Por qué soy republicano

He dejado pasar unos días antes de comentar el incidente en el que se vio implicado José Bono cuando un asistente al homenaje que se daba en el Congreso a los represaliados y a los que estuvieron en las cárceles franquistas por sus ideas políticas enarboló una bandera republicana en la sede parlamentaria.

Bono le reprendió el gesto y habló de legalidad para explicarles que no podía aceptar manifestaciones de ese tipo en el Congreso de los diputados. Como diría un antecesor suyo en el cargo de Presidente del Congreso: ¡manda huevos! O sea, que los metieron presos por sus ideas políticas -y no nos olvidemos que la guerra civil española es un levantamiento militar contra la república que derivó en una dictadura-, les hacemos homenajes, les damos palmaditas, pero no permitimos que hagan públicas sus preferencias por una forma de entender cómo debe organizarse el Estado…

Después, ayer creo, Llamazares apareció en el Congreso con un pin en la solapa con la bandera republicana. Otra muestra más de su política de gestos para la galería.

Ser republicano -sentirse republicano, mejor dicho; nadie nace republicano, no es una cualidad que se herede, o quizás sí…- es algo más que esto. De entrada no está de moda, y además los que se presentan como tales no parecen muy simpáticos (y despertar simpatías es muy importante para un político), creo que algo de esto dejé escrito ya en el blog. Sentirse republicano es poner al hombre en el centro del sistema político. El hombre es lo primero y fundamental, y todos somos iguales en derechos. Esta idea básica creo que es la más importante de todas. En los sistemas monárquicos no todos somos iguales con respecto a los derechos, hay una serie dinástica que determina quién será el próximo rey, pero lo que es seguro es que ni tú ni yo lo vamos a ser porque no tenemos opción. Y aunque la tuviéramos para ser un rey o una reina consorte de sangre no real (azul, claro) tampoco les damos opción a los demás de que emitan su opinión sobre el asunto.

La excepción es pequeña desde un punto de vista práctico, total todos somos iguales menos unos pocos que son de la realeza, tampoco es para tanto. Y ahora empiezan los juicios de valor sobre lo útil que ha sido la monarquía en España, que si la figura del rey, que si qué principe más preparado (y guapo) tenemos, que si los presidentes de repúblicas también pueden ser unos inútiles o unos indeseables o esto o lo otro.

Todo esto son juegos florales, esto es justificar la monarquía que tenemos. Que yo no tengo interés ninguno en que desaparezca en favor de otro régimen. No se trata de eso. Si la mayoría de los españoles nos dimos una constitución en la que reconocemos que el estado español es una monarquía parlamentaria pues adelante hasta que no haya suficiente consenso y sintamos la necesidad de retomar el asunto, que supongo que irá para largo. Pero a mí nadie me va a impedir que me sienta republicano, y que no me ofenda ver los símbolos de la república en ningún lugar público.

Y que si hace falta, cante a voz en grito aquello de España, mañana será republicana. ¿Por qué no?

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