Me queda la palabra

Blas de Otero. Me queda la palabra

Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.

Si abrí los ojos para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.


A pesar de que estas últimas semanas han sido unas de las más complicadas en mi pequeña historia personal -me vais a permitir que no hable más de ello- y que hace sólo unos pocos días que me despedí de este blog, he decidido volver a él, prueba de que mi fuerza de voluntad flaquea bastante en periodos turbulentos y de que escribir en el blog me hace más bien que mal.

Claro que todo tendrá que cambiar un poco. Quizás no pueda escribir muy a menudo y quizás los temas que me interesen tratar no sean del agrado de los anteriores lectores del blog. Esto es una refundación con vuelta a los orígenes. En estos tiempos que corren no me parece oportuno mantenerme callado, precisamente es ahora cuando tenemos que hablar. Se avecinan cambios sociales importantes, ya se habla de fracaso del neoliberalismo y de las leyes del “mercado” para simplemente justificar los movimientos que los paises europeos junto con los Estados Unidos han hecho para “salvar” al sistema financiero de la crisis total.

Es tan grave esta manipulación de la economía mundial que seguro que va a afectar a los cimientos mismos de las democracias occidentales. Como es natural yo no dudo de que quienes van a pagar los efectos de este verdadero crimen (financiero) contra la humanidad como lo ha definido mi admirado Saramago seremos todos en general pero, como siempre, unos más que otros. Y como siempre, los de por sí más desfavorecidos serán los peor tratados por la crisis.

Ante esto, no me callo. Como persona habré cometido los peores errores que sea posible cometer pero como miembro de esta sociedad no me permito callar en esta situación.

Me queda la palabra.

Paco Ibañez canta en el Olympia de París (1969).

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