Mi abuelo era zubiético

Mi abuelo era de un pueblo de Granada. Nadie en Granada se refiere de esa forma a la ciudad, bueno casi nadie, igual hay personas que lo dicen así pero casi todos dicen Graná, con la última vocal muy abierta y con un acento como corresponde a un granaíno -si eres de Graná eres granaíno, no granadino, está claro-.

A muy pocos kilómetros de Granada está el pueblo de mi abuelo: La Zubia. A la falda de Sierra Nevada, justo cuando comienza la subida a la sierra. Hoy día el pueblo es casi continuación de la ciudad pero cuando yo lo conocí estaba claramente separado de ella aunque había un tranvía (el famoso tranvía de La Zubia) que lo unía con la capital. Algunos de mis primeros veranos (con cuatro o cinco años) los pasé en La Zubia, donde me mandaban mis padres en compañía de mi abuelo -que todavía tenía allí familia que nos acogían en sus casas sin mayor dificultad- con la esperanza de que los aires de la sierra sirvieran para abrirme el apetito y fortalecer mi enclenque cuerpo.

Guardo unos recuerdos bastante nebulosos del pueblo, pero sí viene claramente a mi memoria una plaza pequeña con una fuente en el centro en la que muchas familias llenaban cántaros que abastecían de agua a sus casas ya que, al menos las que yo conocía, no tenían agua corriente. La plaza estaba a medio camino entre la última parada del tranvía y la casa del primo Juan que era donde nos solíamos quedar.

El tranvía atravesaba la vega (todavía, pues, eran zonas llanas) camino del pueblo y a ambos lados de la vía se podían ver los maizales que conformaban gran parte del paisaje. Cerca ya del pueblo había unos terrenos que según mi madre habían pertenecido a la familia de mi abuelo y que algún antepasado (no recuerdo si su padre o su abuelo) se había jugado -y perdido- a las cartas en el casino. El destino quiso que yo no fuera terrateniente (no me lo puedo ni imaginar, me parece que no sería yo), el destino en forma de azar en el juego y en forma de irresponsable que se juega lo que no debe…

Pero a lo que iba. En Granada, a los de La Zubia los llaman zubiéticos (el gentilicio real creo que es zubiense, yo jamás lo he utilizado), y llamarlos así es una muestra del humor granaíno (sí, mi cuartil de sangre granadina me hace negar la creencia generalizada de que los granaínos no son graciosos, que, como ellos mismos dirían, son unos mala follá). Cuando un andaluz pronuncia zubiético sabe perfectamente que el efecto sonoro que se oye es muy parecido al que se produce cuando pronuncia soviético, y de ahí el chiste. Cuando yo digo a cualquiera de Granada que mi abuelo era de La Zubia, ellos inmediatamente me dicen que no sabían que tuviera familia comunista (por lo de soviético), y así todos nos reímos del chiste.

Lo que no saben es que mi abuelo era zubiético y comunista. Eso no lo saben pero es verdad. Desde los ocho años lo mandaban solo a que subiera a la sierra con el ganado para que pastara. Nació en 1900 y la entrada de España en la guerra del Rif hizo que pronto se lo llevaran a Marruecos donde pasó tres años y participó en la batalla contra las tropas de Abd el-Krim que se conoció como desastre de Annual. Allí perdió a un hermano y otro quedó inválido por lo que su madre pudo reclamarlo para que lo devolvieran a la península. De todas formas, guerreó al menos tres años. Su vida fue una sucesión de ocupaciones hasta que terminó trabajando en los talleres del ferrocarril. Y esos talleres, llenos de gente obrera de la clase baja, eran un hervidero de comunistas. Él, hasta donde yo sé, nunca llegó a tener carné del partido pero nunca dejó de sentirse comunista (en mi casa las discusiones políticas ya en tiempos de la democracia eran sobre si votar comunista, mi abuelo y yo, o votar socialista, mi padre y mi hermano; mi madre no discutía pero votaba a Felipe).

La vida que llevó (y que sufrió en gran medida) mi abuelo explica que tuviera esas antipatías por todo lo que supusiera capitalismo y opresión de la clase obrera. Y estaba equivocado como todos (por las mentiras que nos contaban) sobre las condiciones de la vida en la Unión Soviética, pero su postura íntima era la de ser anti-capitalista (anti-americano) y anti-clerical (debido fundamentalmente a las connivencias de la iglesia católica con el régimen de Franco).

Yo he tenido la oportunidad de vivir la vida de otra manera, y mis actuales opciones políticas son confusas porque el comunismo hecho realidad política en los países en los que está o ha estado gobernando no es lo que todos esperábamos, pero he recibido un legado cultural a través de la mano de mi abuelo que me hace ser también íntimamente anti-capitalista y además no es que me gusten mucho los curas… Sí, mi abuelo era zubiético.

