Memorias de África

Ayer murió unos de los grandes del cine, Sydney Pollack. Director, productor y actor: qué más se puede pedir. Y en todas las facetas dejó muestras de su buen hacer. Los que quieran repasar su filmografía lo pueden hacer en este enlace.

De una carrera tan prolífica quizás sea injusto resaltar una sola obra como he hecho yo en el título de este artículo, pero Memorias de África es la primera película que he recordado de las muchas que dirigió. Puede ser que haya sido porque llevo unos cuantos días pensando cosas sobre África a propósito de las noticias que nos llegan, después hablaré de ello.

Qué decir de la película, que es de las que se recuerdan a pesar de los años que hayan pasado desde que se vió por última vez. Preciosa fotografía, de las que hay que ver en pantalla grande para saborear la verdadera dimensión del cine. La historia que cuenta es una adaptación de una novela autobiográfica de la escritora Isak Dinesen que yo no llegué a leer y de la que al parecer se aparta bastante la película. Relaciones amorosas fuera de un matrimonio de conveniencia y relaciones con la tribu de los masai, con todo el glamour del romanticismo colonial de primeros del siglo XX y la grandiosidad que se puede esperar del continente africano. En cierto sentido, me recuerda a El paciente inglés -mutatis mutandi, claro-.

Y además Robert Redford, uno de mis actores favoritos, interpreta al cazador con el que Meyrl Streep mantiene una relación extramatrimonial. Que yo recuerde Sydney Pollack ya había dirigido a Redford en al menos dos películas de éxito, Tal como éramos y Los tres días del Cóndor, la primera no me gustó mucho (lo siento nunca me sedujo Barbara Streisand) pero sí la segunda. Robert Redford es uno de esos actores que llenan la pantalla sin necesidad de gesticular ni de sobreinterpretar, y me parece que no hace falta que le haga mucha propaganda porque casi todo el mundo coincidirá conmigo en que además de guapo ha sido un grandísimo actor que revaloriza las películas en las que interviene (aunque su papel en Leones por corderos no me gustó, se reinterpreta a sí mismo).

Pero volvamos a Memorias de África. Dos formas de entender el amor, la de ella que pretende una pareja estable y fiel, y la de él más independiente sin querer ataduras: relación imposible. En el cine esto nos parece una historia de lo más romanticota pero supongo que en la vida real cuando dos que se quieren no quieren lo mismo las cosas son muy dolorosas.

Pero mucho más dolorosas son las imágenes que nos llegan cada día de África. No puede ser que pase lo que está pasando continuamente y no hagamos nada. Ya no hablo de un país, o de una etnia o tribu, hablo de todo un continente. Y lo tenemos olvidado a su propia suerte que es la del hambre, las guerras, las enfermedades, la de la explotación de los recursos por unas cuantas compañias multinacionales. Esto lleva pasando demasiado tiempo. Tenemos una deuda tan grande con ese continente que no sé cómo la vamos a pagar. A las expediciones de unos cuantos aventureros en el siglo XIX, siguieron las ocupaciones coloniales de las potencias europeas de la época que se asentaron allí repartiéndose el territorio (no hay más que ver cómo están trazadas las líneas rectas en el mapa para darse cuenta de que eso responde a un reparto, no a ninguna otra consideración). Ahora, acabadas las colonias quedan casi todos los países dejados a su suerte, que más bien es mala suerte. Todo lo que se haga es poco; duele tanto ver las imágenes de niños muriendo de hambre, las múltiples guerras que se suceden sin que las organizaciones supranacionales puedan hacer mucho, la falta absoluta de derechos fundamentales que afectan a pueblos enteros (como el saharahui), la violencia cotidiana con la que conviven millones de personas, las enfermedades que fuera de allí no son mortales pero que allí condenan a millones, que se me encoje el corazón cada vez que lo pienso.

Por eso la muerte de Sydney Pollack me ha recordado inmediatamente su película Memorias de África. Porque desde hace unas semanas estamos asistiendo al enésimo episodio de violencia, ahora en Sudáfrica, con enfrentamientos entre personas que viven en la miseria. Y he visto esa foto de un hombre malherido en las revueltas, y esa otra foto tomada desde otro ángulo en la que hay una decena de fotógrafos a un metro del hombre “haciendo su trabajo” (o había muchos fotógrafos o pocos heridos, porque aquella foto estaba atestada de fotógrafos). Habría mucho que hablar sobre ese trabajo, pero si ni siquiera sirve para aporrear nuestras conciencias con lo que está pasando allí y que nos lo hacen ver, entonces qué sentido tiene todo.

Me encanta el cine y he disfrutado mucho -y seguiré haciéndolo- con las películas de Sydney Pollack, pero me duele África.

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