Torquemadas y Teresas de Calcuta

En la iglesia católica siempre ha habido torquemadas y madres teresa de calcuta, al mismo tiempo. Aunque las figuras históricas que señalo estén separadas muchísimos años en su aparición real, los arquetipos que representan siempre han estado presentes entre los que profesan la religión católica (no hablo de otras por desconocimiento pero no descarto que pase algo parecido). No es de extrañar ya que en la esencia misma de la religión se pueden encontrar ejemplos a seguir. A menudo los creyentes cristianos tienden a poner el énfasis en las enseñanzas y mensajes del nuevo testamento porque es lo que los distingue diferencialmente, pero el viejo testamento también existe, no es solo cosa de los judios por ejemplo. El dios de los cristianos es a la vez colérico, amoroso, intransigente, guerrero, paternal, vengativo, despistado, entregado, chapucero, y así podíamos seguir. Igualito que nosotros. No sé si estamos hechos a su imagen y semejanza o él a la nuestra -bueno, yo sí lo sé pero respeto a los que tienen verdadera fe-.
La iglesia puede que naciera como una comunidad de creyentes que quería vivir su fe con criterios comunes y siguiendo las enseñanzas de Jesucristo. Y eso duró lo que duró. En cuanto la iglesia se convierte en una institución con poder (no voy a hacer historia, es fácil encontrar las referencias adecuadas) ya estamos hablando de otra cosa, religión e iglesia son dos conceptos distintos. La fe te hace vivir de determinada manera, con determinados principios éticos y morales, la institución y su ejercicio del poder tiene otras dinámicas.
Siempre vamos a encontrar personas como la mencionada Teresa de Calcuta o muchísimas otras que viven anónimamente su entrega absoluta a hacer el bien en nombre de su fe, para ellas no podemos tener más que admiración y respeto (y un poco de envidia por tener tanto coraje). Nada de lo que sigue tiene que ver con estas personas. Y siempre vamos a encontrar torquemadas -la mayoría de las veces torquemadas de medio pelo- que están dispuestos a evangelizarnos por nuestro bien, y si hace falta matarnos nos matan porque lo han hecho y lo harán, les será más o menos fácil hacerlo según el momento histórico en el que vivan pero son los mismos. Poder para la iglesia. A los infieles e impíos se les da una mínima oportunidad de conversión y si no ya se sabe, les sale el dios del estás conmigo o contra mí, y empezamos las hostilidades.
Ahora, en este momento histórico, tenemos en España a algunos torquemadas de medio pelo cuya estrategia parece consistir en intentar hacerse visibles en los medios porque a las iglesias van pocos a verlos y escucharlos. Salen de manifestación, hacen ruedas de prensa y se inventan campañas que saben que son torticeras y manipuladoras pero que les permite salir en los medios. La primera reacción es contestarles y desenmascararles, y supongo que es necesaria y saludable, muchos lo están haciendo y es posible que sea una reacción adecuada. Sin embargo también es posible que esto dé la sensación de que existe un debate social sobre determinadas cosas y que ellos son los interlocutores adecuados. No lo son. Ellos no saben nada de nada sobre los problemas de los que hablan, nada, del primero al último (¡anda que el papa diciendo camino de África que repartir preservativos no es solución para el sida!), ni tienen el más mínimo respeto por las mujeres ni por la libertad, ni entienden de sexualidad más que la sexualidad reprimida que vivieron en los seminarios y que quieren imponer a los demás diciendo que ese es el verdadero amor cristiano.
Reconozco que cuando les oigo hablar con esa sonrisita y esa entonación que parece que les viene impuesta de fábrica consiguen indignarme a veces, como cuando oía hablar a ciertos presidentes o politiquillos salvapatrias. Estos de ahora, como dije antes, son de medio pelo y los tiempos no están para hogueras, así que se tendrán que conformar con hacer sus manifestaciones, salir de procesión, pegar carteles, o conseguir que los intelectuales y científicos que siguen sus preceptos firmen manifiestos tan torticeros y faltos de rigor como sus campañas publicitarias. Para estos torquemadas, y contra ellos, está escrito esto: no merecéis más que desprecio e indiferencia. A tomar viento.

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Una respuesta

  1. Seguramente siempre encontraremos torquemadas y muy pocas Teresa de Calcuta, lo importante es como elige vivir uno, o seguis buscando en otros teresas o torquemadas, o intentas ser auténtico, vivir de acuerdo a tu moral, ética, dignidad, y sobre todo fé.-
    Muy interesante tu post.
    Saludos.-

    marzo 20, 2009 en 1:56 am

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