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8 comentarios

  1. Qué gracia, he dicho zubiético en alto, en andaluz. Suviètico (ese acento así es esa entonación que le dan los granínos a la a, el acento es catalán y se le pone a todas las vocales abiertas). Te iba a hablar de mi amor por Granada, que yo siendo catalana lo digo muy bien dicho, de que una amiga mía ha estado estudiando allí algún tiempo y que cada vez que he ido me he enamorado un poco más. Si fuera tan viajante como Iraide, estaría allí en cualquier año. Los Erasmus no me llaman tanto la atención como los nacionales… y, si decidiera salir del país, Italia o Suramérica son los candidatos. Iría a Francia pero ni idea tengo de fránces. Joder, me fui. Que iba a hablarte de mi amor por Granada, de recuerdos del pueblo, de un hilo que te tiro para hacerlo mío… pero sería quedarme en tu introducción.

    Mi familia no tiene historias como ésta de tu abuelo. Y, si las tiene, no me las cuenta. Así que envidio esos juegos de cartas, esas ideas políticas que se defienden de una manera irracional, esas vidas tan alejadas de las nuestra.

    Qué bien leerte… estaba a un minuto de casi aburrirme 🙂

    septiembre 14, 2008 en 5:37 pm

  2. Fusa, yo también tengo un amor especial por Granada. Viví allí los dos últimos años de la carrera (así que soy Licenciado por la Universidad de Granada), en el Camino de Ronda, una zona que estaba llena de pisos de estudiantes. Y pateaba la ciudad de arriba abajo (terminaré contando algo de aquella época). Si tuviera mar sería la ciudad perfecta para mí, lo del mar no lo puedo evitar, lo echo de menos, aunque no lo vea en semanas tengo que saber que está ahí.
    Los Erasmus están muy bien, pero la movilidad dentro de España tiene becas como la Séneca que incluso están mejor que las erasmus…
    Y tengo que recoger mejor algunas de las historias de mi abuelo, a través de mi madre intentaré que no se pierdan. Ya conté en este post una pequeña historia que me pasó con él:
    https://salvaguirado.wordpress.com/2008/05/05/mayo-del-68/
    Me alegro de haber llegado a tiempo 😀
    Un beso, Fusa.

    septiembre 14, 2008 en 6:22 pm

  3. Suelen recomendarnos las becas Séneca, dicen que económicamente están mucho mejor. Deseé irme a Granada con la beca en algún año de Filología. La zona por la que más me he movido ha sido la estudiantil y hay más gente con beca que de Granada. Me gustó todo aquello… es para mí como una Barcelona pero en pequeño. Lo bueno de una ciudad grande y lo bueno de una ciudad pequeña.

    Peeeeero… el mar, Salva, cómo olvidarse del mar. Si yooo nací en el Mediterráneeeeoooo. Voy a leer esa entrada que me dejas.

    septiembre 14, 2008 en 6:34 pm

  4. Los años que he sido de coordinador de movilidad en mi facultad también recomendaba especialmente las becas Séneca, en conjunto salen económicamente mejor. Así que te animo a que lo pienses, pero no te recomiendo que te muevas en el último año de la carrera, el penúltimo año suele ser el mejor.
    Un regalo para los dos (y para todos los que lo vivan igual):
    http://es.youtube.com/watch?v=_w2WOHs9wG4

    septiembre 14, 2008 en 6:55 pm

  5. Arias

    Claro, a Granada tuviste que irte para poder aprobar la bioquímica, ¿no? (seguro que sí, jeje)…y que allí no tienen teorías de la evolución ¿eh?…pero qué listo.

    Joan Manuel Serrat…me encanta esta canción, la tengo en el móvil. Tuve la oportunidad de verlo de cerca un día que fue a una boda donde yo trabajé…se ve una persona sencilla y tranquila.

    septiembre 15, 2008 en 7:07 am

  6. ¡Qué va! Si cuando yo estudié la bioquímica era muy fácil, no ves que casi no se había descubierto nada todavía, Krebs se estaba pensando si dibujar un circulo o un cuadrado…
    Y además, alguno de los que hoy os hacen la vida difícil con motivo de la bioquímica fueron en su tiempo alumnos mios. Tenía que haber tomado medidas… 😀

    septiembre 15, 2008 en 7:31 am

  7. Ira

    Jajajaja, ¡¡ese Krebs!! Me estoy acordando de mis tiempos en bachiller (cursé ciencias de la salud pensando en hacer bioquímica o biotecnología, luego la brújula tiró para las letras, jajaja).

    🙂 He estado leyendo los comentarios y sí, las becas Erasmus están muy mal, no te cubren ni medio año de alquiler, y eso que los alquileres son baratos en este país. Yo la he complementado con una beca del banco, y eso ya ha sido un colchón económico, aunque sin excederse.

    Granada me llama desde hace tiempo, creo que de este curso no pasa, lo de hacer un tour por Andalucía. Mis abuelos eran de Pinos Puente y Fuentevaqueros, y no vendría mal ponerse en contacto con las raíces granaínas.

    Un abrazo Salva, gracias por compartir tus historias 🙂

    septiembre 15, 2008 en 3:00 pm

  8. Pinos Puente y Fuente Vaqueros, ¡toma ya!, en plena vega granaína.
    En este pueblo yo seré tierra y flores, escribió Lorca de su pueblo, el de tus abuelos. Ven a ver la tierra y las flores. Vente pa’l sur ya.
    Bueno, cuando termines de aprender idiomas…
    Un abrazo.

    septiembre 15, 2008 en 3:32 pm

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