Mirada al pasado (2). De la información a la reflexión.

manuscrito2x
Málaga, tres de enero de 1990

Hace unos cuantos días hablaba de la falta de objetividad en las informaciones que leemos o escuchamos, es decir de la falta de objetividad de la prensa o de los medios de comunicación en general. Es este un punto en el que es fácil estar de acuerdo porque, casi por definición, cada vez que se transmite una información parte de ella queda cambiada por la mano del transmisor. ¿Qué puede hacer, por tanto, el ciudadano normal para no verse manipulado descaradamente por los medios de comunicación? Evidentemente una gran ventaja, que palía aunque no evita el problema, es la pluralidad de medios, y por tanto de intereses a los que aquellos representan. Así cada uno puede elegir la mejor manera de sentirse manipulado, o quizá la manera de sentirse menos manipulado. ¿Es quiźa el hombre desinformado más libre? ¿En qué dosis es necesaria la información para poder elegir en libertad? ¿Cuándo se transforma la información en mera propaganda, de tal manera que ya no tiene el poder el que sabe sino el que maneja lo que el otro sabe? El saber nos hace libres; es ésta una premisa difícil al menos de mantener, y si ya en el siglo pasado había pensadores que localizaban el hombre libre e ideal lejos de la civilización, en pleno contacto con la naturaleza y fuera del alcance de la cultura, hoy día es casi imposible imaginar al hombre -no a un hombre determinado, que eso siempre es posible, de ahí la grandeza del ser humano- libre de ser atropellado y maniatado por su propia cultura. Decía Brecht que toda forma de cultura es una opresión, y en este sentido yo estoy de acuerdo con él. No se nos educa para ser libres sino para que comulguemos con las ideas del que ostenta el poder (recuérdese que la historia la escriben los vencedores); no se nos informa para que podamos emitir opiniones libres, sino para crear estados de opinión. Ante todo esto, qué puede hacer el individuo que no quiere verse manipulado pero que tampoco quiere vivir aislado y sin comunicación. Yo para esto, como para tantas otras cosas, no tengo respuesta clara. Quizá la más sencilla sea confiar una vez más en la salida individual. ¿Será cierto que los más inteligentes son los que con más facilidad huyen de estas situaciones? Es un error creer que es absolutamente necesario estar informado al minuto de lo que ocurre para poder opinar; entre otras cosas porque esa información puntual y periódica nos impediría reflexionar sobre ningún tema, pues enseguida habría otros de los que informarnos. Seguramente en la reflexión se encuentra una vía de escape hacia la libertad de pensamiento. Mi reflexión puede ser más o menos brillante, puede estar equivocada o no, pero es mía.

Hoy no añadiría casi nada a lo que escribí en 1990. Tenemos información por todas partes, tenemos opiniones de todas clases, y también tenemos blogs…, ¿somos más libres?

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