Piedrecitas en el zapato

Este curso es especial por una razón, las universidades tienen que hacer sus propuestas de planes de estudio para los nuevos títulos de grado. Es el primer paso para que tras las correspondientes tramitaciones que recoge la ley (básicamente una revisión de los planes por un organismo especializado, la ANECA a nivel estatal o las correspondientes agencias autónomas, y además la aprobación de esos planes por parte de las comunidades autónomas que tienen transferidas las competencias educativas).

Cualquiera que haya estado en la universidad un mínimo de años habrá vivido (y soportado y sobrevivido) varias etapas de este tipo, varios planes de estudio o sus correspondientes modificaciones. Yo he vivido unos cuantos, más que unos cuantos -qué le vamos a hacer-. Participé en las comisiones de planes de estudio que elaboraron el vigente plan de la licenciatura de Biología (aquí sí es vigente, no como cuando esos supuestos periodistas deportivos dicen vigente campeón de liga, por favor…). Y he colaborado en la elaboración del “libro blanco de biología” y en las distintas propuestas de organización de los estudios de grado de biología hechas tanto desde la conferencia nacional de decanos de biología como de su homóloga andaluza. Vamos, no soy un experto pero tampoco alguien que no sepa de qué va todo esto.

Pues bien, en mi facultad se han empezado a reunir las distintas comisiones de planes. Hay que trabajar fundamentalmente en dos líneas. La primera definir la optatividad: la comunidad andaluza ha decidido que el 75% de los contenidos de cada título de grado sean comunes a todas las universidades donde se imparta ese grado, por lo tanto queda un 25% que cada universidad debe definir en función de su oferta de optativas. La segunda línea es definir los contenidos (lo que antes se llamaba el temario, ahora todo es más complejo) de todas las materias, troncales y optativas.

Las comisiones tienen un buen trabajo por delante. Aunque parezca que un 25% de optatividad es poco, no lo es tanto si de verdad se quiere dar a cada universidad un carácter distintivo. Digamos, para hablar de una forma que se entienda claramente, que si un grado es de 4 cursos, las universidades andaluzas tendrían 3 cursos troncales y 1 curso entero para proponer sus materias diferenciadoras (en la realidad esto no es exactamente así, ya que la organización temporal de las materias troncales no tendría por qué resultar en que estuvieran todas en los tres primeros cursos, pero es una posibilidad).

Tampoco es fácil definir los contenidos de las asignaturas. Antes, como acabo de decir, con escribir un temario bastaba. Ahora hay que describir contenidos, competencias, habilidades, destrezas, métodos de evaluación, actividades presenciales, actividades no presenciales, horas de dedicación del profesor, horas del alumno… y no las enumero todas porque estoy hablando de memoria pero hay más.

Pues si la tarea es ardua se hace aún más difícil gracias a la inestimable colaboración de quienes tenían que procurar que todo funcionara de la mejor forma posible. Las autoridades académicas competentes a nivel de rectorado velan por que todo esté muy bien controlado. Velan tanto que en mi facultad han devuelto los primeros trabajos de la comisión de planes de estudio no porque no estuvieran bien hechos, no, a eso no han llegado, sino porque no estaban escritos con letra arial de 12 puntos, tal y como ellos habían decidido exigir… Manda huevos.

Seguiremos informando.

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4 comentarios

  1. Joder. Fíjate que desde que he empezado a leer estoy pensando en lo complicado de todo lo que cuentas, en el lío, en la de cabezas pensando que debe haber para que todo funcione como funciona (más o menos).

    Me acuerdo ahora de cuando antes veía tanto documentales. Bastaba con ver la dificultad de las cosas para sentirme presionada y agobiada. Había una serie de Mega Construcciones (algo así se llamaba) y te juro que me jodía la cena pensando en lo que costaba levantar todo aquello, en las fechas límite, en esto y en lo otro.

    Pues ahora igual. Y no sabes qué indignación… no sabes cuánto me cabrea. ¿Cómo se os ocurre no ponerla en Arial y 12? Imperdonable.

    octubre 7, 2008 en 4:18 pm

  2. Fusa, la serie esa la seguimos viendo en casa en el Discovery Channel, a mi hijo Víctor le encanta (creo que podría ser ingeniero o arquitecto, tiene interés en todo lo que sea construir).
    Nosotros por lo general estamos acostumbrados a trabajar con fechas límite, es más, mientras no se acerca la fecha límite no se pone uno las pilas generalmente. Pero otra cosa es la idiotez hecha reglamento. Esto es lo que no te deja vivir, las piedras en el zapato…
    De todas formas, igual ha parecido que yo sigo formando parte de la comisión de planes de estudio y no es así, hace unos meses que dejé de ser vicedecano de la facultad y desde entonces soy un profesor más. Pero me lo han contado (precisamente los trabajos de esa comisión deberían ser lo más transparentes posibles, yo les he dicho que deberían levantar acta de las reuniones, pero parece ser que no lo hacen). Después con decir que eso es lo que se decidió ya nos vale a todos…

    octubre 7, 2008 en 8:34 pm

  3. Ya me imagino la cantidad de esfuerzo y trabajo que lleva programar los contenidos, sobre todo ahora que hay que calcular todo pautado al milímetro. Es una labor ardua como pocas, y no entiendo por qué ponen tantas pegas en cuanto a la forma se refiere. En mi universidad pasa lo mismo, y tanta homogeneidad y tontería y cuestiones formales solo impide que te sientas confiado en el trabajo que entregas y perjudica tu avance.

    Me recuerda a cómo un profesor quitaba medio punto en sus trabajitos por no poner cursiva a tan solo un título de la bibliografía… ¿Nos hemos vuelto tontos? Me mata la rigidez, me parece contraria a la inteligencia. Importa el contenido en este caso, no la forma.

    Un abrazo,

    Iraide

    octubre 8, 2008 en 8:44 am

  4. Totalmente de acuerdo contigo Ira.
    Ese profesor que dices, sin más, es de los malos, y probablemente un pobre hombre que se autorrefuerza a sí mismo siendo tan jodidamente puntilloso. Así no se enseña, se ensaña.

    Un abrazo.

    octubre 8, 2008 en 9:17 am

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