La edad y el envejecimiento

Dentro de unos días tendrá lugar un congreso en una universidad americana (UCLA) que tiene por título  Understanding Aging: Biomedical and Bioengineering Approaches (Comprendiendo el envejecimiento: consideraciones biomédicas y de bioingeniería; más o menos). Como patrocinador del congreso aparece la Fundación Matusalem, así que con ese nombre se intuye lo que se pretende: estudiar cómo se puede retrasar el envejecimiento.

Desde el punto de vista científico es posible comprender qué es lo que pasa a nivel del organismo cuando se envejece. También empezamos a comprender relativamente bien cuáles son los mecanismos de muerte celular. Una cosa no es igual a la otra. No es lo mismo el envejecimiento y lo que llamamos muerte natural (consecuencia de ese envejecimiento), que la muerte celular. Las células se están muriendo continuamente en un organismo. Desde antes de nacer se produce una muerte celular masiva en cualquier embrión. De hecho si somos como somos se debe en gran medida a programas de muerte celular, por ejemplo, tenemos cinco dedos porque las células que estaban en las interdigitaciones mueren, si no tendríamos la mano palmeada, sin dedos. En realidad, cualquier proceso que genera una forma (morfogenético) se basa en un complicado programa de nacimiento de células, migraciones, y muerte.

Y por otra parte, cientos de miles de células de nuestro cuerpo se renuevan (algunas a velocidades de vértigo) porque van muriendo continuamente. Aunque parecemos siempre los mismos, el hecho es que pocas de nuestras células nos acompañan durante toda la vida (el hígado y el cerebro son los órganos que sufren menos recambio celular).

Así que muchísimas de nuestras células no son nunca viejas -en relación con nuestra edad- ya que se renuevan a menudo. Nuestros constituyentes no son viejos pero nosotros envejecemos. No es una paradoja, es la distinta forma de ver las cosas según se estudien a un nivel o a otro. El envejecimiento, por tanto, afecta al organismo como un todo y tiene las consecuencias que todos conocemos.

¿Pero quién no quiere posponer el envejecimiento? Me contesto a mí mismo -la pregunta era retórica-, pues depende de quien conteste. Posponer el envejecimiento es algo que, desde mi punto de vista, tiene menos interés científico que sociológico o económico. No es lo mismo que la pregunta se le plantee a una persona que viva en los estratos sociales acomodados de nuestra sociedad, que si se le presenta la misma pregunta a una persona que viva en el umbral de la pobreza, por ejemplo. Cuando millones de personas mueren o van a morir de hambre, cuando el 70% de los enfermos de sida en países en desarrollo (antes se decía subdesarrollados, pero no queda políticamente correcto) no tienen acceso a los antirretrovirales, cuando las necesidades básicas de gran parte de la población mundial no están cubiertas, ¿creemos de verdad que la pretensión de posponer el envejecimiento es algo que afecta a todo el mundo?

Pues bien, dicho esto estoy seguro de que en los próximos años gastaremos cada vez más recursos en esta tarea. Los tiros van por ahí. Las posibilidades técnicas que se desprenden de los estudios con células madre, que permiten vislumbrar un futuro próximo en el que se puedan reparar tejidos enfermos (regeneración terapéutica) nos llevarán inmediatamente a concebir el envejecimiento como una enfermedad y por tanto muchos pensarán que es lícito regenerar órganos o tejidos envejecidos. ¿Por qué no tener un nuevo hígado o páncreas o bazo o músculos nuevos? Pensemos que el envejecimiento en una enfermedad crónica y ya está, salvamos éticamente el problema para que los pudientes puedan regenerarse partes del cuerpo y posponer el envejecimiento.

Así de complicado veo el futuro en esta cuestión. El envejecimiento pronto será considerado no una parte más del ciclo vital sino una enfermedad de la que algunos pretenderán huir, mientras millones no podrán siquiera llegar a vivirlo como una consecuencia natural de la edad porque morirán antes de que su organismo envejezca, privados de los más elementales cuidados sanitarios.

Es por eso que noticias como la de ese congreso al que hacía referencia o la de la existencia misma de la Fundación Matusalem me producen desazón. Quizás es que no tengo edad suficiente para comprenderlo…

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2 comentarios

  1. memuete

    Así es Salva, muchas veces estamos tan pendientes de mirarnos el ombligo que olvidamos la situacion en la que se encuentran otros. Así somos, todo el dia pensando en como alargar la vida.
    Me acuerdo de una frase que dice:

    “Cuando alguien se muere de hambre los demas deberiamos morir de verguenza´´.

    Y creo que tiene mucha razón.

    junio 2, 2008 en 4:44 pm

  2. salvaguirado

    Me gusta la frase, es muy contundente.
    Creo en la ética de la ciencia (y no estoy hablando de la bioética, que algún día escribiré sobre ella), y creo que desde la universidad no debemos perder oportunidades de decir las cosas tan claritas como lo dice la frase que apuntas.

    junio 2, 2008 en 4:59 pm

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