El camino y el proyecto

¿Me pongo trascendente? Anda, un poquito. Total, un poquito de trascendencia no le viene mal a nadie y este blog no se va a resentir mucho por ello (lo bueno de mantener un perfil bajo -como dicen los anglosajones para referirse a algo o alguien que no es de primera fila- es que uno no puede estropearlo mucho más, así que…).

Desde que asistí a la última conferencia que nos dió Esteban (Esteban Rodríguez) hace cosa de una semana, no he dejado de darle vueltas a una cosa. Una pequeña diferencia en nuestras formas respectivas de cómo afrontar el futuro. No es una discrepancia antitética, si así lo fuera él tendría razón y no yo, ya dije que él es sabio y lo dije de corazón y convencido, sin retórica. Esteban nos planteó en un momento de su charla la idea de que uno debe tener un proyecto y que debe hacer lo posible por realizarse como persona a través de ese proyecto, es, lo que no podía llamar de otra manera, el proyecto personal.

Yo siempre había pensado en la idea del camino (escribí hace unos meses en este blog un pequeño relato con esa idea de fondo, El camino juntos). Machado lo dijo estupendamente, se hace camino al andar. Para mí no era tan importante tener consciencia del destino final al que uno quiere llegar sino más bien el seguir adelante, el estar en movimiento.

El proyecto es mucho más amplio como concepto, más exigente también. Incluye a la idea de camino, de movimiento, y le da un sentido, es algo que, curiosamente, yo les digo a mis alumnos para explicarles características esenciales de la vida, el movimiento con sentido, lo no vivo puede tener movimiento, de hecho no puede no tenerlo, es ley de la física, sus átomos y partículas subatómicas están en continuo movimiento, lo vivo, además, puede tener un movimiento con un sentido, con una dirección determinada, sea a nivel celular o de organismos. Para mí esta idea de movimiento hacia una meta cualquiera, sea en busca de un nutriente, o para encontrar otra célula u otro organismo, o para huir de condiciones adversas, es central en el fenómeno de la vida.

Así que a priori parece una contradicción que no admita sin más la idea del proyecto personal ya que éste implica moverse en una dirección, en la dirección de conseguir unas metas determinadas libremente por cada uno. Parece como si me conformara sólo con el movimiento, como si diera igual hacia dónde se mueve uno con tal de moverse, con tal de hacer camino al andar.

El proyecto personal requiere un compromiso. Un compromiso con uno mismo para luchar por conseguirlo. Yo quise ser profesor universitario y luché por ello, otros quisieron o querrán ser otras cosas y lucharon o lucharán por ellas. Es una idea muy atrayente, digna de grandes hombres que consiguen grandes cosas o de personas muy equilibradas que luchan por conseguir las metas que se proponen. Pero qué pasa cuando uno se plantea metas para las que no está capacitado. Qué pasa cuando uno no tiene equilibrio suficiente para aceptar que su proyecto personal no puede ser el que quisiera. Qué pasa cuando uno no tiene el talento necesario para desarrollar el proyecto.

Ahí es donde yo creo que la idea de camino es menos exigente para con la mayoría de nosotros. No es conformismo es ser realista. La falta de talento para cosas concretas es algo tan natural que es una variable a tener en cuenta para no deprimirse o para no sentir envidia o para no amargarse uno la vida. Siempre me acuerdo del pobre Salieri admirando el talento de Mozart. No todos tenemos los mismos talentos. Yo quisiera tocar la guitarra muchísimo mejor de lo que lo hago, y escribir con gracia y soltura, y pensar como los grandes del pensamiento, y ser un magnífico profesor. Todas y cada una de estas cosas podrían haber sido mi proyecto personal pero uno corre el riesgo de sentirse defraudado por no conseguir las metas. Es mejor caminar, no parar, y disfrutar del camino. No dejar de tocar la guitarra porque uno no sea Paco de Lucía (cuando empecé a tocar y tenía la oportunidad de asistir a un concierto de Paco de Lucía después durante un tiempo no podía volver a tocar la guitarra, se me hacía tan evidente que nunca llegaría a tocar como él…), y no dejar de escribir aunque otros lo hagan con más gracia y estilo, ni dejar de expresar pensamientos porque uno no sea tan bueno expresándolos como otros lo fueron antes…

Disfrutar del camino, hacerlo a nuestro paso, parándonos cada vez que haga falta, desviándonos por nuevos senderos, volviendo a andar sobre nuestros pasos, contemplando el paisaje, buscando compañía y también momentos de soledad. Andar, andar con serenidad, sin amarguras por no alcanzar lo que quisiéramos, andar con carita de felicidad, ésa es la meta.

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4 comentarios

  1. Creo que lamentablemente el proyecto principal de vida de la gran mayoría termina siendo aquel que brindará el sustento, y la importancia desde ese punto de vista del proyecto dificulta poder desviarnos de él con libertad, lo que de por si ya es causal de estrés y frustración. Frustración por no poder emprender proyectos alternativos libres de las ataduras de aquel principal, frustración porque quizás ese proyecto principal no fue el correcto y es muy tarde para devolver el paso.

    De todas formas, cuando logramos mantenernos haciendo algo que disfrutamos más allá de los estresores externos, es sin lugar a dudas un placer.

    Saludos

    noviembre 12, 2008 en 9:44 pm

  2. Tienes mucha razón Jorge. Y tu reflexión me hace pensar todavía más sobre el tema.

    Siempre vuelvo a Ortega y Gasset con su Yo soy yo y mis circunstancias. Es también por lo que creo que el proyecto personal no es tan aplicable a la mayoría de nosotros, es mejor el concepto de camino.

    Es que no es solo que las circunstancias nos permitan o no desviarnos con libertad del proyecto, es que a veces las circunstancias no permiten siquiera tener un proyecto. Mira lo que está pasando de nuevo (en realidad no ha dejado de pasar) en el Congo: si vives en África es muy probable que no haya posibilidad de proyecto personal más allá de sobrevivir.

    De hecho, mi camino, para ser exactos, tiene que estar impregnado de ideología. Tendré que explicarme mejor en una próxima entrada.

    Un abrazo.

    noviembre 13, 2008 en 9:26 am

  3. 🙂 Creo que el miedo a no tener éxito en los proyectos refrena. “Para qué lo voy a hacer si no tengo tiempo, si voy a perder, si nunca llegaré a ser algo grande”. Me ha gustado tu reflexión porque me ha hecho ver y sentir de nuevo que lo importante es el andar, el hacer las cosas. Bien, regular, o mal. Pero hacer lo que nos guste, que nos brinden placer si la suerte nos lo permite.

    Lo del sustento que dice Jorge… Pues sí, de alguna manera tenemos que ganar dinero para sobrevivir. Lo importante es que ese trabajo no nos absorba y nos deje desarrollar otras facetas que también forman una parte importante de nosotros.

    noviembre 13, 2008 en 6:06 pm

  4. Si Ira, lo importante es andar, sin miedos paralizantes o que nos sirvan para justificarnos.

    En cuanto a lo de ganar dinero para sobrevivir, algunos somos unos privilegiados porque nos ganamos el sustento con la profesión que hemos elegido y aún así, como bien dices, hay que procurar que eso no se convierta en la única razón de nuestra existencia, hay que intentar ser equilibrado. Es una de las cosas más difíciles de conseguir, el equilibrio emocional suficiente para andar el camino con alegría.

    Un abrazo.

    noviembre 13, 2008 en 10:58 pm

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