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¿Reflexión, preocupación, desasosiego? ¡Todo a la vez!

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Dependiendo de la altura…

una vez que te tiras o te caes o te tiran o te dejan caer, da lo mismo que te rescaten o que lancen una “línea de auxilio”. Hay alturas que matan. Hemos entrado a jugar un partido que no podemos ganar, no hemos cambiado las reglas del juego y los que deciden qué, cómo y quién juega no van a cejar en su empeño.
Estábamos al borde del precipicio según ellos, y nos han ayudado. Otra gran mentira.


El gran teatro del mundo

Nos preparamos para la representación probablemente más importante de nuestras vidas. Pero quiénes son los actores y quiénes el público, y sobre todo quién es el director de escena…


No siempre pervive el más duro

Aviso a los poderosos. La vida nos lo enseña: puedes ser mucho más duro e inflexible que otros que basan su estrategia en la flexibilidad y rigidez adecuada y en su abundancia. No siempre pervive el más duro.


Si Rajoy fuera Poncio Pilatos…

Diría algo así como “Ya me gustaría no tener que hacerlo, pero es que no hay más remedio”. Y nos crucificaría a todos.


Alguien debería encender una vela

Motivos no nos faltan: hambruna en el cuerno de África, atentados en Noruega, la lista es interminable.
Los crímenes de Oslo puede que fueran poco predecibles pero lo de África viene siendo así desde hace décadas, ya van no sé cuántas hambrunas y no sé cuántos cientos de miles o millones de muertos. Todos, noruegos y africanos, son víctimas inocentes.


Nunca más

Hace mucho que el 18 de julio dejó de ser fiesta nacional. Y sin embargo no se borrará de nuestra memoria histórica. Hoy se cumplen 75 años del comienzo de la guerra civil. Málaga quedó en el bando republicano. Un año más tarde la población civil que huía por la carretera de Almería fue masacrada por los cañonazos de los barcos de guerra de los sublevados contra la república y por las bombas de la aviación de sus aliados. Mi madre, con 6 años, iba en esa huida. Sus recuerdos de los horrores de la guerra son perfectamente nítidos.
Ninguna guerra, por ningún motivo, nunca más.


De grietas y desconchones


A veces pasa: un pequeño desconchón en la pared va dejando paso al agua que poco a poco estropea el enlucido y puede llegar a provocar una grieta.
El movimiento 15M empezó como un pequeño desconchón en el sistema, y espero que su vigencia y resistencia provoque una verdadera grieta en él. Y si se tambalea, mejor.


A propósito de la justicia y de los jueces

Hoy nada me parece más adecuado que enlazar a esta entrada del blog de Saramago:

http://cuaderno.josesaramago.org/2010/02/13/ni-leyes-ni-justicia/

Suscribo sus palabras.


Elogio del bicho raro

Los biólogos estamos acostumbrados a clasificar. Clasificamos animales, vegetales, bacterias, células, virus… Y para ello usamos distintas características de las cosas que clasificamos para determinar si entran o no dentro de una categoría predefinida por nosotros. En la especie humana pueden encontrarse varias subcategorías, pero hay una de ellas que no ha sido, a mi modo de ver, suficientemente valorada: el bicho raro.

Eres un bicho raro si cuestionas lo que otros dan por aceptado. Por ejemplo, la monarquía. Hace poco escuché a Gregorio Peces-Barba hacer una buena defensa de la monarquía parlamentaria. Sus argumentos parecían sólidos y dignos de tener en consideración. Por un momento me hicieron dudar: ¿será que yo no he entendido las ventajas de la monarquía? Pero nadie me va a convencer de que por muy útil que sea y lo muy unificador que en estos momentos sea la figura del rey, un sistema que identifique a los miembros de una familia como los sucesores en la jefatura del estado sin preguntar al ciudadano si le parece bien en cada caso, sea un sistema que me parezca justo. Yo no lo comparto. Como persona nadie es menos que yo y nadie es más que yo.

Eres un bicho raro si no estás de acuerdo con la opinión de la mayoría. Por ejemplo, si no compartes la opinión de los que dicen que el discurso de que hay que redistribuir la riqueza está obsoleto. Veo con un poco de desilusión que dirigentes de Izquierda Unida hablan de economía sostenible y de unos cuantos tópicos modernos para intentar atraer votos de jóvenes con cierta conciencia de que hay que mejorar el mundo. No soy experto en mensajes electorales ni pretendo dar lecciones a nadie, pero me parece mucho más directo decir una y otra vez que unos pocos lo tienen casi todo y todos los demás casi nada. Que las multinacionales son las que siempre ganan (y las españolas también). Que son los especuladores los que han conseguido que el litro de leche suba más de un treinta por ciento en un año. Y así con todo. Sencillamente no es aceptable. Y hay que cambiarlo. Mientras que los partidos políticos de izquierda (y no me refiero a los socialdemócratas, que no espero de ellos que sean los propulsores del cambio) no consigan presentar alternativas a aquellas lucha de clases y revoluciones proletarias que quedaron relegadas a la historia del siglo veinte, no podremos soñar con un mundo mejor. Seremos minoritarios, sí, pero las verdades son las que son.

Eres un bicho raro si no compartes los gustos de la mayoría. Por ejemplo, si te gusta más Aretha Franklin que Rosa, o Frank Sinatra que Bisbal o Alejandro Sanz. Eres un bicho raro si te fastidia que hoy día todos se digan artistas. De un escritor se dice que es un escritor, y lo mismo de un pintor y de un músico. Pero, ay, cualquier cantante de canciones de otro se llama a sí mismo artista. Y quiere tener éxito (o sea ganar dinero) y que se le reconozca. Porque no apreciarlos o reconocerlos o cuidarlos (por ejemplo haciendo copias privadas de sus canciones) es poner en peligro la cultura. Soy de la opinión de Bertolt Brecht quien creo que dijo en su momento que “toda cultura es una forma de opresión“. La cultura es opresora cuando impone sus cánones (y no me refiero al famoso canon digital, je, je), porque es entonces cuando hace muy difícil que creadores con talento naden contra corriente y manifiesten su singularidad. Pero, por favor, no confundamos cultura con industria, sea discográfica o cinematográfica, que son las que más dinero ganan con eso que nos quieren vender como acceso a la cultura.

Eres un bicho raro si esperas que los demás te traten como tú los tratas a ellos. O si esperas que te valoren por lo que eres. O si esperas que las relaciones humanas no estén llenas de mezquindad.

Si compartes algunas de estas características (no hay que compartirlas todas y por supuesto hay bastantes más, pero las dejaremos para otro día), entonces eres un bicho raro. No eres el patito feo, y puede que otros tampoco vean en ti al cisne del cuento, pero para mí mereces la pena.