¿Tomamos la Bastilla, o qué?

Ayer tomaron la Bastilla, y a mí se me pasó… Mira que estoy pendiente de los grandes acontecimientos pero este verano no sé qué me ha pasado, se me fue el santo al cielo y me perdí la toma.

En realidad fueron poco más de seiscientas personas las que participaron en la toma original -en todo caso no llegaron a mil-, y allí había en ese momento unos siete presos creo recordar. O sea que el hecho en sí no es que fuera muy heroico y cuesta pensar que ése es el que normalmente se considera detonante de la revolución francesa que tanto cambió la sociedad de la época y repercutió en el devenir de la historia reciente (si con menos de mil se consiguió eso no quiero pensar qué se podría haber hecho con los miles de personas que se congregaron en la plaza de Colón cuando España ganó la Eurocopa, ¡me parece que hemos perdido una oportunidad de oro!, no sé de qué pero la hemos perdido).

Sucesos aparentemente nimios han dado origen a grandes cambios históricos. El poder de unos cuantos. Unos cuantos en la Bastilla, unos cuantos alrededor de la figura de Jesucristo, unos cuantos con Colón (éste el de verdad, no el de la plaza), unos cuantos con Fidel y el Che Guevara… Pero no nos engañemos, si los cambios se producen es porque debajo de los acontecimientos que los disparan hay situaciones o intereses que se han ido acumulando hasta hacer posible lo inimaginable. No es fácil generalizar para todos los casos, en unos será el hambre de un pueblo que ve subir y subir el precio de la harina para hacer pan, o la lucha por el poder de una burguesía que se rebela contra la monarquía absolutista, o las tensiones provocadas por las diferencias entre las clases trabajadoras y los poseedores del capital…

Todo parece cosa del pasado, ya no hay bastillas que tomar… O sí. Que no haya alternativa real al sistema capitalista (ya que el comunismo se ha desmoronado como opción política) no significa que no existan grandes y muy graves situaciones en todo el planeta que no puedan desembocar más tarde o más temprano en revueltas cuando no revoluciones. Que esto esté lejos en el horizonte; ojalá -por la violencia que se puede generar-, pero es posible. El sistema se basa en que unos cuantos lo tienen casi todo y todos los demás casi nada. Es así de sencillo, nos dejamos engañar porque parece que tenemos muchas cosas, podemos adquirir muchas cosas que nos parecen lo más para vivir y sin lo que ya no sabríamos vivir. Todos -ya sabéis, un todos que admite excepciones- caemos en lo mismo.

Pero en el horizonte se ven los desequilibrios y los peligros. Las crisis financieras son provocadas, las guerras locales también, los intereses están claros. En este escenario (aquí me gusta usar este modismo, escenario) los movimientos migratorios y las reacciones fascistas hacia los inmigrantes, el hambre en África, las pandemias y el abandono sanitario al que se ven sometidos millones de personas en ese continente (después nos da pena que se embarquen en cayucos…), los desequilibrios que el capitalismo salvaje empieza a generar en países como China o la India, son sólo algunos de los puntos “calientes” que pueden hacer saltar la chispa de las revueltas.

Y si la leña está seca con muy poco arde.

P.D. En realidad el post está escrito el día 14 de julio. No se me olvidó el hecho. Sólo que no quise publicarlo por no sé qué razón.

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2 comentarios

  1. Ana

    La revolución debería estar más presente que nunca, pero estamos abducidos. Falta “agentes intermedios” (creo que no se llaman así), es decir, gente que se asocie, que luche, que se junte con un mismo objetivo.

    Ay, el individualismo lo ocupa todo en nuestras mentecillas, pero yo creo que son todo etapas. Aunque esta etapa se está haciendo realmente larga.

    julio 15, 2008 en 7:50 pm

  2. Sí Ana, falta gente que se asocie y sobra individualismo. Quizás el problema sea encontrar puntos de encuentro, ideas e ideales.
    Los valores están ahí, lo que se necesita es que seamos capaces de vertebrar algo ilusionante, y que sea una alternativa de vida real, no quimérica, y que de verdad respete aquellos principios de la revolución francesa que no estaban tan mal expuestos: igualdad, fraternidad, libertad…

    julio 15, 2008 en 8:45 pm

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