Sobre la violencia y la ternura

Este post es una nueva entrega de la serie mirada al pasado, con la que recupero algunos manuscritos de hace casi veinte años y viene a cuento de lo que está escribiendo Hannah estos días.
manuscrito3x
Málaga, diecisiete de enero de 1990
Pudo ocurrir así. De pronto se sorprendía sintiendo una violencia inusitada dirigida hacia la persona que menos esperaba. Esa persona, que bien podría ser un hermano, un marido, una novia o un amante, no había hecho nada especialmente grave o al menos nada que no hubiera hecho antes y que no había provocado tal reacción. ¡Hay tantos sentimientos que no sabemos explicarnos! Este de la violencia parece ser uno de ellos. A veces pienso que es una actitud innata en el ser humano. En este sentido el ser “no violento” exige una actitud contraria y un esfuerzo (además de un entrenamiento para reprimir ciertos impulsos), ¿quién no es capaz de justificar en algún momento la violencia? Lo difícil no es justificarla sino explicarla. ¿Por qué en aquel momento sentía ganas de abofetearlo?
Justo al lado de este sentimiento (y muchas veces expresado con relación a la misma persona) se encuentra la ternura. Para el varón es más conveniente dejar manifestar la ternura sólo con los débiles y los niños. Pero esto es solo una carga más que se impone el varón que acepta el papel que la mayoría de su entorno cree que debe realizar. ¿Son la violencia y la ternura características propias de la especie humana? El creador del mito de Frankestein lo cree así. El hombre recién creado en estado adulto (en este caso resucitado) es capaz de lo más tierno (¿recordáis la escena con la niña?) y de lo más violento. ¿Por qué un padre que adora a su hijo pequeño siente a veces ganas de estrellarlo contra la pared? Puede que violencia y ternura sean sentimientos propios del ser humano, pero ¿son únicos de él? Hay animales a los que nos es fácil extrapolar nuestros sentimientos, los humanizamos. Por ejemplo: ¡qué tierno es ver a una perra con sus cachorros! o a una manada de leones con los suyos; el león o la leona violentos si es necesario para salvaguardar y alimentar a los jóvenes cachorros. Ya, ya, ¡pero que no intenten las crías comer antes! Una tortuga no nos parece violenta, pero tampoco nos la imaginamos enternecida; no digamos nada de una lagartija o una culebrilla. La violencia existe en la naturaleza, pero ¿es violenta en sí la naturaleza? La ternura es una forma mucho más elaborada de transmitir sentimientos, que parece más apropiada de primates que de otros mamíferos. Deberíamos, como buenos animales racionales capaces de casi todo, reprimir aún más los impulsos violentos hasta que dejaran de sorprendernos y dejar paso a la ternura, ¿pero por qué tendría esas ganas puñeteras de abofetearlo?

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