a otros y gestionan el miedo -el terror- de todos nosotros para conseguir sentirse superiores. Fascismos y terrorismos van de la mano, manejan nuestros miedos.

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4 comentarios

  1. Yo solo creo, que todo puede ser superado si queremos, todo puede cambiar, lo unico por lo que hay que empesar, es por nosotros. Saludos.

    agosto 22, 2008 en 11:34 pm

  2. Totalmente de acuerdo, Frank. La superación del miedo es una cuestión personal, aún así hay tanta manipulación social y política de algunas cuestiones como las que nombro en el artículo que a veces se hace muy difícil esa superación.
    Saludos cordiales.

    agosto 23, 2008 en 8:05 am

  3. ¡Esplendido, en mi opinión sólo hay que temer al miedo, y la ignorancia, el espíritu gregario, la sobreprotección, la delegación de nuestras prerrogativas, derechos y deberes en lo que sea y en quien sea, junto a la manipulación de los grupos de poder de Hecho -Estado, multinacionales, etc- como de facto -I)glesias, etc.- se encargan de infundirnos el terror necesario para mantenerlos dependientes, dóciles, aborregados etc.
    También yo he escrito bastantes artículos sobre el miedo que vienen a decir lo mismo que tú, algún día te mando los enlaces.
    Un abrazote cálido.
    Hannah

    febrero 3, 2009 en 1:52 pm

  4. Pues será un placer leerlos.
    Gracias Hannah por tu comentario.
    Un abrazo.

    febrero 3, 2009 en 3:51 pm

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