Aulas vacías

Ahora sí que se nota que el curso ha acabado, las aulas sólo se llenan cuando hay algún examen y los pasillos y los aparcamientos se ven igualmente vacíos. Todavía nada comparable a cuando llegue julio, que esto empezará a parecerse a un desierto. Y esto pasa en una de las facultades donde los profesores acuden mayoritariamente a su trabajo todos los días del curso, no quiero pensar qué ocurrirá en aquellos centros en los que ya durante el curso es normal que muchos sólo vayan cuando tienen clases…

No sé si los alumnos se percatan de ello pero a los profesores -quitando a algún sádico que haya por ahí- no nos gusta especialmente corregir exámanes. Y no es por tener que trabajar, no seáis mal pensados, incluso a los que les/nos gusta ser profesor esto de corregir exámenes se antoja algo poco gratificante.

Por eso -y no por ninguna otra razón de peso- creo que se inventaron los exámenes tipo test. Llevo casi treinta años de docencia y jamás he puesto un examen tipo test, ni me parece que lo vaya a hacer (no creo que los pedagogos que se están adueñando del ideario de Bolonia, tengan poder suficiente para obligarme a hacer un tipo específico de examen, aunque como nos dejemos manejar como lo estamos haciendo algunos nos vamos a tener que ir a las trincheras).

Total, que siempre a final de curso me veo corrigiendo muchos exámenes que tengo que leer con detenimiento para poder corregirlos adecuadamente. Quejarse aquí de nada sirve, pero es impactante ver cómo escriben los futuros licenciados, qué mal. Qué desilusión corregir un examen tras otro y ver que la mayoría no sabe expresar una idea de forma mínimamente coherente. Y qué ilusión cuando de repente te encuentras a una persona que sabe escribir. Eso te predispone a ser positivo con respecto a la evaluación. Y quien no lo acepte así es que no dice la verdad. Precisamente una de las críticas que se le hacen a los exámenes que no son tipo test es que no son lo suficientemente objetivos. Como si la relación maestro-alumno tuviera que ser objetiva. Errores o incluso injusticias se cometen a la hora de evaluar, para eso están los mecanismos previstos en los reglamentos y estatutos de las universidades, para garantizar la justicia del proceso de evaluación. Pero ser objetivos es algo ligeramente distinto a ser justo. Yo quiero ser justo pero no me empeño o encabezono por ser objetivo. Los matices de esta última afirmación son más que interesantes y probablemente algunos puedan opinar de forma totalmente distinta -igual tendré que escribir algo más sobre ello-.

Pero a lo que iba, que las aulas están vacías. Que hay un silencio extremo. Aquellos que piensan en la universidad sólo como un servicio público en el que los que ofrecemos el servicio somos los profesores y el PAS, y los que lo reciben son los alumnos, los clientes, los que “pagan” por el servicio, pensarán que vaya desperdicio de recursos. Esto está sin clientes desde ahora hasta finales de septiembre que empezarán otra vez las aulas a llenarse. Es como si el corte inglés cerrara tres o cuatro meses al año, ¡vaya empresa sería!

Pues aquí pasa lo mismo, como las universidades se van convirtiendo poco a poco en prestadoras de servicios -y se olvidan de otra parte fundamental de su razón de ser, que es generar conocimiento-, dentro de pocas semanas empezarán a florecer por doquier cursos de verano -qué bonito- para que los alumnos sigan pagando matrículas, sigan obteniendo créditos de libre configuración (que hay que ver los cursos que después pretenden que se les reconozca, creédme he estado cuatro años presidiendo la comisión de convalidaciones de biología), y para que algunos profesores saquen dinerillo extra de las charlas que dan en esos cursos. Hay algo que no me acaba de gustar en todo ello. No quiero criticar de forma global estos cursos pero no me llaman la atención. Si aquellos que en verano muestran una actividad febril dando cursos y conferencias lo hacen igualmente durante todo el curso académico, entonces no tengo nada que decir, es su forma de realizarse en su trabajo. Pero me temo que ésos son una minoría.

Los que vivimos a caballo entre las aulas y los laboratorios -o la investigación en general, hablo de lo que sé- no tenemos mucho problema en adecuar nuestras actividades según haya o no docencia. Si no damos clases, estamos más tiempo investigando (aunque muchos opinamos que gastamos gran parte del tiempo en tareas burocráticas), pero lo que no se puede negar es que la universidad pierde encanto, pierde vida cuando las aulas están vacías. Por eso divago tanto…

Suerte a todos con los exámenes.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s