Sobre la pedagogía del violín. Nota disonante.

Leo en la sección de Sociedad de El País un artículo (aquí el enlace) que habla del bajo nivel que tienen los músicos profesionales formados en España en intrumentos como el violín o la viola. Las orquestas españolas tienen que buscar fuera instrumentistas para las cuerdas altas (justo ésas, el violín y la viola) y la presencia de violonistas nacionales tocando en orquestas es mínima.

Y a qué achacan los expertos consultados esta falta de buenos músicos de cuerdas altas, pues a deficiencias en la pedagogía musical que se imparte en los conservatorios a la que tildan de obsoleta. Hombre, con la pedagogía hemos topado (y esto va dedicado a una lectora del blog, con todo cariño 🙂 ). Estoy no seguro, segurísimo de que una mejora en los métodos pedagógicos de enseñanza vería pronto cómo los resultados (en este caso los músicos) mejoran la forma, el tiempo y el esfuerzo con los que adquieren su maestría. Y que los conservatorios -con este nombre cómo van a innovar- de música pueden mejorar en muchos aspectos.

Pero es que los españoles tenemos muy buena fama en otros instrumentos, fundamentalmente instrumentos de viento. Que yo sepa también se estudian en los conservatorios, y el régimen (la estructura de los estudios) que rige a unos instrumentos y a otros es muy similar. No será que la multitud de bandas que existen en España -sobre todo en el levante pero también cada vez más en el resto del país- y en las que los instrumentos de viento tienen una presencia tan importante, sirven de escuela formativa adicional a los conservatorios tradicionales. No será que como siempre faltan infraestructuras y lo queremos disfrazar de falta de pedagogía. O sea, cargamos contra los profesores que están anquilosados (y muchos lo estarán sin duda) y no nos damos cuenta de que para que la música se convierta en algo de lo que alguien pretenda vivir hacen falta muchas más infraestructuras que hagan que el tremendo esfuerzo de formación que requiere un músico profesional de prestigio merezca la pena.

Es cuestión de número de jóvenes que empiezan a estudiar violín o viola. Si hubiera muchos más (al igual que hay muchos que estudian clarinete o flauta) se tendría una masa crítica de la que elegir los mejores y facilitarles su posterior formación. No me parece que haya muchos por lo que conozco en mi ciudad. Los niños escogen instrumentos de viento porque tengan amigos que forman parte de las bandas (estas bandas son de las buenas, no son las otras bandas) o piano o guitarra que nunca fallan.

Así que, en mi opinión, más y mejor pedagogía sí pero también más y mejores infraestructuras, jóvenes orquestas (no hacen falta que sean sinfónicas, pueden ser de cámara), mecenazgo a grupos como cuartetos de cuerda por ejemplo, y buena política de becas de formación post-conservatorio. Paganinis igual no salen muchos pero seguro que nos ponemos al nivel de Europa…

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